Aquella Noche

Ecos

Con el corazón agitado, manos temblorosas, y ya por mucho, sin sentir sus tacones golpear el pavimento al andar, Mary toma el camino a casa como si sus pies se movieran al son de lo que martilla en su pecho.
Sus piernas dejan de correr sin que ella lo note. De pronto, está frente a la puerta de su casa. Casi de inmediato, no sabe cómo, pero ya está en la sala. Sin más, deja caer su cuerpo casi desplomado sobre el sofá, cierra los ojos por un momento y se rinde antes de que pueda darse cuenta; para ella, su cuerpo ya no soporta un delirio más.

El estruendo de sus propios pulmones luchando por aire se va transformando lentamente, hasta convertirse en el silbido distante de una tetera, deformado por el sueño profundo que apenas comienza a soltarla. Entreabriendo los ojos, se percata de que ya no hay paredes que se estiran ni letreros de metal chirriando bajo el viento. Hay olor a pan tostado y el roce de unos dedos ásperos pero gentiles que le apartan el cabello de la frente.

—Te quedaste dormida en el sofá otra vez, Mary —susurra una voz que ella conoce mejor que la suya—. Despierta, te traje un té.

Ella no abre los ojos de inmediato; esta voz la atraviesa, vibra en su pecho y hace que el mundo entero se reduzca a un único instante, ese tono; quiere retener esa vibración en su ser. Es Rick, su esposo. Puede sentir el peso de su cuerpo a su lado hundiéndose en el sofá, el aroma de su perfume, ese olor fresco en la mañana que proviene de quien llena su mundo.

—Rick… —balbucea ella, estirando la mano para tocar su rostro, temiendo que si se mueve demasiado rápido, aquella presencia se desvanezca.

Él se ríe. Una risa corta, real, que le devuelve el alma al cuerpo. Sus ojos se abren de golpe, su mirada se enciende en un instante, y el sueño la abandona por completo. Todo en ese momento es simple y familiar.

—¿Y esa expresión? —le dice él, colocando la taza de té sobre la mesa que hay frente al sofá—. Parece que ves un fantasma.

Mary aprieta los dedos contra la mejilla de él, toca sus brazos con caricias fuertes y apresuradas, se inclina hacia su pecho, huele su camisa: es real, está ahí. Justo en ese momento, el miedo simplemente no cabe allí, se ha desvanecido ante la calidez de su aliento.

—No te vayas —susurra ella, hundiendo el rostro en su cuello y abrazándolo fuerte.

Rick la abraza.
—Tranquila… aquí sigo —susurra, apoyando su mano sobre la de ella—. No voy a irme —le dice con un tono suave, como quien realmente no desea partir.

Mary se siente una vez más segura en sus brazos. Su calor la acoge, sus miedos se disipan. La presión en su pecho cede, como si algo que lleva horas apretándola afloja al fin, tanto que no quiere soltarlo, no quiere dejar de abrazarlo. Allí siente que todos aquellos horrores se alejan; está de nuevo tranquila. Él simplemente sostiene ese abrazo y guarda silencio.

Así pasan un buen tiempo, antes de que Rick rompa el silencio.

—¿Qué quieres para desayunar? —pregunta mientras la suelta de sus brazos—. Hoy te voy a consentir.

Ella no puede pensar en nada, no tiene hambre, solo lo mira y se siente como nunca antes. Su presencia parece deshacer todo el caos y la tensión acumulada durante días enteros en ella; el aire parece más cálido, cada sonido más amable, y una alegría que se introduce por la ventana con la luz del sol la invade, plasmando como evidencia de ello una ligera sonrisa en su rostro.

—Tú ponte cómoda, date una ducha en lo que yo preparo el desayuno —dice y, mirándola, forma un beso con los labios, lo envía en el aire y sonríe mientras continúa dando pasos hacia la cocina.

Ella atrapa aquel beso; más que a su mejilla, lo lleva a su corazón. Le trae paz, sosiego y alivio. Luego se levanta, dirigiéndose a la ducha, disfruta tanto el agua caliente que corre sobre su cuerpo, la sensación de confort que la invade fluye con ella, siente como si el aire estuviera más ligero, se percibe completamente viva. Esa calidez que se expande desde su pecho hasta la garganta dibuja con fuerza, pero a la vez delicadamente, una sonrisa radiante en sus labios; tal es que no la puede contener.

—Mary, ¿estás bien? —pregunta Rick desde afuera—. El desayuno se enfría.

—Dame un minuto, amor, y estoy contigo —responde ella con una voz tan ligera y brillante que parece abrazarlo con sus palabras.

Se apresura a vestirse y salir; ahí está él, sentado al comedor, con sus manos apoyadas sobre la mesa, mirándola con la ternura de siempre, suave y tranquila. Mientras ella se dirige a él, no trae prisa, camina, le da un beso y se sienta a su lado.

—Gracias, cariño, te queda delicioso —le dice Mary mientras come.

—Ayer tuve un día terrible, parecía una pesadilla, ya te extrañaba… Qué bueno que estés aquí —dice ella.

Rick sonríe, como si fuera a decir algo… pero al final solo asiente lentamente.

—Tuve unos sueños muy extraños —mientras ella habla, levanta su mirada y ve por la ventana, al otro lado de la calle, aquella silueta.

Ella sacude la cabeza, cierra los ojos con fuerza y mira de nuevo: no hay nadie.

Lleva un par de minutos hablando, pero nota que Rick no dice una palabra, tampoco prueba su desayuno.

—Cariño, ¿qué tienes? ¿Estás bien?... Ah, sí, qué tonta soy, no te he preguntado cómo estuvo tu viaje. Cuéntame.

Él guarda silencio.
Mary posa su mirada en él: no hay gesto alguno en su expresión, su rostro se ve frío. Justo ahí el semblante de Mary cambia; sus labios tiemblan mientras aún habla, sus ojos se mueven como buscando razones, señales invisibles. Su sonrisa se mantiene durante un instante, y un nudo de duda comienza a formarse en su pecho; la luz de alegría en su rostro vacila, dando paso a la incertidumbre.

—¡Cariño, ¿sucede algo?!

Su silencio es frío. Su cuerpo, antes cálido, comienza a sentirse extrañamente ligero, como si estuviera hecho de humo. Esa cercanía se rompe de golpe; algo no anda bien, se nota un frío que invade la casa. No es brusco; es como cuando algo deja de estar antes de que uno lo note, una brisa que trae consigo aquella sensación a la que Mary quiere a toda costa no regresar jamás.



#2181 en Thriller
#1003 en Misterio

En el texto hay: misterio, thriller, suspenso

Editado: 05.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.