Ardiendo Por Ti

Prologo

Emris Gallagher

Seis años antes

Hay decisiones que te cambian la vida.

Y luego están las que te persiguen durante años.

La diferencia entre ambas es que las primeras suceden.

Las segundas no.

La música proveniente del interior de la casa de Noah vibraba a través de las ventanas abiertas mientras permanecía sentado sobre el asiento de mi motocicleta, observando las luces del vecindario.

La fiesta de despedida llevaba horas en marcha.

Demasiada cerveza.

Demasiadas risas.

Demasiados recuerdos.

Y una sola persona ocupando mis pensamientos.

Apreté la mandíbula.

Maldita sea.

No debía estar pensando en ella.

No de esa manera.

No cuando era la hermana pequeña de mi mejor amigo.

No cuando apenas comenzaba su vida.

No cuando yo era cuatro años mayor.

No cuando tenía planeado marcharse al amanecer para empezar la universidad en otra ciudad.

Escuché la puerta principal abrirse detrás de mí.

No necesité girarme para saber quién era.

Había aprendido a reconocer sus pasos hacía años.

──Sabía que te encontraría aquí.

Su voz provocó el mismo efecto de siempre.

Levanté la mirada.

Y ahí estaba.

Xevia Lane.

Cabello oscuro movido por la brisa nocturna.

Pecas desperdigadas sobre sus mejillas.

Y aquellos ojos imposibles.

Uno miel.El otro verde con destellos dorados.

Todavía no entendía cómo una persona podía ser tan bonita sin intentarlo.

──¿Escapando de la fiesta? ─pregunté.

Ella se encogió de hombros.

──Quizás.

Sonrió.

Y sentí algo incómodo en el pecho.

Algo que llevaba demasiado tiempo ignorando.

Porque durante años había fingido que era la hermana de Noah.

Solo eso.

Nada más.

Mientras mi cabeza repetía una mentira que mi corazón jamás creyó.

Xevia se sentó a mi lado sobre el asiento trasero.

Nuestros hombros casi se rozaron.

Demasiado cerca.

Y no lo suficiente.

──Voy a extrañar este lugar.

La observé de reojo.

Por primera vez parecía nerviosa.

Vulnerable.

Real.

No la chica valiente que siempre fingía tener todo bajo control.

──Vas a regresar.

──No lo sé.

Sus palabras me hicieron fruncir el ceño.

──¿Qué significa eso?

Xevia soltó una pequeña risa.

──Significa que quizás encuentre algo mejor allá afuera.Algo más grande,algo diferente.

Bajó la vista.

──No quiero pasar toda mi vida preguntándome qué hubiera pasado si me hubiera atrevido.

Las palabras impactaron más fuerte de lo que deberían.

Porque ese era exactamente mi problema.

Yo sí sabía qué era preguntarse eso.

Lo hacía cada vez que la veía.

Cada vez que sonreía.

Cada vez que tenía que recordarme que estaba prohibida.

El silencio se instaló entre nosotros.

Pesado.

Incómodo.

Lleno de cosas que ninguno se atrevía a decir.

Hasta que ella habló.

Muy despacio.

──¿Alguna vez te has arrepentido de algo?

La pregunta me golpeó como un puñetazo.

Porque la respuesta estaba sentada a menos de un metro de mí.

La observé.

Y durante un segundo pensé en decirlo.

Pensé en confesarle que llevaba años intentando olvidarla.

Pensé en decirle que cada vez que aparecía en una habitación mi atención la encontraba primero.

Pensé en decirle que estaba enamorado de ella.

Pensé en pedirle que se quedara.

── Si… ── Iba a seguir hablando pero entonces escuché la voz de Noah llamándonos desde la casa.

Y el momento desapareció.

Así de fácil.

Así de rápido.

Como suelen desaparecer las cosas importantes.

Xevia se puso de pie.

──¿Dijiste algo?

Negue.

Sin moverme.

── Deberíamos entrar no vaya a ser que Noah malinterpretar las cosas

Asentí con ganas de tomarla de la mano para detenerla.

Pero al final me acobarde como siempre asi que la deje irse

Sin decir una sola palabra.

La observé alejarse hacia la casa.

Y algo dentro de mí supo exactamente lo que acababa de ocurrir.

Había perdido mi oportunidad.

La única que iba a tener.

Porque algunas historias comienzan con una declaración de amor.

La nuestra comenzó con un silencio.

Y pasaría los siguientes seis años deseando haber roto ese maldito silencio aquella noche.




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