Apsara

CAPÍTULO 65

Contemplé horrorizada la cadena que sujetaba mi tobillo. Estaba segura que Fairfax no intentaba asustarme en vano con aquellas macabras palabras. No había negado en ningún momento que el único material capaz de inhabilitar mi poder no era otro sino los huesos de una deidad, pero el hecho de que esa deidad fuese…

Mi padre.

No importaba no haberle conocido jamás. Ni siquiera conocer su nombre o cual era la naturaleza de su magia. Nada de eso tenía importancia cuando lo único que sabes es que el responsable de tu existencia, sus restos, te mantienen cautiva en este lugar.

Las náuseas treparon por mi garganta, sin importar que mi estómago se sentía vacío. No recordaba la última vez que comí.

Quizás eso fuera una bendición.

Presentía que de haber tenido algo sólido en mi estómago, no me hubiese podido contener de vomitar aquel sentimiento nauseabundo fuera de mí.

La médium, Janet, no se inmutó por mi evidente perturbación. Tan silenciosa como había estado desde que llegó a este lugar acompañada de Fairfax, se acercó a mi camastro, alzando una de sus pálidas y escuálidas manos hasta alcanzar mi frente.

Temblé ante la sensación de aquella piel tan helada. El sudor acarició mis sienes mientras esa mirada moribunda se encontraba con la mía, manteniéndome cautiva.

No tenía escapatoria.

—Se cree erróneamente que el poder de los médiums se limita a la muerte —su voz no demostraba emoción alguna. Se sentía como ver su mirada vacía —. Pero la esencia de los mortales radica en la muerte misma. No son más que sacos de carnes con fecha de caducidad, desde el momento en que nacen, todo lo que experimenten a partir de entonces, estará regido dentro de las normas de la muerte.

Su mano masajeó mi frente, recorriendo de lado a lado toda la extensión de piel descubierta ya que no contaba con la protección de mi velo. Su mirada vacía bajó a mi cicatriz, el interés brillando y desapareciendo tan rápidamente en aquellos ojos sin emociones, que creí haberlo imaginado.

Su voz me alcanzó nuevamente.

—Nuestro poder también nos permite controlar aspectos de esta mortalidad, aunque se requiera de mucha formación, e incluso con eso no todos los médiums alcanzan el nivel necesario de concentración para lograrlo.

Pensé en Park, que podía adentrarse en las mentes de todos, incluso a través de los escudos. O Fairfax, y la manera en que me manipuló en aquella celda, obligándome a declararme culpable a pesar de ser inocente. La mirada vacía de esta médium me aseguraba que era única a su propia manera.

—La muerte domina casi todos los aspectos de la vida de un mortal. Cada aspecto que toca es una herramienta de la que podemos apropiarnos, un oficio del cual nos volvemos aprendices. He aprendido desde siempre el mío.

Los dedos que masajeaban mi frente hicieron más presión con cada pasada, hasta el punto de volverse doloroso. Intenté echar mi cabeza hacia atrás, fuera de su agarre, pero la otra mano rápidamente alcanzó mi barbilla; manteniéndome prisionera de aquella tortura.

—La primera vez que lo probé en una persona, fue con mi hermana pequeña. Era una niña muy ruidosa, siempre perturbando mi paz. Fantaseé con una idea muy sencilla, el silencio. Sólo necesitaba que la molesta niña guardara silencio —su rostro se inclinó todavía más cerca, ya ni siquiera conseguía un vistazo de la habitación detrás de ella —. No lo supe en su momento, lo que hacía, pero lo comprendí más tarde. Sólo unas palabras ordenando una acción, y el deseo detrás de aquella orden. Tan sólo eso bastó para que mi dulce y molesta hermanita un día dejara de hablar.

La desesperación batalló con el miedo que me obstruía el pecho. No importaba cuánto me retorciera intentando escapar, su agarré sólo crecía más y más, perforando aquellos dedos en mi barbilla mientras la otra mano masajeaba de manera dolorosa mi frente maltratada.

—Más tarde comprendí que la muerte también tiene su dominio en los recuerdos. La memoria se encuentra tan afectada por este aspecto como la carne misma. Las personas que juraron ver su vida pasar frente a sus ojos al encontrarse cerca de la muerte, es curioso. La memoria representa en sí misma toda nuestra existencia. Quienes somos, lo que aprendimos, lo que vivimos. Es fascinante.

Un lamento escapó cuando la tortura en mi frente se volvió intolerable, sentía el dolor esparciéndose por el resto de mi cabeza, protestando a gritos por un descanso.

—Así que matar tus recuerdos…puede considerarse una forma de matarte a ti, ¿no lo crees?

Todo lo que podía ver frente a mí era esa mirada profunda y vacía.

Todo lo que podía escuchar era esa voz carente de emociones.

—Marin Blackthorn —esa voz se intensificó sutilmente, demostrando alteración por primera vez —, quien eres, quien has sido hasta ahora; lo olvidarás —gruñí intentando apagar el sonido de su voz en mis oídos, pero aquella mano que me mantenía cautiva bajó con gran velocidad para apresar mi garganta —los pensamientos que tuviste, las emociones que sentiste alguna vez; no recordarás ninguna —la mano en mi garganta presionaba sutilmente con cada una de sus palabras hipnotizantes, mi cabeza latía ferozmente —. A partir de este momento, borrarás todo tu pasado, incluso este presente que pronto se volverá un recuerdo. Cuando vuelvas a despertar, ya no serás esta persona.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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