Apsara

CAPÍTULO 59

No hizo ademán de acercarse, todavía luciendo relajado, de pie en el vano vacío. Su cabello colorido se pegaba a su cabeza, debido a la lluvia del exterior, el aspecto desaliñado sólo haciéndolo lucir más atractivo. Ese molesto hoyuelo en su mejilla izquierda hizo su aparición, su sonrisa divertida ampliándose.

—Siempre supe que querías un pedazo de mí.

Ignoré su burla mientras me estiraba hacia el cadáver a mis pies, mi mano cerrándose alrededor del mango del cuchillo que seguía clavado en el ojo de Quin. Park hizo un sonido de disgusto.

—Haznos un favor a ambos y deja eso allí. Quiero vomitar sólo al contemplar esa escena. No queremos un ojo suelto rodando fuera de su cráneo.

No quité mi mano, no importaba si tampoco tenía muchas ganas de lidiar con su globo ocular ahora mismo.

—Necesitaré un arma. Supongo que no me dejarás marchar tranquilamente.

Park rio divertido.

—¿Por qué haría eso?

Estiré el cuchillo, ofreció un poco de resistencia, pero finalmente cedió. El ojo no cayó de su cabeza, en su lugar el globo estalló, sangre y la sustancia gelatinosa escapando de la cuenca vacía.

Dioses, esto era asqueroso.

Park hizo una mueca de asco mientras observaba la escena. Me tomó un segundo recordar sus palabras.

—No lo sé, ¿por los viejos tiempos?

Inclinó su cabeza, observándome con curiosidad.

—Realmente me gustabas, Marin. Lo digo en serio. Pero el deber es el deber. Tú deberías saberlo.

—¿Yo?

Asintió, paseándose dentro del lugar, examinando los restos destrozados de la lucha.

—Te encuentras con una deidad que dices no conocer, pero es esa misma deidad la que te recluta como comandante para su primera misión, incluso si no has jurado lealtad. No permite que reveles detalles de esta misión a tu Concejo. Y es la misma deidad que se aparece después de que hayas huido de tu juicio, exigiendo conocer tu paradero y amenazando con reducir toda la Academia hasta sus cimientos si no le damos lo que pide. A ti.

¿Tammen estaba buscándome? ¿Por qué?

—Eso mismo me pregunto yo, Marin —Park se detuvo a unos pocos metros, leyendo mi duda interna —¿Por qué? ¿Quién es esa deidad para ti? Ni siquiera Fairfax me lo dirá, tengo que admitir que la intriga me está matando.

El aire se atascó en mi pecho.

—Fuiste tú —susurré.

Park me estudió curiosamente.

—Tú hablaste con Fairfax. Me traicionaste.

Park suspiró.

—Marin —dijo aburrido —creo que dejamos en claro que tu lealtad nunca estuvo con nosotros realmente, ¿cómo podría haberte traicionado? Nunca fuiste de los nuestros.

Sus frías palabras se sintieron como una bofetada. La falsa lástima adornó su rostro mientras daba otro paso más cerca, deteniéndose a poco más de un metro.

—¿Por qué sigues engañándote así? Siempre fuiste una de ellos.

¿Ellos? Quería preguntar, pero Park se me adelantó.

—Entra.

Su orden carecía del borde burlón con el que siempre parecía hablar, en su lugar la simple palabra filosa escapó de su boca mientras miraba hacia la puerta todavía abierta. Una delgada figura temblando empapada atravesó el umbral. Su piel tan pálida que parecía brillar en la oscuridad.

Gretta.

Apreté el cuchillo en mi mano, esforzándome por no pensar en Morgan. No podía pensar en él en presencia de Park. Ni siquiera, aunque la necesidad por saber dónde se encontraba amenazaba con ahogarme.

Fue otra pregunta la que escapó de mi boca.

—¿Dónde está Mason?

El rostro fantasmal de Gretta se arrugó mientras rompía en llanto. Los sollozos silenciosos no eran la respuesta que necesitaba ahora mismo.

—No te preocupes, Marin —tarareó Park —. Tu amigo está…ocupado, en este momento. Ahora, yo tengo una pregunta más importante, ¿dónde está el niño?

Dejé de respirar.

Gretta seguía llorando silenciosamente a poca distancia, los temblores sacudiendo su delgado cuerpo, la lluvia oscureciendo su cabello empalideciendo aún más su apariencia.

—¿Qué niño?

Park lanzó un suspiro molesto mientras caminaba rápidamente hacia Gretta, no lo vi venir mientras lanzaba un golpe a su estómago, doblando su cuerpo a la mitad mientras alcanzaba su barbilla, forzando su mirada a su rostro.

—¿Dónde está tu hijo?

Gretta luchó por recuperar el aliento tras el golpe, la expresión de dolor interrumpiendo su llanto.

—No…yo no…

Park no esperó a que terminara, lanzó otro golpe, esta vez a su cabeza. Gretta cayó al suelo con un ruido sordo. No se levantó.

La furia hervía a fuego lento en mi estómago. Sólo aparte la mirada cuando noté la lenta respiración sacudiendo el cuerpo en el suelo. Park regresó toda su atención a mí.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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