Arcadia

18-cónclave familiar

El Doctor Mackay se tuvo que llevar a la joven Didiayer casi a rastras hasta su casa. Pues, al parecer, había quedado muy afectada por lo acontecido. Después de todo, no todos los días alguien aseguraba haber visto a un muerto y mucho menos hablaba con él o recibía caramelos de regalo.

Sarah permanecía ensimismada, mirando las fotografías que habían quedado desparramadas sobre la mesa. Estaba muy pálida y sus ojos parpadeaban compulsivamente.

Mew y Gulf hablaban en voz baja mientras recogían las tazas de la mesa. Cuando Leo volvió de la puerta del frente desde donde había despedido a las visitas, miró primero a su hermana y luego a Mew y resolvió sentarse a la mesa. Invitó a Mew y a Gulf a hacer lo mismo y dijo:

- Seguro tienes muchas preguntas por hacer. Y es mejor que las hagas. Lo que podamos responderte, lo haremos.

- Háblenme de él…, de Bastian.- pidió Mew- Yo lo toqué. Él me ayudó cuando nuestra carreta sufrió aquel…accidente. Y me regaló estos caramelos. Quiero decir…, ¿desde cuándo los espíritus andan por ahí regalando cosas a los vivos? Debe de haber una equivocación. Quizá no se trate del mismo Bastian, sino de alguien parecido…- dijo Mew mirando otra vez al Bastian de las fotografías.

- Sí…, - dijo Gulf- quizás sea una coincidencia que luzca igual y se llame igual.

Sarah hizo una mueca de incredulidad.

- Mi abuela Rosalie Weiss se pasó la vida contándonos historias sobre muertos vivos. Ella aseguraba a todo aquel que quisiera oírla que podía ver a los espíritus de los que ya habían partido.

- Es cierto.- aseguró Leo- Yo mismo he oído esas historias. Pero, pobre abuela, nadie le creía. Ella decía que era un don por pertenecer a la noble descendencia de los druidas.

- ¿Y puede ser que Mew haya heredado ese don?- preguntó Gulf mirándolo fijamente.

A Mew ya le estaba empezando a molestar aquella mirada insistente. Lo hacía sentir un bicho raro.

- ¿Por qué me miras así?- le preguntó en un impulso.

Gulf pareció ruborizarse.

- Lo siento, Mew. No fue mi intención hacerte sentir mal. Y te pido que no me malinterpretes. No es una mirada mala, al contrario, es de admiración. Ojalá yo pudiera hablar con los muertos.- aclaró Gulf pensando en su padre.

Mew no pudo evitar sonreír por la ocurrencia de su amigo.

- ¿Y con quién hablarías?

- Con mi tío- abuelo Zacharías…para preguntarle dónde diablos enterró el tesoro que trajo de las islas del sur.

Todos rieron divertidos. Y en esas risas se descargaron un poco de la tensión que habían estado acumulando.

- Bastian Cooper fue compañero nuestro durante toda la primaria y parte de la secundaria.- contó Leo con añoranza- Éramos inseparables: él, tu padre, tu madre, Sarah y hasta Ruth formábamos siempre un grupo divertido.

- No me imagino a la tía Ruth siendo joven y mucho menos divirtiéndose.- comentó Mew.

- Era la más divertida de las mujeres.- dijo Leo sorprendiendo a Gulf y a Mew- Era ella la que siempre proponía las aventuras más divertidas.

- …Y las más peligrosas…- intervino Sarah con un dejo de sonrisa.

- Sí, bueno pero volvamos a lo nuestro. Bastian tenía quince años cuando una noche…se apareció de improviso aquí y nos contó que huiría de su casa porque ya no aguantaba los golpes que le daba su padre. Yo traté de hacerle entrar en razón porque sabía que no tenía adónde ir, la isla es pequeña y tarde o temprano lo encontrarían. Y si eso pasaba, su padre lo molería a golpes. Luego, mientras yo buscaba algo de dinero de los quesos para darle para que se tomara un ferry y se fuera a Tierra Firme, él se quedó hablando con Sarah…y cuando yo regresé con el dinero, Bastian ya se había ido…

Sarah reprimió un sollozo. Y de repente, no se pudo contener más y dijo, rompiendo en llanto:

- ¡Fue mi culpa! Se murió por mi culpa. Esa noche, él me pidió que yo me fuera con él. 

Leo la miró asombrado. Evidentemente, él desconocía aquella parte de la historia.

 Yo lo amaba pero le mentí. Le dije que no lo amaba, porque sentí miedo de tener que huir... y él…se marchó, tan nervioso y tan mal que sin pensarlo cumplió con lo que planeaba, irse y no volver más.

A estas alturas del relato, Mew estaba de pie, escuchando a sus tíos y con la mirada absorta clavada en la puerta. Tuvo que hacer un esfuerzo para hablar.

- ¿Y qué le sucedió…?- preguntó, conmovido.

- Esa noche…- prosiguió Leo con voz quebrada- se desató una tormenta…

- La peor que hemos tenido en cien años.- acotó Sarah, temblando.

- Parece ser que Bastian buscó refugio en la mina abandonada. Encontraron su morral pero no a él. Días después, cuando comenzó oficialmente su búsqueda al confirmar que no había abordado ningún ferry en el puerto, descubrieron que una parte de los túneles había colapsado por la tormenta.

- Nunca encontraron su cuerpo. Porque no supieron en cuál de los túneles se había metido. Pero sabemos que entró a la mina porque sus pertenencias estaban en la entrada.- dijo Sarah sin poder quitar sus ojos de las fotografías- Aquella fue la última vez que salimos de picnic con el grupo de la escuela dominical. Fue una semana antes de… ¡Si yo me hubiera ido con él, aquella noche…!



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Editado: 17.09.2023

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