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Microrrelato - La historia no contada de Cupido (The untold story of Cupid)

Original en español de @desireeCG

(versión original al final)
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Cupid was not always a winged child.
Before the mockery, before the bows and the laughter, he was a complete angel.

He descended to Earth with a simple and cruel mission: to prove that love was capable of transforming the human hell.
That even in the mud, in violence, in weary flesh, something could still be saved.
For centuries, he tried.

He joined trembling hands, ignited glances, sowed bonds where only fear had lived. But souls were hollow. Not broken: empty. They loved to possess, promised to escape, swore to survive.

And Cupid began to fail.

Each failure tore a feather from him. Each farewell made him heavier. Love didn't heal—it only revealed what was already rotten.

Weary, he descended even further.

There, the fallen angel awaited him. Not with fire or chains, but with patience. With the calm known only to those who have already lost everything.

"Love is not the key," he told him. "It's the price."

They made a pact without witnesses.

Cupid would prove his worth: each year he would bind two souls capable of loving without devouring, without lying, without fleeing. If he succeeded, those two would survive.
Not the world, but themselves.
The rest… would keep falling.

Since then, Cupid no longer shoots at random.

He watches, waits, and doubts.

He knows not everyone deserves the miracle.
He knows love doesn't save all.
Only two.
Each year.

─── ・ 。゚☆: *.☽ .* :. ───

Cupido no siempre fue un niño con alas.
Antes de la burla, antes de los arcos y las risas, fue un ángel completo.

Bajó a la tierra con una misión simple y cruel: demostrar que el amor era capaz de transformar el infierno humano.
Que incluso en el barro, en la violencia, en la carne cansada, algo podía salvarse.
Durante siglos lo intentó.

Unía manos que temblaban, encendía miradas, sembraba vínculos donde solo había miedo. Pero las almas estaban huecas. No rotas: vacías. Amaban para poseer, prometían para huir, juraban para sobrevivir.

Y Cupido empezó a fallar.

Cada fracaso le arrancaba una pluma. Cada despedida lo hacía más pesado. El amor no sanaba: solo revelaba lo que ya estaba podrido.

Cansado, descendió aún más.

Allí lo esperaba el ángel caído. No con fuego ni cadenas, sino con paciencia. Con esa calma que solo tienen los que ya lo han perdido todo.

—El amor no es la clave —le dijo—. Es el precio.

Hicieron un pacto sin testigos.

Cupido demostraría su valía: cada año uniría a dos almas capaces de amar sin devorar, sin mentir, sin huir. Si lo conseguía, esas dos sobrevivirían.
No al mundo, sino a sí mismas.
El resto… seguiría cayendo.

Desde entonces, Cupido ya no dispara al azar.

Observa, espera y duda.

Sabe que no todos merecen el milagro.
Sabe que el amor no salva a todos.
Solo a dos.
Cada año.




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