Aquella Rosa Azúl

Aquella Rosa Azúl

Aquella Rosa Azul

Capítulo 7 — La rosa que crece en silencio

La tarde había terminado y la escuela comenzaba a quedarse en silencio. Los pasillos que durante el día estaban llenos de estudiantes ahora estaban casi vacíos. Solo algunas luces permanecían encendidas mientras el cielo afuera se volvía cada vez más oscuro.

El invernadero estaba iluminado por la luz suave del atardecer que entraba por los cristales.

Kazu caminaba lentamente entre las plantas con una pequeña regadera en las manos. El sonido del agua cayendo suavemente sobre la tierra era lo único que rompía el silencio del lugar.

Aiko estaba sentada sobre una de las bancas del invernadero, observando todo con curiosidad mientras giraba una pequeña hoja entre sus dedos.

—Este lugar es realmente bonito.

Kazu siguió regando una de las macetas.

—Sí…

Aiko miró alrededor otra vez.

—Ahora entiendo por qué te gusta tanto venir aquí.

Kazu cerró la regadera por un momento y levantó la mirada hacia las flores.

—Aquí es tranquilo.

Aiko sonrió.

—Y además el capitán también viene aquí.

Kazu se puso rojo inmediatamente.

—¡A-Aiko!

Aiko levantó las manos con una sonrisa traviesa.

—Solo estoy diciendo la verdad.

Kazu volvió a regar las plantas mientras intentaba ignorar su comentario. El sonido del agua volvió a llenar el silencio del invernadero.

Pero en realidad… Aiko tenía razón.

Desde aquel día en que Lion había entrado por primera vez, el invernadero se sentía diferente.

Kazu miró discretamente hacia la pequeña maceta donde crecía la rosa azul.

Los pétalos seguían cerrados, pero la flor parecía cada vez más fuerte.

Aiko se levantó de la banca y caminó hasta quedar junto a Kazu.

—¿Esa es la famosa rosa azul?

Kazu asintió suavemente.

—Todavía está creciendo.

Aiko se inclinó un poco para verla mejor.

—Es hermosa.

Kazu la observó en silencio.

—Sí…

De pronto se escucharon pasos afuera del invernadero.

Kazu levantó la cabeza con sorpresa.

La puerta se abrió lentamente.

Lion entró al invernadero.

El aire frío de la noche entró junto con él mientras cerraba la puerta detrás de sí.

Aiko lo miró con una sonrisa enorme.

—Sabía que vendrías.

Lion suspiró ligeramente.

—Mateo dijo que estaban aquí.

Kazu lo miró sorprendido.

—¿Mateo?

Lion asintió.

—Los vio salir hacia este lado.

Aiko cruzó los brazos con una sonrisa divertida.

—Entonces viniste a buscarnos.

Lion se quedó en silencio un momento.

—Quería ver la rosa.

Kazu sintió que su corazón latía un poco más rápido.

Se acercó a la maceta.

—Está aquí.

Lion caminó hasta quedar frente a la pequeña planta.

Se inclinó ligeramente para observar la flor.

La luz del invernadero iluminaba los pétalos azulados de la rosa.

Lion habló en voz baja.

—Está creciendo bien.

Kazu asintió.

—Sí.

Por un momento los tres permanecieron en silencio mientras observaban la flor.

Luego Aiko dio unos pasos hacia atrás.

—Bueno.

Kazu la miró.

—¿Qué pasa?

Aiko sonrió.

—Creo que iré a comprar algo en las máquinas de la escuela.

Kazu parpadeó.

—¿Ahora?

Aiko caminó hacia la puerta del invernadero.

—Sí.

Luego miró a Lion.

—Capitán, cuida bien de Kazu.

Lion se quedó un poco confundido.

—¿Qué?

Pero Aiko ya había salido del invernadero.

La puerta se cerró dejando el lugar en silencio otra vez.

Kazu se quedó mirando la puerta durante unos segundos.

Luego bajó la mirada.

Lion se quedó observando la rosa azul.

—Tu amiga es… interesante.

Kazu respondió en voz baja.

—Sí…

Lion miró alrededor del invernadero.

—Siempre está tranquilo aquí.

Kazu asintió.

—Me gusta.

Lion caminó lentamente entre las plantas.

—Se nota.

Kazu lo siguió con la mirada.

Lion se detuvo frente a una mesa donde había varias macetas pequeñas.

—¿Tú cuidas todas estas?

Kazu asintió.

—Con Hana.

Lion tomó una de las pequeñas hojas entre sus dedos.

—Debe tomar mucho tiempo.

Kazu respondió suavemente.

—Pero vale la pena.

Lion volvió a mirar la rosa azul.

—Creo que sí.

En ese momento se escucharon voces afuera del invernadero.

Risas.

Pasos.

Kazu se tensó un poco.

La puerta se abrió de golpe.

Tres estudiantes entraron al invernadero.

Uno de ellos miró alrededor con curiosidad.

—Oh… miren quién está aquí.

Otro estudiante señaló a Kazu.

—El chico de las plantas.

El tercero soltó una pequeña risa.

—Siempre está aquí escondido.

Kazu bajó la mirada sin decir nada.

Lion frunció ligeramente el ceño.

Uno de los estudiantes miró la rosa azul.

—¿Qué es esto?

Estiró la mano hacia la maceta.

Antes de que pudiera tocarla, Lion habló con voz firme.

—No la toques.

Los tres estudiantes lo miraron sorprendidos.

Uno de ellos levantó una ceja.

—Oh… el capitán del equipo.

Lion dio un paso adelante.

—Esa planta no es para que la arruinen.

El estudiante soltó una risa.

—Tranquilo.

Otro miró a Kazu.

—¿Siempre necesitas que alguien te defienda?

Kazu apretó ligeramente las manos.

Lion habló con calma.

—Ya váyanse.

El estudiante rodó los ojos.

—Solo estábamos mirando.

Lion no se movió.

—Entonces ya terminaron.

Los tres estudiantes intercambiaron miradas.

Finalmente uno de ellos suspiró.

—Está bien.

Mientras salían del invernadero uno murmuró.

—Qué lugar tan aburrido.

La puerta se cerró nuevamente.

El silencio volvió al invernadero.

Kazu seguía mirando al suelo.




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