De nuevo, me encuentro recostado en el frío suelo de mi amplia habitación; sintiéndome completamente inferior al resto. No es un sentimiento nada nuevo; suelo sobre pensar absolutamente todo y con bastante frecuencia. Sobre pienso cosas sin sentido, cosas que sucedieron hace mucho tiempo y que ya no puedo remediar, cosas que están sucediendo y no sé cómo lidiar con ello, cosas que no son realmente importantes. Todo; no obstante, existe un tema en el que no he dejado de pensar desde que lo descubrí cuando tenía doce: la demisexualidad; un espectro al que yo, desde ese entonces, pertenezco.
Han transcurrido tres años desde entonces y aún sigo teniendo bastantes dudas. Al principio fue bastante difícil para mí aceptarlo. No estaba seguro de que realmente yo pudiera ser parte de ese espectro. Creí que era una etapa, creí que estaba confundido, creí que yo era un ser extraño, creí que aún era bastante joven para ponerle una etiqueta a lo que sentía, creí que solo sería cuestión de tiempo para transformarme en una persona “normal”... Una que tuviera en claro que era posible tener un romance espontáneo sin necesidad de responsabilidades y sentimientos de por medio como cualquier otra persona; pero, si realmente estaba confundido, si realmente era una etapa, ¿Por qué me costaba tanto trabajo conectar con alguien superficialmente? ¿Por qué yo no era como mis compañeros de curso que solían besarse con diferentes personas sin ser o sentir nada y luego volver a la normalidad? ¿Por qué para mí era algo importante? ¿Por qué no sentía nada al imaginarme besando o tocando a alguien? ¿Por qué solo experimentaba el deseo sexual después de conocer y compartir intereses con alguien? ¿Por qué para mí era difícil incluso abrazar a alguien sin ser nada? ¿Por qué yo no podía ir a una fiesta y besar a una persona desconocida sin preocuparme por conocer sus gustos e intereses primero? ¿Por qué para mí era más importante el conocernos antes que el tocarnos? ¿Por qué yo no era como los demás? ¿Por qué yo sentía de forma diferente?
«Mi concepto del amor no era extraño; el de la sociedad lo era...»
Definitivamente era la sociedad quien estaba mal. Para ellos ver a alguien enamorarse poco o nada y solo experimentar el deseo sexual después de un vínculo afectivo era extraño e inapropiado. Al crecer acepte que no tenía nada de malo ser demisexual, o formar parte del espectro asexual, lo que estaba mal era la infidelidad y el amor líquido.
«El amor líquido suele fluir, pero no puedes sostenerlo...»
Cuando me percaté de que algo era diferente en mí fue cuando tenía diez años de edad. En ese entonces una niña de la escuela me declaro sus sentimientos hacia mí. No sabía qué hacer o qué decirle, herirla no era una opción y salir con ella tampoco. Cuando le pedí consejos a mis amigos ellos me dijeron que solo la aceptará, que con el tiempo aprendería a amarla, que no la lastimará con mi rechazo; y yo, siendo un niño que aún no conocía nada sobre el amor, obedecí. Cuando llevábamos dos meses saliendo ella se atrevió a dar el primer beso de esa extraña relación. Mi primer y único beso hasta el momento. Corrí al baño y me encerré en un cubículo, me senté en el frío suelo y lloré mientras ella posiblemente estaba buscándome. Comencé a tirar con fuerza de mis cabellos rubio avellana y pateé la pared continua con fuerza. Estaba comenzando a tener un episodio de pánico. Sentía que acababa de hacer algo terrible, que acababa de cometer un error imperdonable, que acababa de cometer el peor crimen del mundo, que yo era lo peor, que mis padres no merecían que estuviera haciendo esto sin su consentimiento; no obstante, lo que más me preocupo es que no había sentido absolutamente nada, no sentí la adrenalina de la que tanto hablaban en las películas, no sentí ninguna chispa mágica, no sentí los latidos acelerados de mi corazón, no sentí mis mejillas calientes y rojas. Simplemente no sentí absolutamente nada y eso consiguió alarmarme.
«Era solo un niño, ¿Qué hacía preocupándome por cosas como esas?»
Cuando le sugerí a aquella niña terminar definitivamente se sintió terrible, incluso dejó de ir a la escuela, lo último que supe de ella fue que se mudo a la ciudad de Nagasaki, jamás volví a verla después y honestamente no me dolía en absoluto, hasta el día de hoy vivía arrepentido de haberle hecho daño de esa manera, pero no la extrañaba en absoluto.
Viví dos años sintiéndome totalmente extraño, me sentí desconectado de mi cuerpo y mente. Me sentí completamente ajeno a los demás, cómo si yo fuera un ser diferente, cómo si yo fuera de otro planeta, cómo si yo fuera un intruso, cómo si mi mente estuviera mal, cómo si mis pensamientos no fueran míos, cómo si le estuviera robando el cuerpo, la vida y la identidad a alguien más. Durante mucho tiempo me sentí como un extraño incluso en mi propio hogar solo por tener una preferencia diferente. Viví atormentado por mis pensamientos durante dos años hasta que tuve acceso a internet. Navegue durante horas en la web buscando respuestas. Buscando algo que me confirmará que yo no era extraño, que yo no estaba mal. Encontré la respuesta a mis inquietudes después de leer el primer texto que apareció en “Gūguru” cuando hice “click” en buscar. El texto mencionaba el tema de la demisexualidad. Abajo del texto también apareció un test sobre esa orientación sexual. Cuando le dí “click” a la página y comencé a responder las diez preguntas no logré contener las lágrimas silenciosas que cayeron por mis mejillas. Fue en ese momento donde descubrí que todo lo que sentía se debía a una orientación sexual y no a una enfermedad o síndrome raro. Me sentí un poco aliviado al encontrar varios vídeos en “Tikku Tokku” de personas que se sentían igual que yo, afirmando que sentirse así era algo normal y no algo extraño e inmaduro.
Desde entonces acepté mi realidad y aprendí a vivir plenamente mi orientación sexual. Fue extraño al inicio, aunque ahora todavía tenga algunas dudas sobre el tema, aunque no se lo diga a todos mis conocidos y aunque mis padres tampoco lo sepan, aprendí a vivir libremente, a amarme y aceptarme; porque en realidad nadie más lo haría por mí.