Pensaba en sonidos de naturaleza quemada,
doce de la noche un beso encaprichado daba con los ojos cerrados,
con un beso en el cuello recibía el presente año.
Susurro en el viento de un año que pasaba,
año que me dejó pensando sobre lo que de enero a junio me había alcanzado,
lo que de julio a diciembre ya había logrado.
Suspiraba en la cabellera de aquel ser,
sonreía tras aquel despampanante gesto de amor;
pero su recuerdo permanece por la promesa rota que siempre se quedó.
Venas doradas que deslizan en mi piel,
todo lo que toco es oro,
todo lo que toco es oro
y también es maldición de mi arrogancia sin cuestión.
Egoísmo en su máxima expresión,
sueños lastimados y rotos como en
aquel disturbio en su propia canción.