Mason tomó mi mano y me guio a través del pasillo, poniendo toda la distancia posible entre nosotros y las personas hipnotizadas que se acercaban rápidamente. Las sonrisas siniestras aún es sus dormidos rostros.
Realmente esperaba no tener que golpear a ninguna monjita.
Mason pareció pensar lo mismo mientras nos empujaba a la cocina, cerrando la puerta tras nosotros y añadiendo un viejo armario para crear resistencia. Sabíamos que ninguna de ellas lograría abrir esa puerta mientras el obstáculo siguiera allí, pero no era ellas quienes nos preocupaban precisamente.
—¿Qué tan lejos crees que están?
Mason no abandonó en ningún momento su tarea, buscando por toda la habitación, lanzando posibles armas sobre la encimera. Seguí su ejemplo, dirigiéndome hacia los cuchillos e intentando unirlos a mi cinturón. Esperaba no terminar apuñalándome a mí misma en el proceso.
—Si pueden jugar con sus mentes de esa forma —dijo Mason, señalando con un gesto hacia la puerta bloqueada, hacia las monjas hipnotizadas en el pasillo —deben estar cerca. Quizás un kilómetro o algo así. Dos si tenemos suerte.
No me sentía con mucha suerte ahora mismo.
—Tenemos que encontrar a Gretta y… —no me atrevía a decir su nombre. No cuando la Academia estaba posiblemente detrás de esa puerta —¿crees que tiene su escudo en alto?
No sabía si Gretta había seguido practicando mientras estuvo fuera, no le había preguntado sobre sus habilidades desde que abandonó la Academia. Quería patearme a mí misma en este momento por no haber sido más precavida.
—Aunque lo hiciera —dijo Mason, estudiando un mazo metálico con el que había visto a varias hermanas ablandar la carne —dudo que los tristes ejercicios de bloqueo de un médium puedan contra las habilidades de un dreamwalker entrenado.
Yo también lo dudaba.
—Lo sé —suspiré, renunciando a unir más cuchillos a mi cuerpo, tres tendrían que valerme —. Es por eso que uno de nosotros tiene que ir por ella.
Mason se detuvo abruptamente, estaba de espaldas a mí y pude notar el momento exacto en que lo que intentaba decir se colaba por su cerebro. Su ancha espalda se tensó mientras comenzaba.
—Marin…
No había tiempo para esto.
—Mason, ellos me están buscando. Sabes que soy la perfecta distracción ahora mismo. Y puedo cargarme a más de uno en el proceso, no voy a rendirme sin luchar. Te lo prometo.
—Yo también puedo cargarme a más de uno. Créeme.
La oscuridad envolvió su voz. Sabía que podía. Como hijo de una deidad tan sanguinaria como lo era Laecus, Mason tenía habilidades en la lucha…en el arte de matar. Pero también había oscuridad, demasiada, en el uso de su poder. Lo había visto luchar con esa oscuridad a lo largo de los años. Eso lo había llevado a abandonar las misiones de campo y recluirse en la Academia como un simple guardia.
Y eran esas habilidades las que lo volvían el perfecto protector de Gretta y Morgan ahora mismo. No quería obligarlo a matar indiscriminadamente, perdiéndose en esa oscuridad de la que tanto tiempo escapó, prefería que se mantuviera al margen, velando por ellos.
—No discutas conmigo ahora mismo, Mason —dije, endureciendo mi voz —Te necesito cuerdo. Te necesitamos siendo tú mismo. No puedes prometerme eso una vez que…comiences y lo sabes.
Su mandíbula se endureció mientras desviaba la mirada, buscando cualquier punto de la habitación con tal de no encontrarse conmigo.
—Nadie puede protegerlos mejor que tú —susurré amablemente —. Recuerda lo que dijiste antes, esto es más grande que tú o yo. Esto es mucho más grande, Mason.
Lanzó un gruñido enfurecido, rivalizando con cualquiera de los truenos rompiendo el cielo nocturno allá afuera, y me atrajo a sus brazos. Tuve que maniobrar cuidadosamente para que ninguno acabara siendo apuñalado por mis armas improvisadas mientras le devolvía el abrazo.
—Ten mucho cuidado, cariño.
Luché contra las lágrimas, mis brazos apretándolo con más fuerzas. Todo en mi interior me gritaba que no lo soltara, que no lo dejara ir.
—Tú también. Recuerda que estamos juntos en esto. No te preocupes por mí, te encontraré.
Asintió, hundiendo su cabeza en la cima de mi cabeza. Sentí el fantasma de un beso siendo depositado allí.
—Si ves a… prométeme que golpearas primero y te arrepentirás después.
Cerré mis ojos con fuerza, obligándome a asentir.
—Lo prometo.
Dejamos que el abrazo durara dos segundos más del que debíamos. Tiempo que ya no teníamos. Entonces nos alejamos el uno del otro, un sentimiento pesado instalándose en mi pecho, sembrando mis pies en mi lugar como si me fuese imposible moverme. Él tenía que irse primero. Yo no podría apartarme de él.
Mason lo comprendió, fingiendo una de sus tontas sonrisas coquetas mientras volvía a sostener el mazo en sus manos, lanzándome un guiño mientras se dirigía a la puerta que conducía al exterior.
Se detuvo un momento al llegar allí, lanzándome una última sonrisa sobre su hombro.
—Te veré después.