Aquella Rosa Azul
Capitulo 1--El chico del Invernadero
La preparatoria Seika siempre estaba llena de ruido. Los estudiantes caminaban por los pasillos riendo, hablando sobre tareas, deportes o cualquier cosa que pasara por sus cabezas. Era un lugar lleno de vida, pero para Kazu todo ese ruido siempre se sentía demasiado grande. Caminaba con su cuaderno abrazado contra el pecho, intentando no llamar la atención de nadie mientras avanzaba por el pasillo. Su mirada estaba baja, observando el suelo mientras escuchaba las voces de los demás estudiantes a su alrededor.
Era su primer mes en esa preparatoria y todavía no había logrado hacer amigos. No era que no quisiera hablar con los demás, simplemente cada vez que alguien lo miraba sentía que su voz desaparecía y su corazón empezaba a latir demasiado rápido. A veces escuchaba pequeños susurros de otros estudiantes.
—¿Ese es el chico nuevo?
—Sí… el que siempre está solo.
—Dicen que pasa el recreo en el invernadero.
Kazu fingía no escucharlos. No quería problemas, ni atención. Cuando finalmente sonó la campana del recreo, los estudiantes salieron de los salones como una pequeña tormenta de pasos y conversaciones. Algunos corrieron hacia la cafetería, otros hacia el patio. Kazu esperó unos segundos sentado en su lugar hasta que el salón quedó casi vacío.
Entonces se levantó.
Caminó por el pasillo y salió hacia la parte trasera de la escuela, donde casi nadie iba. Allí estaba el pequeño edificio de vidrio que tanto le gustaba: el invernadero. Cuando abrió la puerta, el aroma de las flores lo envolvió inmediatamente. Era un olor suave y calmante que siempre lograba relajar su mente.
Kazu caminó entre las macetas con cuidado, observando las hojas verdes y los pétalos de colores. Algunas plantas necesitaban agua, así que tomó una pequeña regadera y empezó a regarlas lentamente. El sonido del agua cayendo sobre la tierra era suave y tranquilo.
Después de terminar, se sentó en un banco de madera y abrió su cuaderno. Las páginas estaban llenas de dibujos de flores. Algunas eran simples bocetos, otras estaban más detalladas. Dibujar flores era algo que siempre le daba paz.
Pasó varias páginas hasta llegar a su dibujo favorito.
Una rosa azul.
Kazu observó el dibujo en silencio mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.
—Dicen que las rosas azules significan algo imposible…
Su voz era tan suave que casi parecía un susurro.
Desde pequeño había escuchado esa historia. Una flor que representaba algo que parecía demasiado difícil de alcanzar.
Mientras observaba el dibujo, no notó que la puerta del invernadero se abría lentamente.
Un chico alto entró al lugar, secándose el cuello con una toalla. Su uniforme estaba un poco desordenado y su respiración era pesada, como si acabara de terminar un entrenamiento. Era Lion, el capitán del equipo de deportes.
Había llegado allí por casualidad, buscando un lugar tranquilo para descansar un momento.
Cuando vio a Kazu sentado en el banco, dibujando con tanta concentración, se quedó observándolo en silencio durante unos segundos.
Pero cuando dio un paso, el suelo crujió ligeramente.
Kazu levantó la mirada de inmediato.
Sus ojos se abrieron un poco al reconocer quién estaba frente a él.
Lion se detuvo al notar que lo había asustado un poco.
—Lo siento —dijo con voz tranquila—. No sabía que había alguien aquí.
Kazu bajó la mirada rápidamente, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.
—N-no pasa nada…
Lion caminó un poco más dentro del invernadero, mirando las flores con curiosidad. El lugar era muy diferente al campo deportivo donde pasaba casi todo su tiempo. Aquí todo era silencioso y lleno de colores suaves.
Sus ojos se detuvieron en el cuaderno que Kazu tenía abierto.
—¿Tú dibujaste eso?
Kazu dudó un momento antes de responder.
—S-sí…
Lion se acercó un poco más y observó el dibujo con atención.
—Es bonito.
Kazu levantó la mirada lentamente.
—¿De verdad…?
Lion señaló la flor dibujada en la página.
—¿Qué flor es?
Kazu miró su propio dibujo otra vez antes de responder.
—Es… una rosa azul.
Lion inclinó ligeramente la cabeza.
—Nunca había visto una.
Kazu habló en voz baja, casi como si estuviera compartiendo un pequeño secreto.
—Dicen que significa algo imposible… algo que parece que nunca puede pasar.
Hubo un pequeño silencio en el invernadero.
Lion observó a Kazu durante unos segundos, como si estuviera pensando en lo que había dicho.
Luego una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Entonces quiero verla florecer.
Kazu parpadeó sorprendido.
No esperaba escuchar algo así.
Su corazón dio un pequeño salto dentro de su pecho.
Lion se enderezó y caminó hacia la puerta del invernadero nuevamente.
Antes de salir, miró el lugar una última vez.
—Este lugar es agradable.
Luego miró a Kazu otra vez.
—Creo que volveré.
Abrió la puerta y salió.
El invernadero volvió a quedar en silencio.
Kazu se quedó sentado en el banco durante unos segundos, todavía sorprendido por lo que acababa de pasar. Lentamente miró su cuaderno otra vez.
Sus dedos tocaron suavemente el dibujo de la rosa azul.
Por alguna razón, su corazón se sentía diferente ahora.
Más cálido.
Más ligero.
Como si algo pequeño… hubiera empezado a cambiar.
Y sin darse cuenta…
Kazu sonrió.