Aquella Rosa Azúl

Aquella Rosa Azúl

Aquella Rosa Azul

Capítulo 3 — El capitán del equipo

La luz dorada del atardecer entraba por los cristales del invernadero mientras el silencio volvía poco a poco después de las bromas de Mateo y las risas emocionadas de Aiko. El aroma de las flores llenaba el lugar y hacía que todo se sintiera tranquilo, como si el mundo exterior estuviera muy lejos de allí. Kazu seguía sentado en el banco con su cuaderno en las manos, tratando de concentrarse en su dibujo, pero cada pocos segundos su mirada se levantaba sin querer hacia Lion. El capitán del equipo estaba apoyado contra una mesa con los brazos cruzados mientras escuchaba a Mateo hablar sin parar sobre el entrenamiento del día.

—Te estoy diciendo que el entrenador estaba buscándote por todas partes.

Lion suspiró un poco.

—Solo vine a descansar un momento.

Mateo miró alrededor del invernadero con una sonrisa burlona.

—Claro… descansar rodeado de flores.

Aiko levantó la mano como si estuviera en una clase.

—Confirmo que las flores son muy relajantes.

Mateo la miró confundido.

—¿Tú sigues aquí?

Aiko cruzó los brazos con orgullo.

—Obviamente.

Kazu bajó la mirada rápidamente hacia su cuaderno para que nadie notara que estaba sonriendo un poco. No estaba acostumbrado a estar rodeado de personas, pero por alguna razón el ambiente no se sentía incómodo.

Mateo miró otra vez a Lion con curiosidad.

—En serio, ¿qué haces aquí?

Lion miró por un momento a Kazu antes de responder.

—Solo me gusta este lugar.

Mateo levantó una ceja.

—¿Te gustan las flores ahora?

Lion se encogió ligeramente de hombros.

—Son tranquilas.

Aiko miró a Kazu con una sonrisa enorme.

—Eso suena muy romántico.

Kazu casi dejó caer su cuaderno.

—¡A-Aiko!

Lion levantó una ceja mientras miraba a la chica.

—¿Romántico?

Aiko agitó las manos rápidamente.

—Nada, nada… solo estoy observando.

El sol comenzaba a bajar lentamente, haciendo que el interior del invernadero se volviera más cálido y dorado. Las sombras de las plantas se movían suavemente sobre el suelo mientras el viento afuera hacía que algunas hojas golpearan suavemente el vidrio.

Kazu cerró su cuaderno con cuidado y se levantó del banco. Caminó hacia una de las macetas donde estaba creciendo una pequeña planta con pétalos azulados. Era una de las flores que más cuidaba.

Lion lo observó acercarse.

—¿Esa también es una rosa azul?

Kazu negó con la cabeza.

—No… pero se parece un poco.

Lion caminó hacia él con curiosidad.

—¿Las cuidas tú?

Kazu asintió suavemente.

—Me gusta hacerlo.

Lion se inclinó un poco para mirar la planta.

—Se ve delicada.

Kazu miró la flor con cuidado.

—Las flores necesitan paciencia.

Mateo cruzó los brazos mientras observaba la escena.

—Nunca pensé que vería al capitán del equipo de deportes hablando de flores.

Lion lo miró con calma.

—Nunca pensé que te importaría.

Aiko soltó una pequeña risa.

—Esto es increíble.

Kazu levantó la mirada confundido.

—¿Q-qué?

Aiko señaló alrededor del invernadero.

—Un chico tímido que dibuja rosas… y el capitán del equipo ayudándolo a cuidarlas.

Mateo se quedó en silencio unos segundos.

Luego sonrió lentamente.

—Ahora que lo dices…

Kazu sintió que su cara se ponía roja otra vez.

Lion suspiró un poco.

—Ustedes piensan demasiado.

El ambiente se volvió más tranquilo otra vez. Afuera se escuchaba el sonido lejano de estudiantes saliendo de la escuela y el viento moviendo las ramas de los árboles.

Kazu miró la pequeña flor azul y luego levantó la mirada hacia Lion.

—¿T-te gusta el deporte?

Lion lo miró sorprendido por la pregunta.

—Sí.

Kazu apretó un poco su cuaderno.

—Siempre te veo entrenando.

Lion se quedó en silencio un momento.

—Es lo que más me gusta.

Kazu dudó unos segundos antes de seguir hablando.

—Debe ser difícil ser capitán.

Lion apoyó una mano sobre la mesa cercana.

—A veces.

Mateo levantó una mano.

—Confirmo que lo es.

Aiko se inclinó un poco hacia Kazu con curiosidad.

—¿Nunca has ido a ver uno de sus entrenamientos?

Kazu negó rápidamente.

—N-no.

Aiko sonrió con emoción.

—¡Entonces deberíamos ir!

Kazu abrió los ojos sorprendido.

—¿Eh?

Aiko levantó un dedo como si tuviera una idea brillante.

—Mañana.

Lion levantó una ceja.

—¿Mañana?

Aiko asintió con entusiasmo.

—Sí.

Mateo soltó una pequeña risa.

—Esto se pone interesante.

Kazu bajó la mirada con nerviosismo mientras apretaba su cuaderno contra el pecho. No estaba seguro de poder ver a tantas personas entrenando… pero al mismo tiempo una pequeña parte de él sentía curiosidad.

Lion lo observó durante unos segundos.

—Si quieres venir…

Kazu levantó la mirada lentamente.

—N-no quiero molestar.

Lion negó con la cabeza.

—No molestarías.

Hubo un pequeño silencio en el invernadero mientras la luz del sol comenzaba a desaparecer lentamente detrás de los edificios de la escuela.

Kazu miró otra vez la pequeña flor azul.

Tal vez… solo tal vez…

Algunas cosas nuevas estaban empezando a crecer.

Y no solo en el jardín. 🌹




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