Apuesta Mortal.

II- El Primer Asesinato.

_“Cada asesinato es un eco del pasado que nunca se olvida.”_

Ya estaba en la puerta colocando la cerradura cuando mi móvil vibró en el bolsillo de mi pantalón. A duras penas, logré cazarlo a tiempo con mis dedos; la pistola de reglamento enfundada junto al mismo bolsillo me hizo más difícil la tarea. No hizo falta ver la pantalla para saber que se trataba de mi jefe: él era el único que se atrevería a llamarme, y más a esa hora de la mañana.

—Habla Moretti. — Mi voz sonó más dura de lo que habría deseado, pero aún intentaba tragar el sabor amargo de antes.

—Alessandra, espero no haberte despertado —sabía que no era así, pero creo que lo decía más por protocolo que por sentirlo realmente—. Pero la verdad, se me hizo imposible no llamarte.

—Lo entiendo, señor, y no, no dormía. — Se me escapó un gruñido porque aún estaba luchando con la cerradura para trancar la puerta, y hasta el momento, lo único realmente trancado era la llave.

—Hay un nuevo caso, y necesito que te dirijas a la escena de inmediato. Un asesinato en la Calle 22, parece un ajuste de cuentas. La víctima es un varón de unos 30 años, identificado como Marco Bellini. Necesito tu experiencia en esto, ya que parece que puede haber implicaciones con la mafia. — La voz de mi jefe era profesional, pero podía detectar la urgencia en su tono.

Mi corazón se aceleró al escuchar las palabras “ajuste de cuentas” y “mafia”. Me quedé helada por un momento, pero rápidamente me obligué a enfocarme. La adrenalina comenzó a correr por mis venas, y supe que debía mantener la calma.

Finalmente, logré sacar la llave y dejar la puerta trancada. Salí del edificio con rapidez, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre mis hombros. Mi corazón latía con fuerza mientras pensaba en lo que significaba este caso. Al llegar a mi auto, un Maserati GranTurismo de color azul morado en estilo camaleón brillante y líneas aerodinámicas, eché un último vistazo en busca de Luca. El coche destacaba por su diseño elegante y deportivo, con llantas de aleación y un interior de cuero que combinaba confort y lujo. Por supuesto, había sido un regalo de cumpleaños de mi padre. Sentí un breve momento de orgullo al verlo, ya que reflejaba tanto mi fuerza como mi feminidad.

Luca se movía lentamente, inspeccionando los alrededores con atención. Me sentí un poco más tranquila sabiendo que él estaba allí, vigilándome. Aunque la distancia entre nosotros crecía cada vez más, su presencia seguía siendo un consuelo.

Me subí al Maserati y encendí el motor, sintiendo la potencia bajo mis manos. Miré hacia atrás una última vez y vi a Luca, quien se aseguró de que todo estuviera en orden antes de seguirme con la mirada mientras me iba. Sentí una punzada de tristeza al darme cuenta de lo mucho que había cambiado nuestra relación.

Con un suspiro, me dirigí hacia la escena del crimen, dejando atrás a Luca y enfrentándome a los fantasmas del pasado que nunca parecían desaparecer.

El tránsito matutino en Las Vegas generalmente no era muy denso; la mayoría de los turistas e incluso los residentes permanentes de la gran ciudad, aún continuaban su fiesta dentro de los casinos y discotecas del lugar. O quizá solo fuera por lo temprano que me había levantado, pero de cualquier forma, sabía que más cerca al mediodía las calles estarían atiborradas de vehículos yendo en todas direcciones.

Al llegar a la escena del crimen, varias cosas ocurrieron a la vez. Mi excompañero Dani, que había regresado de sus vacaciones, me ignoró deliberadamente. No podía creer lo infantil que era, solo porque había rechazado sus constantes y desagradables peticiones para salir. Era un ambiente hostil, y todo porque mi padre era el jefe de uno de los grupos de la mafia más notorios de la ciudad. Aunque yo no tenía nada que ver con sus actividades, mis compañeros de trabajo me trataban con desprecio.

Pasé por el cordón policial y vi a varios colegas que murmuraban entre ellos, lanzándome miradas desdeñosas. Uno de ellos, Thomas, hizo un comentario sarcástico en voz baja que pude escuchar claramente:

—Miren quién llegó, la hija del jefe. Seguro sabe más de esto que nosotros, ¿no?

Apreté los dientes y seguí adelante, tratando de no dejar que sus palabras me afectaran.

La escena del crimen era un espectáculo desolador. El cuerpo de Marco Bellini yacía en el suelo, rodeado de marcas de tiza, con una mancha de sangre que se extendía desde su cabeza y otros puntos del cuerpo hasta una alcantarilla cercana. Había huellas de pisadas y varios objetos personales dispersos alrededor. Era evidente que había habido una lucha.

La doctora Marisol Vargas, la forense de la escena y mi única aliada en el departamento, estaba ya en el lugar, examinando el cuerpo con su acostumbrada meticulosidad. Marisol era mi única aliada en este ambiente tóxico. Teníamos una especie de amistad extraña, basada en el respeto mutuo y la comprensión de que ambas éramos forasteras en un entorno hostil.

Marisol se levantó al verme y me hizo una señal para que me acercara.

—Alessandra, esto es lo que tenemos hasta ahora —dijo en voz baja, pero lo suficientemente clara para que entendiera—. El tiempo de muerte es aproximadamente a las 2:00 a.m. La causa probable es una serie de heridas de arma blanca. Las heridas son profundas y precisas, lo que sugiere que el atacante tenía experiencia. La posición del cuerpo y las marcas sugieren que hubo una lucha intensa antes de que sucumbiera a sus heridas.

Asentí, absorbiendo toda la información mientras examinaba el entorno con la mirada.

—¿Alguna pista sobre el agresor? —pregunté, sabiendo que era temprano para tener respuestas definitivas.

Marisol negó con la cabeza, su expresión se tornó más sombría.

—Aún es temprano para sacar conclusiones definitivas, pero hay algunos indicios que apuntan a un ajuste de cuentas. Encontré algunas huellas parciales cerca del cuerpo, pero necesitamos más tiempo para analizarlas.




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