Ardiendo Por Ti

2.¿deber o preocupación?

Emris Gallagher

Las emergencias no esperan a que termines el café.

Ni a que respires.

Ni a que te prepares mentalmente para lo que está por venir.

Simplemente llegan.

Y arrasan con todo.

El pitido del localizador rompió la tranquilidad de la estación como un disparo.

Todos nos pusimos en movimiento al mismo tiempo.

Las conversaciones murieron.

Las tazas quedaron olvidadas sobre la mesa.

Las botas golpearon el suelo mientras corríamos hacia los casilleros.

──¡Incendio estructural! ¡Posibles víctimas atrapadas! ──gritó el capitán desde el otro extremo del garaje.

Mi pulso aumentó automáticamente.

No por miedo.

Por costumbre.

Cuatro años en el cuerpo de bomberos me habían enseñado que el segundo más importante de una emergencia era el primero.

Abrí mi casillero de un tirón.

En menos de un minuto llevaba puestos el pantalón ignífugo, la chaqueta, el arnés y el equipo de respiración.

A mi lado, Dante terminaba de ajustarse el casco.

──Dicen que el fuego empezó en los pisos inferiores.

Asentí mientras comprobaba por última vez mi regulador.

──¿Víctimas confirmadas?

──Todavía no.

Subimos al camión.

El motor rugió con fuerza.

Las puertas de la estación comenzaron a abrirse lentamente.

Las sirenas rompieron el tráfico de la ciudad.

A través del parabrisas observé cómo los coches se apartaban para dejarnos paso.

Siempre me había parecido curioso.

Bastaban unas luces rojas y un sonido estridente para que todo el mundo entendiera que alguien, en algún lugar, estaba viviendo el peor día de su vida.

Apoyé el casco contra el respaldo.

Miré por la ventana.

Y, sin saber por qué, una imagen cruzó fugazmente por mi cabeza.

Una chica de ojos imposibles.

Pecas sobre la nariz.

Una sonrisa tímida.

Habían pasado seis años.

Seis malditos años.

Y seguía apareciendo cuando menos la esperaba.

Negué con la cabeza.

No era momento para fantasmas.

La radio del camión volvió a cobrar vida.

──Central para Unidad 14. Se confirma una mujer atrapada junto a un menor de edad en el sexto piso. Parte de la estructura colapsó y bloqueó la salida.

Todos dentro del vehículo guardamos silencio.

Miré a Dante.

Él me sostuvo la mirada.

No hizo falta decir nada.

Sabíamos exactamente cuál era nuestra misión.

Entrar.

Encontrarlos.

Y sacarlos con vida.

El camión apenas se había detenido cuando saltamos al pavimento.

El calor nos golpeó incluso antes de cerrar las puertas.

Las llamas escapaban por varias ventanas del edificio y una columna de humo negro ascendía hacia el cielo, visible desde varias calles a la redonda.

El capitán empezó a repartir órdenes sin perder un segundo.

──Dante, revisa el suministro de agua.

──Miller, conmigo al lado oeste.

──Gallagher, toma un equipo de búsqueda y entra por la escalera principal. Tenemos reporte de una mujer y un menor atrapados en el sexto piso.

Asentí.

No hacía falta decir más.

Me coloqué la máscara de respiración y comprobé la presión del cilindro de aire.

Noventa por ciento.

Suficiente.

A mi lado, Dante terminó de equiparse.

──¿Listo?

Levanté el pulgar.

Entramos.

El humo reducía la visibilidad a apenas unos metros.

El haz de nuestras linternas cortaba la oscuridad mientras avanzábamos pegados a la pared.

La temperatura aumentaba con cada escalón.

Primer piso.

Segundo.

Tercero.

La estructura crujía de una forma que no me gustaba.

Muy poco.

Demasiado constante.

Por la radio llegó la voz del capitán.

──Unidad uno, informan que la víctima femenina ingresó voluntariamente para rescatar al menor.

Fruncí el ceño.

Eso cambiaba las cosas.

No estábamos buscando a alguien que hubiera quedado atrapado por accidente.

Estábamos buscando a alguien que había decidido entrar.

Seguimos ascendiendo.

Cuarto piso.

Quinto.

En el descanso de la escalera encontramos parte del techo derrumbado.

Tuvimos que apartar fragmentos de concreto para abrirnos paso.

Cada minuto que pasaba era un minuto menos de oxígeno para las personas atrapadas.

Cuando alcanzamos el sexto piso, el panorama era peor de lo esperado.

El pasillo estaba cubierto de humo.

Varias puertas habían cedido por el calor.

Y una enorme viga atravesaba el corredor bloqueando casi por completo el acceso al apartamento 603.

Dante soltó un silbido bajo.

──No vamos a pasar por ahí.

Apunté la linterna hacia la pared lateral.

Calculé distancias.

Luego miré la distribución del edificio que había memorizado durante el trayecto.

──Entramos por el 601.

──¿Y atravesamos?

Asentí.

──Las paredes internas son de tablaroca. Será más rápido que mover media estructura.

Dante sonrió detrás de la máscara.

──Sabía que para algo servían tantas horas revisando planos.

No respondí.

Ya estaba golpeando la primera pared con el hacha Halligan.

El yeso se quebró.

Después los perfiles metálicos.

Un agujero.

Luego otro.

El camino empezó a abrirse poco a poco entre un apartamento y el siguiente.

Al otro lado solo esperaba encontrar dos desconocidos.

Eso era lo que pensaba.

Hasta que, en medio del ruido del incendio…

escuché una voz femenina.

Clara.

Serena.

Cansada.

──Mírame,eso es.Necesito que sigas respirando conmigo.Uno…Dos…Muy bien.Lo estás haciendo perfecto.

Mi cuerpo se quedó inmóvil durante una fracción de segundo.

Había algo en esa voz.

Algo absurdamente familiar.

Algo que no escuchaba desde hacía años.

Sacudí la cabeza.

No podía permitirme distracciones.




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