Aquella Rosa Azúl

Aquella Rosa Azúl

Aquella Rosa Azul

Capítulo 8 — Un lugar para quedarse

El invernadero estaba en silencio otra vez, pero ya no era el mismo silencio de antes. Ahora se sentía más cálido, como si algo invisible se hubiera quedado flotando en el aire después de todo lo que había pasado. Las luces suaves iluminaban las plantas y hacían que las gotas de agua sobre las hojas brillaran como pequeños destellos. Afuera, la noche avanzaba tranquila, pero dentro de ese lugar el tiempo parecía ir más lento.

Kazu seguía de pie frente a la rosa azul, pero ya no estaba mirando la flor. Sus ojos estaban ligeramente perdidos, como si estuviera pensando en algo más… o en alguien más. Su corazón todavía latía con fuerza, pero no por miedo. Era algo distinto, algo nuevo, algo que no sabía cómo explicar.

Lion estaba a su lado.

Más cerca que antes.

El espacio entre ellos se había reducido casi sin que se dieran cuenta.

El aire se sentía suave.

Tranquilo.

Seguro.

Kazu movió un poco los dedos, dudando, y luego tomó lentamente la regadera que estaba sobre la mesa. Necesitaba hacer algo, cualquier cosa, para calmar ese latido constante en su pecho. Caminó hacia una de las macetas y comenzó a regarla con cuidado.

—Tengo que… cuidarlas todos los días.

Su voz fue baja, un poco nerviosa.

Lion lo observó en silencio unos segundos antes de acercarse.

—¿Puedo ayudarte?

Kazu se quedó quieto por un momento.

Luego asintió.

—S-sí…

Lion tomó otra pequeña regadera y se colocó a su lado. Sus movimientos no eran tan delicados como los de Kazu, pero eran cuidadosos. El agua cayó sobre la tierra lentamente, y por un momento solo se escuchó ese sonido suave llenando el invernadero.

Trabajaron en silencio.

Pero no era incómodo.

Era… tranquilo.

Kazu miró de reojo a Lion.

Sus manos eran más grandes, más firmes, pero sostenían la regadera con cuidado, como si temiera hacer daño a algo tan pequeño.

Kazu sintió una pequeña sonrisa aparecer en su rostro.

—Lo estás haciendo bien…

Lion levantó ligeramente la mirada.

—¿Sí?

Kazu asintió.

—No las estás lastimando.

Lion soltó una pequeña risa suave.

—Eso suena como un logro.

Kazu dejó escapar una risa pequeña sin darse cuenta.

Fue corta.

Pero real.

Lion lo miró.

Y por un segundo… no dijo nada.

Como si quisiera guardar ese momento.

Como si no quisiera que desapareciera.

Kazu se dio cuenta de la mirada y bajó la suya rápidamente, sintiendo cómo su cara se calentaba.

El silencio volvió, pero ahora estaba lleno de algo ligero, como una sensación que hacía que todo se sintiera más cercano.

Cuando terminaron de regar las plantas, Kazu dejó la regadera en su lugar y caminó de regreso hacia la mesa. Se sentó lentamente en el banco de madera y abrió su cuaderno. Sus manos ya no temblaban tanto.

Lion se quedó de pie unos segundos, observándolo, y luego se sentó a su lado.

No demasiado cerca.

Pero tampoco lejos.

Kazu comenzó a dibujar.

Sus lápices se movían con suavidad sobre la página, trazando líneas delicadas.

Lion inclinó un poco la cabeza para ver mejor.

—¿Otra rosa?

Kazu asintió.

—Sí…

Lion observó el dibujo en silencio.

Esta vez, la rosa azul era diferente.

Los pétalos parecían más abiertos.

Más vivos.

Más… reales.

—Está cambiando.

Kazu levantó un poco la mirada.

—¿Eh?

Lion señaló el dibujo.

—Antes se veía más cerrada.

Kazu miró la página.

Tenía razón.

—Creo que… está creciendo.

Lion no apartó la mirada del dibujo.

—Como la de verdad.

Kazu sintió algo suave en el pecho al escuchar eso.

Le gustaba que Lion notara esas cosas.

El silencio volvió, pero esta vez Kazu no se sentía nervioso.

Se sentía… cómodo.

Seguro.

Después de unos minutos, sin darse cuenta, Kazu apoyó ligeramente su hombro contra el brazo de Lion.

Fue un movimiento pequeño.

Inconsciente.

Pero cuando se dio cuenta…

Se quedó completamente quieto.

Su corazón se detuvo por un segundo.

Luego empezó a latir más fuerte.

Muy fuerte.

—L-lo siento…

Kazu intentó alejarse.

Pero Lion habló antes de que pudiera moverse.

—Está bien.

Kazu levantó la mirada lentamente.

Lion no se había movido.

Seguía ahí.

Tranquilo.

—No me molesta.

El aire se volvió aún más suave.

Kazu dudó un segundo…

y no se alejó.

Se quedó ahí.

Muy cerca.

Sus hombros tocándose apenas.

El invernadero parecía más silencioso que nunca.

Más pequeño.

Más íntimo.

Como si solo existieran ellos dos… y la rosa azul.

Kazu miró el dibujo otra vez.

Sus dedos temblaron ligeramente.

Y sin pensarlo demasiado…

dibujó dos pequeñas figuras cerca de la flor.

No estaban muy definidas.

Pero estaban juntas.

Lion lo notó.

—¿Quiénes son?

Kazu se quedó congelado.

—N-nadie…

Lion no insistió.

Pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Afuera, el viento sopló suavemente.

Las hojas se movieron contra el cristal.

Pero dentro del invernadero…

Todo permanecía en calma.

Kazu respiró despacio.

Su hombro seguía tocando el de Lion.

Y por primera vez…

No quería moverse.

Porque ese lugar…

ese momento…

esa cercanía…

Se sentía como algo que quería conservar.

Como algo que quería cuidar.

Como su rosa azul.

Algo que parecía imposible…

pero que ahora…

estaba comenzando a existir. 🌹




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