Aquella Rosa Azul
Capítulo 6 — Después del entrenamiento
El sol comenzaba a ocultarse lentamente detrás de los edificios de la preparatoria mientras el entrenamiento llegaba a su fin. El campo todavía estaba lleno de movimiento, pero ahora era un movimiento más tranquilo. Algunos jugadores caminaban hacia las bancas para beber agua, otros se sentaban sobre el césped para descansar después de correr durante tanto tiempo. El aire estaba lleno de olor a tierra y hierba recién pisada.
Desde las gradas, Kazu observaba todo con su cuaderno apoyado sobre las piernas. Sus manos descansaban sobre la portada sin abrirlo, porque en ese momento no tenía ganas de dibujar. Solo quería mirar.
Especialmente a Lion.
Aiko estaba sentada a su lado, balanceando ligeramente los pies mientras observaba el campo con curiosidad.
—Tengo que admitir algo.
Kazu levantó la mirada un poco.
—¿Qué?
Aiko sonrió.
—El capitán es bastante impresionante.
Kazu bajó la mirada con timidez.
—Sí…
Aiko inclinó la cabeza mientras lo observaba.
—Pero creo que tú ya lo sabías.
Kazu no respondió. Sus ojos volvieron al campo justo cuando Lion atrapaba el balón con un movimiento rápido y comenzaba a correr hacia el otro lado del campo. Sus compañeros lo seguían mientras el entrenador gritaba instrucciones desde la línea lateral.
El viento movía ligeramente el cabello de Lion mientras corría.
Kazu lo observaba con atención.
Había algo diferente en verlo allí, en su propio lugar. Dentro del invernadero Lion parecía tranquilo y silencioso, como si el mundo se moviera lentamente a su alrededor. Pero en el campo era completamente distinto. Sus movimientos eran rápidos, seguros y llenos de energía.
Aiko apoyó la barbilla sobre su mano.
—Se ve feliz cuando juega.
Kazu asintió suavemente.
—Sí…
El silbato del entrenador sonó finalmente, indicando el final del entrenamiento. Los jugadores comenzaron a caminar fuera del campo mientras algunos se reían y hablaban entre ellos.
Mateo fue el primero en mirar hacia las gradas.
Cuando vio a Kazu y Aiko, levantó una mano con una sonrisa divertida.
—¡Oigan!
Aiko levantó la mano también.
—¡Hola!
Mateo caminó hacia la cerca del campo mientras se limpiaba el sudor con una toalla.
—No pensé que vendrían de verdad.
Aiko respondió con entusiasmo.
—Fue idea mía.
Mateo miró a Kazu.
—¿Y qué te pareció?
Kazu dudó unos segundos antes de responder.
—Fue… impresionante.
Mateo sonrió.
—¿Verdad que sí?
En ese momento Lion también caminaba hacia la cerca del campo. Su respiración todavía era un poco pesada por el entrenamiento, pero su expresión era tranquila.
Cuando vio a Kazu cerca de las gradas, sus pasos se volvieron un poco más lentos.
Se detuvo frente a ellos.
—Gracias por venir.
Kazu apretó su cuaderno contra el pecho.
—N-no fue molestia.
Aiko levantó una mano.
—Fue divertido.
Lion miró a Kazu.
—¿Te gustó?
Kazu levantó la mirada lentamente.
—Sí…
Lion asintió suavemente.
—Me alegra.
Por un momento hubo silencio. El cielo comenzaba a pintarse de tonos anaranjados y rosados mientras el sol desaparecía poco a poco detrás de los edificios.
El viento soplaba ligeramente sobre el campo.
Kazu miró el balón que estaba cerca de la línea lateral.
Luego miró a Lion.
Parecía querer decir algo… pero dudaba.
Lion inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Pasa algo?
Kazu dudó unos segundos.
Luego habló en voz baja.
—Tú… te ves diferente cuando juegas.
Lion levantó una ceja.
—¿Diferente?
Kazu asintió.
—Te ves… feliz.
Lion se quedó en silencio un momento.
Luego una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Lo soy.
Mateo cruzó los brazos con una sonrisa burlona.
—El capitán ama el deporte más que cualquier cosa.
Aiko levantó un dedo.
—Excepto tal vez las flores.
Lion suspiró.
—Aiko…
Aiko levantó las manos.
—Solo digo.
Kazu bajó la mirada otra vez mientras intentaba ocultar su sonrisa.
El entrenador llamó a los jugadores desde el campo.
—¡Equipo!
Mateo levantó una mano.
—¡Ya vamos!
Lion miró a Kazu una vez más.
—Tenemos que ir a recoger el equipo.
Kazu asintió rápidamente.
—Sí…
Lion comenzó a caminar de regreso al campo, pero antes de alejarse completamente se detuvo por un momento.
Se giró ligeramente hacia Kazu.
—Puedes venir al entrenamiento cuando quieras.
Kazu levantó la mirada sorprendido.
—¿De verdad?
Lion asintió.
—Sí.
Luego regresó con su equipo.
Kazu se quedó observándolo mientras caminaba sobre el campo iluminado por la luz del atardecer.
Aiko lo miró con una sonrisa enorme.
—Creo que alguien tiene un lugar especial en los entrenamientos del capitán.
Kazu se puso rojo inmediatamente.
—¡A-Aiko!
Aiko se levantó de las gradas con energía.
—Vamos.
Kazu parpadeó.
—¿A dónde?
Aiko señaló hacia el edificio de la escuela.
—Al invernadero.
Kazu inclinó la cabeza.
—¿Ahora?
Aiko asintió.
—Claro.
Kazu miró una vez más hacia el campo.
Lion estaba recogiendo los balones junto a Mateo.
El viento movía ligeramente su cabello mientras hablaba con sus compañeros.
Kazu apretó un poco su cuaderno contra el pecho.
Luego bajó lentamente las gradas junto a Aiko.
Mientras caminaban hacia el invernadero, el cielo se volvía cada vez más oscuro y las primeras luces de la escuela comenzaban a encenderse.
Kazu pensó en algo que había notado ese día.
El campo de deportes, que antes parecía tan ruidoso y lejano de su mundo…
Ahora estaba conectado con el invernadero.