Aquella Rosa Azúl

Aquella Rosa Azúl

Aquella Rosa Azul

Capítulo 7 — La flor

La noche había caído por completo sobre la preparatoria, y el invernadero se había convertido en un pequeño mundo aparte, iluminado por luces suaves que hacían brillar cada hoja y cada pétalo como si guardaran un secreto. Afuera todo era ruido lejano, pasos que se perdían en los pasillos, voces que se apagaban poco a poco… pero dentro, solo existía el silencio, la respiración tranquila del lugar y el sonido casi invisible del agua que aún descansaba sobre la tierra húmeda.

Kazu estaba de pie frente a la rosa azul.

Sus dedos rozaban el borde de la maceta sin tocar la flor, como si temiera romper algo delicado con el simple contacto. Sus ojos estaban fijos en los pétalos, en ese color que parecía imposible incluso bajo la luz artificial. Su corazón latía lento… pero profundo.

Lion estaba a su lado.

No demasiado cerca.

No demasiado lejos.

El espacio entre los dos era pequeño, pero suficiente para que el aire se sintiera distinto, como si algo estuviera creciendo en ese silencio sin que ninguno de los dos se atreviera a nombrarlo.

—Está creciendo…

La voz de Kazu fue suave, casi como si no quisiera romper el momento.

Lion bajó la mirada hacia la flor.

—Sí…

El reflejo de la luz se movía en sus ojos.

—Es más fuerte de lo que parece.

Kazu levantó un poco la mirada.

Sus ojos se encontraron por un segundo.

Y en ese segundo… el mundo pareció quedarse quieto.

Pero entonces…

La puerta se abrió de golpe.

El sonido rompió el silencio como un vidrio quebrándose.

Tres estudiantes entraron riendo, con pasos descuidados, como si el lugar no significara nada.

—¿Otra vez aquí?

—El chico de las flores…

—Siempre escondido.

Kazu bajó la mirada de inmediato.

Sus manos se tensaron ligeramente.

El aire cambió.

El silencio ya no era tranquilo.

Uno de los chicos caminó directamente hacia la mesa donde estaba la rosa azul.

La miró con una sonrisa burlona.

—¿Y esto?

Su mano se levantó.

Sus dedos estaban a punto de tocar los pétalos.

Y entonces—

—No la toques.

La voz de Lion no fue alta.

Pero fue firme.

Cortó el aire.

El chico se detuvo.

Giró la cabeza lentamente.

—¿Perdón?

Lion dio un paso adelante.

Su sombra cubrió parte de la mesa.

—No la toques.

Kazu levantó la mirada.

Su corazón comenzó a latir más rápido.

Uno de los otros chicos soltó una risa.

—¿Y qué vas a hacer?

Lion no respondió de inmediato.

Solo se colocó frente a la maceta.

Protegiéndola.

Protegiéndolo.

—No la arruines.

El silencio se volvió pesado.

Tenso.

El chico bajó lentamente la mano, pero su sonrisa no desapareció.

—Relájate, capitán.

Otro habló desde atrás.

—¿Ahora cuidas plantas?

Lion no se movió.

—Ya váyanse.

No fue una orden gritaba.

Fue peor.

Fue tranquila.

Segura.

Y suficiente.

Los tres se miraron entre ellos.

Uno chasqueó la lengua.

—Qué aburrido.

—Vámonos.

La puerta se cerró otra vez.

El sonido resonó en todo el invernadero.

Y el silencio volvió.

Pero ahora… era diferente.

Más profundo.

Más cercano.

Kazu seguía sin moverse.

Sus manos temblaban ligeramente.

Lion bajó la mirada hacia la rosa azul.

Luego habló.

—Ya están bien.

Kazu levantó la cabeza poco a poco.

No miró la flor.

Miró a Lion.

—Gracias…

Su voz era pequeña.

Pero sincera.

Lion negó suavemente.

—No tienes que agradecer.

Kazu apretó un poco su cuaderno contra el pecho.

Su corazón latía fuerte.

Demasiado fuerte.

El espacio entre ellos ya no se sentía igual.

Lion levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron otra vez.

Más cerca esta vez.

Más claro.

—No deberían molestarte.

Kazu abrió un poco los ojos.

Lion dio un pequeño paso más cerca.

—Ni a ti… ni a lo que cuidas.

El silencio volvió a caer.

Pero esta vez…

Era cálido.

Kazu miró la mano de Lion por un segundo.

Luego desvió la mirada.

Sus dedos se movieron ligeramente, como si quisiera decir algo… como si quisiera acercarse… pero no supiera cómo.

La luz del invernadero cayó sobre ellos.

Sobre la rosa azul.

Sobre ese momento que parecía quedarse suspendido entre lo que era… y lo que podía ser.

Afuera, el viento movió las hojas de los árboles.

Adentro…

Nadie se movió.

Y en medio de todo eso…

La rosa azul seguía ahí.

Intacta.

Protegida.

Creciendo en silencio.

Como algo que todavía no se atrevía a llamarse amor… pero que ya había comenzado a existir. 🌹




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