Apsara

EPILOGO

Una lenta melodía escapaba de la tienda vacía. La dependienta tarareó al suave ritmo de la música mientras ordenaba los vestidos que las clientas anteriores habían dejado en los probadores. El baile de graduación se acercaba y las visitas se incrementaban conforme la fecha se avecinaba.

Todos en Coven Hills sabían que Morgana tenía los mejores vestidos.

La puerta se abrió, dejando pasar el bullicio de la calle transitada un momento antes de que volviera a silenciarse al cerrarse. La dependienta no necesitó voltear para saber que no era un cliente.

—¿Dónde está?

Una lenta sonrisa dividió el hermoso rostro de la mujer. La cicatriz en su rostro pronunciándose con el gesto. Esperó hasta acomodar el último vestido en sus manos antes de girarse al recién llegado.

El primal de la vida.

La sonrisa en los labios de la mujer se volvió burlona ante el pensamiento. El recién llegado no se inmutó ante la evidente diversión de la dependienta, en su lugar avanzó lentamente su figura engullendo la imagen más pequeña de la mujer mientras la acechaba peligrosamente.

El miedo nunca alcanzó a Morgana.

—Tendrás que ser más específico.

La mandíbula masculina se tensó, el poder relampagueando furiosamente tras la mirada plateada.

—Sabes a quien estoy buscando. Sabes que vendría aquí.

Morgana no lo negó. Lo sabía. Lo había estado esperando.

—Y tú sabes que no se nos permite intervenir.

Ni a ella. Ni a sus hermanas.

La deidad observó la cicatriz en su rostro con intención. Morgana no se molestó en ocultar la marca. La llevaba con orgullo. Pocas cosas le inspiraban algo tan mundano como el orgullo en alguien como ella. Esperó pacientemente a que la inspección de la deidad terminara.

—Lo hiciste. Lo hicieron. Hace veinte años. Intervinieron.

Lo habían hecho. Se habían ganado sus marcas esa noche tormentosa.

La mujer se encogió de hombros.

—Teníamos una deuda de vida que pagar.

La plata brilló mientras la deidad perdía la paciencia, y se acercaba, envolviendo una gran mano en la delicada garganta femenina.

—Te olvidas cuál es tu lugar —murmuró mortalmente, presionando un poco la tersa piel, sin lograr lastimarla del todo —, Moira.

La sonrisa de Morgana creció, la diversión brotando de cada una de sus palabras mientras el agarre de la deidad se relajaba.

Niño tonto.

—Y tú te olvidas de quien eres realmente —acercó su rostro al suyo hasta susurrar la última parte —, usurpador.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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