Apsara

CAPÍTULO 56

Fingí haber contraído alguna intoxicación para no presentarme en la cena. Gretta se pasó en su camino al comedor con una taza humeante llena de algún té herbal que me ayudaría, haciéndome sentir culpable por lanzar aquella mentira en primer lugar. Pero no lo suficientemente culpable como para obligarme a unirme a todas esas personas.

A enfrentar a Mason y sus afiladas palabras.

No habíamos hablado mucho más después de eso. Regresamos a la abadía en silencio, dejando que los feroces resoplidos del viento gélido llenaran los espacios vacíos entre nosotros. Una tormenta se avecinaba.

Sentía que ya se encontraba relampagueando en mi interior.

Alguien tuvo que decirle al Concejo. Alguien me traicionó.

Y al parecer todo apuntaba a él.

Alec.

Me giré en mi camastro, clavando mi mirada en el cielorraso de madera oscura, conté las vetas y nudos que encontraba en aquel material hasta que sentí que mis ojos protestaban por el cansancio. Hasta que no pude obligarme a pensar en nada más.

Estaba cediendo al fin a los hilos del sueño cuando mi camastro gimió bajo un nuevo peso.

—¿Estás despierta?

No abrí los ojos. Preguntándome si continuaba igualando mi respiración él simplemente tomaría la indirecta y se dirigiría a su propio camastro.

—Sé que no estás dormida, Marin.

Quise gruñir.

—Entonces, ¿por qué preguntas?

Podía escuchar la diversión en su voz en las siguientes palabras.

—Te traje un obsequio. Es mi disculpa por haber sido un idiota.

Abrí un ojo cuando un aroma horneado alcanzó mi nariz, reconocía aquel perfume dulce, manzana y canela. Las tartas de manzana.

Mi estómago eligió ese momento para rebelarse, gruñendo en protesta ante la rebanada de tarta en manos de Mason.

Me incorporé, renunciando a la farsa e ignorando su sonrisa de superioridad mientras le arrebataba la ofrenda de paz de sus manos. Ni siquiera pude contenerme de saborear descaradamente el delicioso postre.

—De nada —murmuró, regresando a su propio camastro, pero todavía con su atención pensativa en mí.

Terminé de comer demasiado pronto, sin nada más que hacer no tenía más excusa que enfrentarme a él.

—Gracias —dije al fin, la guerra abandonando mi organismo demasiado contento por la dosis de azúcar —y no necesitabas disculparte. No dijiste nada que no supiera.

—Eso todavía no quiere decir que estuvo bien que lo dijera. No me correspondía.

Asentí, jugando con los hilos de mi manta.

—Creo que podemos hacerlo —dije, sorprendiéndonos a ambos —esconder a Gretta y Morgan. Y buscar a Tammen. Tú y yo. Podemos intentarlo. Tenemos que intentarlo. Tenías razón cuando dijiste que todo esto era mucho más grande que nosotros. Necesitamos ayuda y quizás…

Él lo entendió.

—Descansa —susurró, estirándose para apagar la simple lámpara amarillenta, dejándonos en la oscuridad —hablaremos con Gretta por la mañana y decidiremos a dónde ir primero. Estaremos bien.

—¿Porque estaremos juntos? —bromeé, sin bromear realmente.

Sentí su sonrisa en la oscura habitación.

—Porque estaremos juntos.

Algo me despertó. Me sorprendió escuchar el rugido de la lluvia azotando el tejado, no había notado el comienzo de la lluvia. Y no era eso lo que había perturbado mi sueño.

El sonido se repitió. Esta vez oyéndose mucho más cerca.

—¿Qué está sucediendo?

La voz somnolienta de Mason me asustó, vislumbré su figura incorporándose en su camastro, sentándose para descubrir lo que me mantenía despierta.

—¿No lo escuchas? —susurré.

Iba a sentirme demasiado estúpida si me había despertado otro fantasma.

Antes de que Mason pudiera responder, el sonido se repitió, esta vez seguido del inconfundible estruendo de un portazo. Me tomó otro segundo identificar lo que estaba escuchando.

—¿Son…pasos?

Mason no respondió, pero sabía que también lo había oído. Sin dudar se lanzó fuera de la cama, alistándose rápidamente como los años de servir a la Academia le habían instruido. Seguí su ejemplo, calzándome mis botas mientras buscaba la reconfortante sensación del metal, me aferré a la navaja de Gretta; decidiendo a último momento esconderla en el interior de mi bota.

Un minuto después nos encontrábamos fuera de la habitación.

El pasillo se hallaba silencioso, la paz sólo interrumpida por el golpeteo de la lluvia, y algún que otro relámpago lejano. Estudiamos ambos lados, decidiendo que el sonido provenía del salón, fuera del área de dormitorios.

Estábamos saliendo del pasillo hacia el amplio recinto, cuando una de las puertas se abrió, sorprendiéndonos.

Una pareja de novicias se encontraba allí, mirando hacia el interior de la habitación, no recordaba sus nombres, pero las había visto en las comidas, había compartido tareas con ambas. Ninguna pareció reconocer nuestra presencia mientras miraba hacia los camastros ocupados, observamos confundidos como se acercaban y descubrían los rostros de las personas durmiendo. No pasó mucho tiempo antes de que éstas también despertaran, uniéndose a ellas en la búsqueda de lo que fuera que estuvieran buscando.



#13351 en Fantasía
#5217 en Joven Adulto

En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.