Aquella Rosa Azul
Capítulo 4 — El campo de entrenamiento
El día siguiente llegó más rápido de lo que Kazu esperaba. Desde que abrió los ojos por la mañana, no pudo dejar de pensar en lo que Aiko había dicho el día anterior en el invernadero. La idea de ir al campo de entrenamiento del equipo de deportes lo ponía nervioso. No era un lugar al que estuviera acostumbrado a ir. Los lugares con mucha gente siempre lo hacían sentir pequeño, como si todos los ojos pudieran posarse sobre él en cualquier momento. Aun así, mientras caminaba hacia la preparatoria con su cuaderno abrazado contra el pecho, una pequeña parte de él sentía curiosidad. Tal vez porque Lion estaría allí.
Las clases de la mañana pasaron lentamente. Kazu intentó concentrarse en lo que el profesor explicaba en el pizarrón, pero cada cierto tiempo su mente regresaba al campo de entrenamiento. Afuera se escuchaban silbatos y gritos de estudiantes practicando deporte. Ese sonido le recordaba a Lion corriendo por el campo con la misma tranquilidad con la que caminaba dentro del invernadero.
Cuando finalmente llegó la hora del descanso, Kazu caminó hacia el invernadero como siempre. El lugar estaba tranquilo, como si lo estuviera esperando. El aroma de las flores lo envolvió apenas abrió la puerta. Caminó entre las macetas y se sentó en el banco de madera, sacando su cuaderno para dibujar. Sus manos se movieron lentamente sobre la página mientras comenzaba a dibujar una nueva rosa azul.
Pasaron unos minutos hasta que la puerta se abrió.
Kazu levantó la mirada.
Era Aiko.
—¡Sabía que estarías aquí!
Kazu sonrió tímidamente.
—Hola…
Aiko caminó directamente hacia el banco y se sentó a su lado.
—¿Listo para el gran evento de hoy?
Kazu inclinó la cabeza.
—¿Evento?
Aiko lo miró como si fuera obvio.
—¡El entrenamiento de Lion!
Kazu bajó la mirada rápidamente.
—N-no sé si debería ir…
Aiko cruzó los brazos.
—¿Por qué no?
Kazu jugueteó con las esquinas de su cuaderno.
—Habrá mucha gente…
Aiko suspiró.
—No tienes que quedarte en medio del campo.
Kazu levantó la mirada un poco.
—¿No?
Aiko negó con la cabeza.
—Podemos sentarnos en las gradas.
Kazu dudó unos segundos.
—Pero…
Antes de que pudiera terminar la frase, la puerta del invernadero se abrió otra vez.
Lion entró con su mochila deportiva colgada sobre el hombro.
—Hola.
Kazu levantó la mirada rápidamente.
—H-hola…
Aiko sonrió como si estuviera viendo algo muy divertido.
—Justo hablábamos de ti.
Lion levantó una ceja.
—¿Ah sí?
Aiko señaló a Kazu.
—Le estaba diciendo que venga a ver tu entrenamiento.
Lion miró a Kazu durante unos segundos.
—No tienes que hacerlo si no quieres.
Kazu apretó su cuaderno contra el pecho.
—Y-yo…
Lion habló con calma.
—Pero si vienes, puedes sentarte lejos del campo.
Kazu levantó la mirada lentamente.
—¿De verdad?
Lion asintió.
—Sí.
Aiko levantó ambas manos con emoción.
—¡Perfecto!
El resto del recreo pasó rápidamente. Cuando las clases terminaron por la tarde, Aiko prácticamente arrastró a Kazu hacia el campo de deportes. El lugar era mucho más grande de lo que Kazu imaginaba. Había estudiantes corriendo, otros practicando pases con el balón y algunos entrenadores observando desde la línea lateral. El ruido era mucho mayor que en el invernadero.
Kazu se quedó cerca de las gradas, abrazando su cuaderno mientras observaba el campo con nerviosismo.
Aiko se sentó a su lado.
—No está tan mal, ¿verdad?
Kazu observó el campo.
—Es… grande.
En ese momento los jugadores comenzaron a salir al campo.
Entre ellos estaba Lion.
Su uniforme deportivo era diferente al uniforme escolar. Su cabello se movía ligeramente con el viento mientras corría hacia el centro del campo junto a sus compañeros.
Aiko señaló emocionada.
—¡Mira!
Kazu levantó la mirada.
Lion estaba corriendo con una velocidad que Kazu nunca había visto de cerca. Cada movimiento parecía natural, como si el campo fuera el lugar al que realmente pertenecía.
Kazu lo observó en silencio.
Aiko inclinó la cabeza hacia él.
—¿Qué piensas?
Kazu respondió suavemente.
—Se ve… feliz.
El entrenamiento comenzó con ejercicios de calentamiento. Los jugadores corrían alrededor del campo mientras el entrenador daba instrucciones.
Mateo fue el primero en notar a Kazu en las gradas.
Se acercó un poco al campo y levantó una mano.
—¡Capitán!
Lion se detuvo.
—¿Qué pasa?
Mateo señaló hacia las gradas.
—Tienes espectadores.
Lion miró en esa dirección.
Sus ojos encontraron a Kazu casi de inmediato.
Durante un segundo ninguno de los dos dijo nada.
Luego Lion levantó ligeramente la mano en un pequeño saludo.
Kazu se sorprendió un poco… pero levantó la mano también.
Aiko sonrió como si acabara de ver la mejor escena del mundo.
—Esto es demasiado lindo.
Kazu bajó la mirada con vergüenza mientras el entrenamiento continuaba.
Pero por alguna razón…
El campo de deportes ya no parecía tan intimidante.