TRANSCRIPCIÓN — SESIÓN DE OBSERVACIÓN REMOTA #R07
Fecha: ██/██/██
Observador: Sujeto X-914
Objetivo: Seguimiento integral de la actividad emocional, cognitiva y física de Rose Smith (Sujeto R07) durante interacciones críticas y recuerdos relevantes de su pasado.
Nota:
El material recopilado fue obtenido mediante visión remota y trance inducido. Las percepciones del observador incluyen fragmentos emocionales y cognitivos que no pueden registrarse en un archivo convencional. Se recomienda discreción: los contenidos reflejan vivencias subjetivas de alta intensidad y no deben ser interpretados como reportes objetivos de hechos.
En una oficina oscura iluminada tenuemente por la luz que se colaba por la ventana, se encontraba Chuck Simmons escribiendo sus memorias en un cuaderno. El temblor de las manos al escribir y su respiración agitada evidenciaban el terror que sentía.
“Envié a mi esposa y a mi hija lejos de este lugar para mantenerlas a salvo. Algo me acecha. Me están cazando. Siento que mi obsesión por saber quién es Rose Smith o Maria Rumm me ha costado más de lo que alguna vez siquiera pensé sacrificar. Mis ansias de verdad no le gustaron para nada a ARCOS, lo sé. Pero más allá de las amenazas, siento que lo que me persigue es algo más, algo no humano. Tal vez sean esas cosas, los Thek'ar”.
Botas pesadas comenzaron a oírse fuera de su casa, algo que lo aterró. Cerró el cuaderno, dejó sus lentes sobre el escritorio, respiró hondo y se entregó al Todo. Al menos si lo mataban, su esposa e hija estarían a salvo ahora.
Algo golpeaba la puerta queriendo entrar y luego de un par de golpes la rompió. Un ser enorme de más de dos metros de altura se paró en el umbral con sus ojos amarillos brillando inmutables. Pronunció unas palabras que el hombre no entendió y comenzó a acercarse lentamente desenfundando una enorme espada de color rojo. La cual brillaba en la oscuridad implacable de la habitación.
Chuck cerró sus ojos. Estaba listo para morir. Pero pasados unos segundos escuchó un sonido sordo. Abrió los ojos. El Thek'ar estaba muerto y en el umbral estaba Rose. Vestida con una armadura dorada y un rostro imperturbable, entró sentándose en el sillón de su oficina frente a él. Luego vio entrar a cuatro diferentes seres. Unos que ya había visto. Altos, con su piel de un tono dorado opaco, vestidos en esas túnicas con lo que parecían piedras incrustadas.
—¿A quién molestó tanto como para que los Thek’ar se fueran de lleno contra usted? —preguntó Rose con un tono seco en su voz.
En ese momento, sollozos en la puerta llamaron su atención. Era su esposa y su hija junto a un misterioso ser. Vestido modestamente, con un dorado brillante en su piel, la cual parecía tener escamas. Su rostro irradiaba serenidad.
—¡Oh Dios! —exclamó Chuck con sus ojos llorosos.
—Debe tener más cuidado —murmuró Rose cruzando sus piernas y poniéndose cómoda—. Los Thek'ar aman usar seres queridos contra sus enemigos.
Con una seña de su mano hizo que dos de los seres altos que la acompañaban escoltaran a ambas a su dormitorio.
—Tranquilo, ellas estarán bien —soltó Rose con tranquilidad.
Chuck quedó unos segundos en shock. Hacía años que no veía a Rose y, por lo que había podido averiguar, ella estaba muerta —o, mínimo, desaparecida— en el ataque a la Organización. Pero no era lo que más le sorprendía. Lo que sí lo hacía era su presencia, su voz, su seguridad. La última vez que la vio, estaba lidiando con las secuelas del abuso qué sufrió e intentaba siquiera poder llegar a ver a su hijo a la cara.
—¿Cuántos pasaron? ¿Cinco años? —preguntó, notando que uno de los seres acercaba a Rose la carpeta con su expediente. El que él había estado recabando durante todo ese tiempo.
Ella se tomó un segundo para leer la información. Parecía sorprendida. Como si hubiera cosas que desconocía y otras que parecía reconocer bien. Lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas mientras su cabello y ojos comenzaron a danzar, cambiando de colores. En el momento en que sucedió, el ser más alto, que hasta ese momento estaba parado en la puerta, se acercó, consolándola, algo que lo sorprendió.
—Chuck, te presento a mi papá, Kaeth’Ruum —susurró Rose mientras este, dulcemente, limpiaba sus lágrimas con mucha ternura.
El doctor se paró rápidamente de su silla, extendiendo su mano hacia él.
—Un placer conocerlo —balbuceó nervioso.
Kaeth’Ruum dudó, pero devolvió el gesto esbozando una leve sonrisa al contacto con su piel.
—¿Quieres saber quién es el sujeto R07? Supongo que no hay nadie mejor que yo para responder —exclamó Rose cerrando la carpeta, pero tomando una foto del archivo.
—¿Puedo quedarme con esta? —preguntó mostrándole la foto de María, su madre.
Chuck asintió por lo que ella, la guardó con mucho cariño y cuidado.
—Estoy lista, Chuck, pregunta —soltó Rose luego de un largo suspiro que pareció más un desahogo.
—Me dijeron que estabas muerta —murmuró el hombre con cierto temor.
—Lo estuve, creo. Por unos segundos o minutos, no sé con exactitud —exclamó Rose con cierto desconcierto.
—¿En dónde estuviste todo este tiempo? —preguntó Chuck, intrigado.
—Sanando —soltó Rose como suspiro.
—Luego de todo lo que me mostraste aquella vez al tocar mi sien, no pude evitar intentar responder esa interrogante.
Rose lo miró fijamente; aún lo recordaba. Aunque no estaba segura al cien por ciento de qué le había mostrado. Se mantuvo callada, solo escuchó.
—¿Recuerdas algo de tu niñez, María Rumm? —preguntó Chuck con temor.
—María Rumm murió en la revuelta de Eidon-7, Chuck. Pero mis recuerdos son vagos. No recuerdo a mi mamá —susurró tomando la foto que había guardado y observándola con tristeza.
—Lo que sí recuerdo es que María Rumm era una máquina de guerra, no una niña. Criada y entrenada para matar, ella solo pudo ver la podredumbre y maldad humana.
#4545 en Otros
#1078 en Relatos cortos
#2163 en Thriller
#991 en Misterio
cuentos cortos y relatos, misterio terror suspenso, ciencia ficcion militar
Editado: 16.03.2026