Cada persona tiene una rutina de los invisibles de una u otra manera también. Porque en Grendor nadie confía en la mañana pues en ella nuevos muertos aparecen y solo es una pausa incómoda entre las noches y la siguiente. El cuerpo de inocentes o de culpables que le deben a la mafia están regados su cuerpo y su sangre ensuciando las calles de Grendor porque es un castigo o el regalo más grande que le puede regalar la Zona negra. El amanecer se filtraba entre edificios enfermos y crucé el puente oxidado que separa la Zona Negra del distrito bajo. El metal cruje bajo mis botas, pero no reduje el paso porque si algo aprendí en esta maldita ciudad es que dudar llama la atención de las malas pestes y la atención mata a cualquiera. — Llegas tarde, Rhea– La voz de Jax me alcanzó antes de verlo. Estaba apoyado contra una pared lo cual me parece un descaro , fumando algo que olía peor que la basura quemada. Jaz siempre parecía tranquilo, pero sus ojos nunca estaban. Demasiado atentos. Demasiado vivo para alguien que decía no tener miedo.
— No llego tarde— respondí—. Llegó cuando pudo. Le sonrío y me pongo de frente de él . — Eso dicen los que siguen respirando. — Me lanza un pequeño cilindro metálico, lo atrape sin mirarlo y sabía que era una entrega simple y me va decir lo mismo de siempre lo cual me parece que está tardando en hablar el nene.
— Entrega simple — continuó —. Distrito intermedio no abras el paquete, no preguntes qué lleva dentro y sobre todo no cambies de ruta ¿vale?
— vale pero nunca cambió de ruta – menti.
Jaz me observó un segundo más de lo necesario luego apago el cigarro con la suela me mira y me sonríe y se da la vuelta hacia la entrada de lugar abre la puerta pero se detiene y habla con una voz gruesa pero preocupado.
— La ciudad está rara hoy.
— La ciudad siempre es rara
— No así -–- dijo — .Hay movimientos del Gobierno y cuando ellos se mueven , alguien termina desapareciendo. Con ello el entra y cierra la puerta me deja con una sensación agridulce y sobre todo con una sensación que me está vigilando más de lo normal. Pues no respondí guarde el paquete bajo la chaqueta y seguí caminando Jax no insistió. El sabe cuando callar por eso seguía vivo el mercado clandestino estaba despertando cuando pasé por allí. Voces bajas, miradas rápidas, manos nerviosas. Una mujer discutía el precio de una prótesis robada; un niño vendía baterías usadas con una sonrisa que no llegaba a los ojos. Nadie me saludo y era mejor así pues se que nadie me ignora del todo. En Grendor ese equilibrio es una forma de respeto.
— Rhea
me detuve Lena estaba sentada en las escaleras de una tienda cerrada, desmontando un arma con la calma de alguien que ya sabe que la sangre que puede correr puede ser la suya que no teme mancharse las manos. Su cabello rojo destacaba demasiado para este lugar pero para ella esconder su cabello es esconder su esencia aunque eso signifique que puede ser más fácil matarla.
– No deberías andar solo por aquí y menos hoy – Dijo sin mirarme.
– Pues siempre ando sola Lea.
– No es lo mismo.
Se levantó y se acercó su ojos recorrieron mi rostro como buscara algo que no sabía nombrar. — Anoche en la cumbre hubo un problema – añadió.-- Gente que no debería estar muerta… Pues hoy ya no está.
– Eso pasa todo los días ¿Cual es el problema? tengo que irme.
– No con tu estilo.
Sentí una leve punzada en el pecho un breve momento lo suficiente para que me incomodara. – Cuidate Lena – El hecho que Jex y Lena me dijeran que me cuidara se me hacía raro. –¡ Hazlo primero joder cuidate! - Me gritó Lena seguí camino antes de que pudiera decir algo más algunas personas preguntan sin abrir la boca, y esas son las peligrosas. El distrito veinticuatro siempre me dio mala espina demasiado ordenado. Los edificios tenían cámaras visibles y luces que nunca parpadeaban.
El tipo de lugar donde los demonios no se esconden por que no lo necesitan fue allí donde lo vi estaba apoyado contra una baranda, observando el tránsito como si no tuviera prisa por estar en ningún lado. lo cual que que es una mentira pero marica es obvio que tine prisa. Alto abrigo oscuro la clase de presencia que no grita peligro, pero lo promete.
—Rhea— dijo, como si llevara tiempo esperándome le dedique una sonrisa cautelosa de esas falsas pero convence me detuve, pero no retrocedí.
— No recuerdo haberte dado mi nombre corazón – Sonrió apenas
— Das muchas vueltas para alguien que dice no cambiar de ruta— Mis dedos se tensaron alrededor del paquete algo va pedir y rompió el silencio causalidad que se generó entre nosotros. — ¿ Qué quieres? — no se que le pasa este tipo la gente hoy amaneció con la cabeza entre las pelotas o algo asi que es la gente es tonta de remate o se le salió la locura.
— Verte caminar — Respondió — Confirmar que sigues siendo tu.
— Suena caro
— Lo soy
Hubo un silencio espeso entre nosotros, sentí el latido otra vez más fuerte como si algo dentro mi hubiera abierto un ojo ¿.
– Ten cuidado– añadió el apartándose — Grendor no perdona a quienes cree conocer sus calles y su malicia lo vi alejarse sin mirar atrás entregue el paquete minutos después sin incidentes sin preguntas que pudieran ponerse en peligro y como siempre.
Pero cuando regresó a la zona negra, la ciudad parecía observarme de otra forma: las sombras eran más largas, más grandes y, sobre todo, más robustas; los sonidos, más bajos y, por primera vez en mucho pero mucho tiempo, tuve la certeza de que alguien había dejado de verme con una herramienta, sí, esa herramienta que nos ayuda a llevar paquetes de sustancias que te llevan al otro mundo.
En Grendor, nunca es una buena señal. Esa noche, mientras cerraba los ojos, la voz regresó; no dijo nada, solo respiró conmigo. Anoche se cayó sin aviso, como siempre en la ciudad maldita. En mi ciudad no había estrellas. ni luna, solo el reflejo de los neones filtrándose por la ventana rota de mi cuarto. El colchón crujió cuando me dejé caer sobre él, todavía vestida, todavía alerta. Dormir completamente aquí es un lujo que pocos pueden permitirse.