Aquel año en Pisco

PROLOGO

Siempre creí que las casualidades eran cosas que simplemente pasaban, sin explicación, sin aviso.

Hoy me doy cuenta de que llamamos casualidad a aquello que no sabemos cómo entender.

Me tomó tiempo aceptar que algunas personas no llegan por accidente.

Llegan cuando estamos listos para dejar de pedir permiso para existir.

Tú apareciste en un momento en el que todavía estaba intentando ser suficiente para los demás,

cuando mi corazón aún se escondía tras miedos y silencios.

Y, sin hacer demasiado ruido, me enseñaste algo que nadie antes había logrado:

que no necesitaba aprobación… solo necesitaba ser yo.

Pensé que haberte conocido había sido una coincidencia.

Ahora sé que fue más bien una pausa del universo,

como si todo hubiera esperado el segundo exacto en que yo pudiera mirarte sin miedo.

No duró lo suficiente como para llamarlo eterno.

Pero sí lo suficiente como para cambiarme.

Y aunque no fue un “para siempre”, fue lo bastante real como para dejar huella.

Lo bastante real como para que, incluso ahora, algo dentro de mí siga creciendo.

A veces cierro los ojos y vuelvo a ese instante,

al sonido de tu risa, a tus ojos que parecían guardar un mundo entero,

y recuerdo que hay encuentros que marcan la vida,

aunque el tiempo y la distancia intenten borrarlos.

Y es en esos recuerdos donde nace esta historia:

la historia de un año, un lugar, y un amor que nunca olvidé.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.