Aquella Rosa Azul
Capítulo 10 — Algo que no puede ignorar
La mañana llegó más rápido de lo que Lion esperaba. El sonido de su alarma lo sacó de un sueño ligero, pero incluso antes de abrir completamente los ojos, ya sabía qué era lo primero que iba a pensar.
El invernadero.
Y Kazu.
Se quedó unos segundos mirando el techo de su habitación, con el ceño apenas fruncido, como si estuviera intentando entender algo que no tenía una respuesta clara. No era normal. No era normal que pensara tanto en alguien. No era normal que un lugar como el invernadero se sintiera más presente en su mente que el campo de entrenamiento.
Lion se sentó lentamente en su cama.
Pasó una mano por su cabello.
—Qué es esto…
No sonaba molesto.
Sonaba confundido.
Durante el camino a la preparatoria, Lion no pudo evitar notar cosas que antes no le importaban. El clima, el viento, el ruido de la gente… todo parecía más claro, pero al mismo tiempo más lejano. Como si su mente estuviera ocupada en otro lugar.
Cuando llegó al campo de entrenamiento, Mateo ya estaba ahí, estirando.
—Capitán, llegas tarde.
Lion dejó su mochila en el suelo.
—Solo unos minutos.
Mateo lo miró con una sonrisa sospechosa.
—¿Te quedaste pensando en algo?
Lion tomó una botella de agua.
—No.
Mateo levantó una ceja.
—Seguro.
El entrenamiento comenzó, pero algo no estaba bien.
Lion corría.
Saltaba.
Jugaba.
Pero su concentración no era la misma.
En medio de un pase, el balón se le escapó ligeramente.
Mateo lo notó de inmediato.
—Oye.
Lion frunció un poco el ceño.
—Lo tengo.
Pero no lo tenía.
No del todo.
Mateo se acercó mientras el entrenador daba otras indicaciones.
—No estás concentrado.
Lion respondió sin mirarlo.
—Sí lo estoy.
Mateo cruzó los brazos.
—No.
Hubo un pequeño silencio.
Mateo sonrió.
—¿Tiene que ver con el invernadero?
Lion se quedó quieto por un segundo.
Luego caminó hacia el balón.
—No digas tonterías.
Mateo soltó una risa baja.
—Entonces sí.
Lion no respondió.
Pero eso fue suficiente.
El resto del entrenamiento pasó igual. Lion seguía siendo bueno, seguía siendo el capitán, pero había pequeños momentos… pequeñas distracciones que no podía evitar.
Y todas llevaban al mismo lugar.
Cuando la campana del recreo sonó, Lion no lo pensó demasiado.
Sus pasos se dirigieron solos.
Hacia el invernadero.
Cuando abrió la puerta, el aroma de las flores lo recibió como siempre.
Pero esta vez…
se sintió diferente.
Porque Kazu estaba ahí.
Sentado en el banco.
Dibujando.
La luz de la mañana caía sobre él suavemente, iluminando su cabello y la página de su cuaderno.
Por un momento, Lion no se movió.
Solo lo observó.
Y entonces lo sintió.
Ese pequeño cambio.
Ese nervio.
Ese algo que no podía ignorar.
Kazu levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron.
Y como siempre…
su expresión se volvió un poco tímida.
—H-hola…
Lion sintió algo raro en el pecho.
Respondió, pero su voz no sonó tan firme como siempre.
—Hola.
Caminó hacia él.
Pero sus pasos fueron un poco más lentos.
Un poco más conscientes.
Kazu cerró un poco su cuaderno.
—¿Viniste temprano?
Lion asintió.
—Sí.
Se hizo un pequeño silencio.
Normalmente eso no le molestaría.
Pero ahora…
no sabía qué decir.
Y eso no le pasaba.
Nunca.
Kazu lo miró un momento.
—¿Todo está bien?
Lion dudó.
Solo un segundo.
—Sí.
Pero no sonó completamente seguro.
Kazu inclinó ligeramente la cabeza.
—Te ves… diferente.
Lion levantó la mirada.
—¿Diferente?
Kazu asintió.
—Un poco.
Lion se quedó en silencio.
No sabía qué responder.
No sabía qué estaba pasando.
Kazu bajó la mirada hacia su cuaderno otra vez.
—Yo… estaba dibujando otra vez.
Lion miró la página.
La rosa azul.
Más abierta.
Más viva.
Y las dos pequeñas figuras seguían ahí.
Juntas.
Lion sintió algo moverse en su pecho.
Algo que no entendía.
Algo que lo hacía sentirse… nervioso.
Kazu habló suavemente.
—Está creciendo.
Lion asintió.
—Sí…
Pero no estaba mirando solo la flor.
Estaba mirando a Kazu.
Y eso lo hacía más difícil.
Más confuso.
El silencio volvió.
Pero ahora era distinto.
Lion apretó ligeramente su mano.
No entendía por qué.
No entendía por qué su corazón latía un poco más rápido.
No entendía por qué ese lugar se sentía diferente cuando Kazu estaba cerca.
No entendía por qué…
no podía dejar de mirarlo.
Kazu levantó la mirada otra vez.
Sus ojos se encontraron.
Y esta vez…
Lion apartó la mirada primero.
Y eso nunca le pasaba.
Nunca.
Kazu se quedó un poco sorprendido.
Lion respiró hondo.
—Tengo que… entrenar después.
Kazu asintió.
—Sí…
Pero no se movieron.
Ninguno.
El momento se quedó suspendido otra vez.
Y en medio de todo eso…
Lion finalmente entendió una cosa.
No completamente.
No claramente.
Pero lo suficiente.
No era el invernadero.
No eran las flores.
No era la tranquilidad del lugar.
Era Kazu.
Y eso…
lo estaba poniendo nervioso. 🌹