Grendor cambia de humor según la hora, como una bestia vieja que nunca duerme de todo. Hay momentos en que la ciudad parece observarse con curiosidad y otras en los que simplemente decidió probar qué tan fácil es romperte. Esa mañana si es que podría llamarse mañana, Grendor estaba impaciente.
El encargado llegó sin aviso. No fue Jex quien lo envió esta vez y eso ya era una señal: el mensajero apareció en una pantalla pública del mercado clandestino, camuflado entre anuncios de prótesis usadas y rutas de contrabando. Tres palabras bastaron para que supiera que era por mi.
Entrega prioritaria ruta cerrada pago doble.
Me detuve frente a la pantalla unos segundos más de lo normal, la gente pasaba a mi lado sin prestar atención, como siempre porque en la zona mirar demasiado es una forma de delatarse a sí misma. Pero algo en ese mensaje no encajaba en la ruta cerrada y significaba riesgo. Pago doble significaba urgencia y urgencia es casi siempre significaba sangre.
– No debería aceptar esto.
La voz llegó desde atrás, baja pero firme no me sobresalte reconocí el tono antes de girarme Marker nunca levantaba la voz no lo necesitaba.
— no recuerdo haberte pedido algún tipo de opinión – respondí Marker era grande, ancho de hombros, grandes, ancho de hombros con cicatrices que ni intentaba ocultar. Había trabajado para la mafia, para el gobierno y para sí mismo, en ese orden. Decía que la lealtad era una palabra cara y poco rentable.
— Ese tipo de encargos no se publican así
– Continuo — Alguien quiere que lo tomes tú y eso nunca es buena señal.
— Alguien siempre quiere algo — dije – . Es la base de esta ciudad Marek me sostuvo la mirada. Sus ojos se desviaron un segundo hacia mis manos.
— Has cambiado – Murmuró — No sé cómo ni porqué pero se nota.
– No empieces
– No empiezo nada solo aviso cuando veo una grieta.
Me giré antes de que pudiera decir algo más no porque tuviera razón, sino porque no quería escucharla. Aceptó el encargo con un gesto rápido y la pantalla volvió a llenarse de anuncios inútiles. El punto de entrega apareció de inmediato : sector industrial, límite norte, una zona que incluso la mafia evitaba de noche.
Por supuesto.
Tome una ruta larga siempre lo hacía incluso cuando decían que no cambiara el camino, la costumbre es otra forma de supervivencia, mientras avanzaba, sentí la presión conocida en el pecho, apenas perceptible como un recordatorio constante.
No era una amenaza era expectativa el sector industrial estaba mas muerto que la seguridad de esta zona de una forma distinta. No había gritos ni música ni peleas, solo edificios abandonados y maquinaria oxidada que chirriaba con el viento cada paso resonaba más de lo debido cada sombra parecía quedarse un segundo más natural.
– Llegas puntual.
La voz surgió desde un balcón medio derrumbado alce la vista despacio. La mujer que me observaba llevaba abrigo claro, demasiado limpio para este lugar, su cabello oscuro estaba recogido con cuidado, y su postura era impecable, como si ese escenario no le perteneciera.
–Eso depende de para quién — Respondí bajo las escaleras sin apuro.
— Me llamo Eliana – Dijo y tú eres rhea o rhiannon depende del archivo que uno consulte. Mi pulso no se acelero, mi cuerpo ya había pasado esa etapa.
– No suelo trabajar con gente que conoce más de lo necesario – dije.
– Yo no suelo trabajar con gente que finge ser menos de lo que es.
Nos observamos en silencio ella sonrió apenas.
Nos observamos en silencio. Ella sonrió apenas.
—No te preocupes. No estoy aquí para hacerte daño. Hoy no.
Extendí el paquete.
—Pago primero.
Elian asintió y me mostró la transferencia en su dispositivo. El monto era exacto. Demasiado exacto.
—¿Qué hay dentro? —pregunté, sabiendo que no debía hacerlo.
—Una decisión —respondió—. Y no es tuya.
Le entregué el paquete y di un paso atrás. En cuanto lo hizo, sentí algo distinto. No hay peligro. No tengo miedo. Reconocimiento el latido respondió, profundo casi satisfecho.
– Cuidate, Rhea – dijo ella – algunas cosas cuando se despierta, no vuelven a dormirse por mucho que lo intenten. No espere continuará me aleje sin mirar atrás, con el peso de la ciudad cayendo otra vez sobre mis hombros. No supe en qué momento exacto empezó a llover, pero cuando me duché ya estaba empapada caminando entre reflejos distorsionados y luces enfermas. Esa noche en Grendor no me soltó soñe con la spuertas que no recordaba haber cerrado.con nombres que no pronunciaba hace años con manos que conocía demasiado bien y a despertar con el corazón aún acelerado, supe algo que me generaba una incomodad y un presión en pecho no había aceptado un encargo había sido elegido y cuando eso pasa nadie sale ileso.
Regreso a la zona negra antes del amanecer riera del todo, con la lluvia pegándose a mi piel como una segunda ropa. Cada paso me parecía más pesado no por el cansancio sino por la sensación persistente de haber cruzado una línea que no recordaba haber visto antes. El encargo había terminado, pero la presión en el pecho seguia ahi insistente , como si algo se negara a aceptar que todo había vuelto a la normalidad.
En Grendor, cuando algo no se retira después del peligro, es porque nunca fue solo peligro es una sentencia .
Me refugié bajo el alero de un edificio semiderruido y observé el movimiento de la calle. Un grupo de hombres discutía en voz baja; una mujer con los ojos hundidos negociaba información como si vendiera pan; un dron del Gobierno pasó demasiado lento para ser casual. Bajé la cabeza y ajusté el abrigo. No hice nada que llamara la atención. No era necesario. Ya la tenía.
El latido cambió de ritmo cuando crucé la plaza vieja. No fue una advertencia. Fue una respuesta. Como si algo dentro de mí reconociera el terreno, o peor, a alguien que no podía ver. Me detuve solo un segundo, lo justo para comprobar que mis manos seguían siendo mías, que mis ojos no ardían, que la ciudad aún obedecía sus propias reglas. Luego seguí caminando, sabiendo que esa comprobación no iba a bastar por mucho tiempo.