Apuesta Mortal.

V- Tregua Frágil.

_“En el filo entre el pasado y el presente, dos corazones heridos se ven obligados a forjar una alianza en busca de la verdad.”_

Alessandra.

En cuanto el Capitán terminó de leer el expediente y ponernos al corriente, salí disparada de la oficina sin dar explicaciones. La reaparición de Ethan había revuelto todas mis emociones y necesitaba un momento para recomponerme. Me dirigí directamente al baño, buscando un respiro y un lugar para refrescarme el rostro.

Al llegar, me apoyé en el lavabo, inclinándome hacia el espejo para dejar que el agua fría me ayudara a disipar el sonrojo que sentía en mis mejillas. Con el rostro aún húmedo, levanté la mirada hacia mi reflejo, enfrentándome a mis propios ojos verdes y lamentablemente, demasiado expresivos.

—¿Qué te pasa, Alessandra? —me dije a mí misma, mi voz resonando en el espacio vacío—. Actuaste como una niña asustada frente a él. Deberías haber mantenido la calma, no dejar que te afectara así.

El recuerdo del sudor en mis manos mientras estrechaba la de Ethan y su leve sonrisa al notarlo, me inundaba de vergüenza. Comencé a autocriticarme por la forma infantil en la que había actuado.

—Te prometiste que si algún día volvían a encontrarse, esto no te afectaría, que podrías manejarlo —continué, mi voz más firme, pero aún llena de autocrítica—. Tienes que mantener la profesionalidad, no dejar que te domine el corazón. Tienes un trabajo que hacer y debes hacerlo bien, sin distracciones.

De repente, el sonido de la cisterna tirando interrumpió mi monólogo. Una oficial salió del último cubículo del baño y me miró de forma extraña, como si estuviera loca. Era una mujer morena, alta y bonita, con una presencia imponente.

Fingí intentar quitarme una mancha de las manos mientras la oficial se lavaba las suyas. La incomodidad de la situación me hacía sentir aún más avergonzada. Cuando la mujer finalmente salió del baño, suspiré aliviada.

—Muy bien, Alessandra —me dije a mi reflejo, retomando el hilo de mi monólogo—. Tienes que dejar de actuar como una niña asustada. Esta vez tu mente tomará el control de la situación, no tu corazón. Puedes hacerlo, eres fuerte y capaz.

Me peiné rápidamente, reacomodando los mechones rebeldes de mi cabello pelirrojo. Tomé aire profundamente y lo solté, sintiendo cómo mi determinación crecía. Me di ánimo antes de salir del baño, lista para enfrentar la realidad con una mente clara y enfocada.

—Vamos, tú puedes —murmuré antes de abrir la puerta del baño y regresar al ruido de la estación.

Con cada paso que daba, me sentía más segura de mí misma. Sabía que trabajar junto a Ethan no sería fácil, pero estaba decidida a no dejar que el pasado me dominara. Era hora de demostrar mi valía y enfocarme en resolver el caso, dejando las emociones personales de lado.

Cuando salí del pasillo de los baños, me encontré con Ethan parado de espaldas a mí. Su pie izquierdo subía y bajaba con impaciencia, una costumbre suya que recordaba bien. Siempre estaba apurado, siempre en movimiento. Me aclaré la garganta y de inmediato obtuve toda su atención. Sus ojos grises se clavaron en los míos, y sentí una punzada de emociones que intenté suprimir.

—Sr. Blackwood, si lo desea, puede acompañarme hasta mi oficina. Allí lo pondré al tanto de los casos que le precedieron al de hoy —dije, tratando de mantener mi voz firme y neutral.

Sin esperar respuesta, emprendí el camino a la oficina sin detenerme a verificar si me seguía o no. Sabía que lo hacía. ¿Cómo? Porque leía la lujuria y el deseo en los ojos de mis colegas cuando pasábamos frente a ellas. Y estaba más que segura de que no era debido a mí.

Al llegar a mi oficina, abrí la puerta y dejé que Ethan entrara primero. Observó todo con lujo de detalles, sus ojos recorriendo cada rincón de la habitación. Me di cuenta de que su meticulosidad no había cambiado en absoluto; seguía siendo tan observador como siempre.

Cerré la puerta detrás de nosotros, creando un espacio íntimo y cerrado. Ethan se aclaró la garganta antes de hablar.

—A pesar de los años, no has cambiado nada —dijo, su voz suave pero firme.

Me voltee a verlo, elevando una ceja y mirándolo con indignación.

—¿Ah, sí? Pues creí que no me conocías, porque es así como actuaste frente al capitán —repliqué, tratando de mantener la compostura y la frialdad.

Acto seguido, me dirigí al fichero y comencé a explicarle cómo tenía organizadas las pistas de los casos anteriores.

—Aquí tengo todo ordenado por fechas y categorías. Cada caso está detallado con sus respectivos avances y posibles conexiones —dije, abriendo uno de los cajones y mostrando los archivos.

Ethan suspiró, y su voz se llenó de una sinceridad que me desarmó.

—Lo siento, Alessandra. Actué así porque creí que era lo mejor.

Su disculpa solo logró molestarme más. Decidí ignorarlo y continuar con mi explicación, enfocándome en lo que realmente importaba: el trabajo.

—Como te decía, estos son los casos anteriores. Necesitamos analizarlos detenidamente para encontrar cualquier patrón o conexión que nos ayude a resolver el actual —dije, tratando de mantener mi voz profesional y evitar que mis emociones se filtraran.

El ambiente en la oficina estaba cargado de tensión y emociones reprimidas. Cada palabra que intercambiábamos parecía estar impregnada de nuestro pasado compartido. Mientras hablaba, intentaba mantener mi voz firme y profesional, pero no podía evitar que mi corazón se acelerara cada vez que nuestros ojos se encontraban.

Pasamos dos horas leyendo documentos en un doloroso silencio, pero agradecía tener un caso tan importante para resolver ya que me ayudaba a distraer la mente. En contados deslices, mis ojos se desviaron en dirección a Ethan buscándolo, quería verlo, pero en cuanto me daba cuenta me regañaba internamente y regresaba mis ojos a la carpeta.




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