Eli
Todo empezó el día que conocí a Yoli.
Ese fue el primer paso hacia todo lo que vendría después. Lo bueno, lo extraño, y lo que aún me cuesta contar.
Era un lunes de 1995, yo tenía 17 años y acababa de salir del instituto, estaba en segundo de BUP en un instituto de Chamberí, el barrio de Madrid. Odiaba ese instituto desde que empecé primero, era horroroso y la gente era peor aún.
No es un misterio que España en los años 90 era un tanto exasperante, la situación política no era la mejor, cada día te levantabas escuchando alguna desgracia en la radio, ibas al instituto preguntándote por qué no te habías apuntado al FP de peluquería, en vez de escoger BUP, total, nunca llegarías a dedicarte a lo que realmente querías.
Por lo menos eso me pasaba a mí.
Pero volviendo a lo que iba a contar, todo empezó ese lunes.
Estaba en el vestuario de un gimnasio de Chamberí, me acababa de apuntar porque mi madre decía que así saldría un poco de casa. Me obligó a ir a una clase de aerobic (Como si siguiéramos en los años 80) y para colmo ella no venía, porque "odiaba sudar". Tenía que ir yo sola, con una ropa ridícula que me había comprado mi madre, a dar saltitos con unas señoras mayores.
Mi única amiga, Nerea, se reía de mí diciendo que iba a parecer una señora de las películas, pero que le iba a hacer, si no iba a estar castigada sin televisión durante 1 mes y me negaba a perderme tantos capítulos de Friends.
Me moría de vergüenza cada vez que alguna chica de mi edad pasaba por mi lado, algunas salían de la piscina con sus estupendos bañadores, otras simplemente iban con ropa de deporte normal porque habían estado en la cinta de correr o quizá de la bicicleta estática.
Pero de repente se puso a mi lado una chica con las mismas pintas que yo.
Era castaña y de ojos marrones, algo muy común en España, pero aun así tenía un brillo en la mirada que la hacía de lo más especial, me pregunté cómo podía hacer que mis ojos se encendieran de tal forma.
Me miró y esbozó una sonrisa, después me preguntó:
— Perdona, ¿tú también vienes a aerobic?
La miré y asentí con la cabeza mientras me dirigía a dejar mis cosas en la taquilla, me daba bastante vergüenza admitirlo, pero oye, si ella también iba por lo menos no sería la única adolescente.
— Pensaba que solo vendrían señoras mayores. — Dije dedicándole una pequeña sonrisa.
Ella rio ante mi respuesta.
—Más o menos, soy la única persona de menos de 35 años que viene. — La chica sonrió y siguió hablando. — Soy Yoli, de Yolanda.
— Yo soy Elizabeth.
Me dio dos besos y me examinó rápidamente.
— ¿Eres nueva, no? Ósea, sé que eres nueva aquí, me refiero, ¿nunca has hecho aerobic?
— ¿Tanto se me nota? — Dije riendo.
Ella se rio conmigo y ladeo la cabeza. Se notaba el tipo de chica que era, de esas que nunca van a hablar mal de ti a tus espaldas, pude notar lo buena persona que era solo con verla. Se veía en su mirada.
— Un poco, pero ya verás que con el tiempo te gusta, yo solía venir con mi tía, pero ella ya no viene. Así que te adopto como mi nueva compañera.
— Me parece bien. — Sonreí. Era un alivio encontrar a alguien así, y más contando con lo nerviosa que venía yo de antemano.
Me agarré mi melena rubia en una coleta alta y la miré manteniendo la sonrisa.
— ¿Vamos?
— ¡Sí! — Me agarró del brazo con entusiasmo y salimos del vestuario. — Por cierto, ¿te puedo llamar Eli? Ya sabes Eli de Elizabeth.
— Sí, claro, llámame como quieras.
Nunca me habían llamado Eli, la gente solía llamarme Eliza, porque sonaba como Elisa.
Llegamos a la clase y efectivamente, solo había señoras mayores. Me sorprendió el hecho de que Yoli las conocía a todas y cada una, además conversaba con ellas como si fuera una viejita más. Eran todas majísimas.
Durante la clase estaba un poco, bueno, muy perdida, la monitora no paraba de dar giros y vueltas, la verdad es que estaba bastante mareada. Pero Yoli me ayudaba como podía (cuando no se estaba riendo de mí, claro).
Cuando acabó la clase, nos duchamos en el vestuario y nos fuimos, las dos muertas de risa y con una confianza como si fuéramos amigas de hace años. Nos despedimos en la puerta y quedamos para ir dos días más tarde.
Al despedirnos, me encaminé hacia una tienda de música que acababa de abrir, se llamaba Nini Récords, tenía bastante buena pinta. Yo solía ir a otra que estaba más cerca de mi casa, bueno, literalmente en la misma calle que está, pero Nini Récords estaba más cerca del gimnasio, así que decidí ir.
Cuando entré, sonó la campana de la puerta y la poca gente que había dentro se giró al escucharlo, avergonzada, baje los pequeños escalones y observé el lugar.
Era muy pequeño y acogedor, las paredes eran de un tono beige claro y estaban llenas de pósteres de cantantes famosos.
Había una chica atendiendo la caja y otro chico con una sudadera negra ayudando a una mujer, decidí que le preguntaría si no encontraba el disco que iba buscando.
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Editado: 05.08.2026