Hubo un tiempo que pensé que se trataba de mí.
Que alguien por fin había entendido el intrincado laberinto que se extendía a mi alrededor. Nunca supe cuándo había aparecido, simplemente estaba ahí, y nadie jamás había llegado tan lejos.
Llegué a creer, con una esperanza bastante ingenua, que esa persona me amaba, y lo hacía de cerca.
"Tal vez no era tan difícil entenderme", pensé esos días.
"Solo hacía falta la persona correcta", me decía mientras me iba a dormir.
Pero un día dejó de ser, o más bien, dejó de parecer serlo, porque si fuera de verdad no cesaría de la nada.
Porque lo que realmente te llega no deja de parecer suficiente de la noche a la mañana.
Pero así me sentí yo una madrugada cualquiera.
Insuficiente.
Una palabra que me atormentó tanto que hizo que se desataran otra vez todas mis tormentas.
Insuficiente. Insuficiente. Insuficiente.
Nadie me había elegido. Nadie lo haría.
Sin darme cuenta, levanté muros que no permitieran que me dañaran, que no dejarían pasar a quien quisiera darme una falsa sensación de calidez, porque si no era real no valía la pena.
Paredes por las cuales nadie pudiera verme. Ni aunque lo intentara.
Estos se enredaron y se cerraron ante mí.
Ahí lo entendí todo.
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Editado: 09.05.2026