ABIGAÍL:
La niebla cubre Blackwater Hollow como una criatura viva acechando. Se desliza entre las casas hinchadas por la humedad, se aferra a los techos podridos, se enrosca en los árboles retorcidos que bordean las calles. Es un manto pesado que aplasta los colores, apaga los sonidos, borra las formas. Aquí, el verano es un mito; una historia que se cuenta como si alguna vez hubiese existido. El frío es constante, un susurro húmedo que no acaricia, sino que se aferra, como dedos insistentes sobre la piel.
Me llamo Abigaíl Barker, nací aquí, y, sin embargo… siempre he sentido que el pueblo intenta expulsarme. O tragarse algo de mí.
Mi familia dice que no invente tonterías, que en Blackwater Hollow todo está en orden, que nada es digno de preguntas. Pero dentro de mí, desde que tengo memoria, habita una sensación terrosa, áspera, como una voz detrás de una pared muy antigua que nadie más puede oír.
Esta mañana, la niebla es más densa que de costumbre. Mis pasos resuenan en los adoquines húmedos, un eco sordo que la bruma absorbe casi al instante. El pueblo entero parece conteniendo el aliento. Las casas, todas iguales, todas grises, todas muriendo lentamente; observan con sus ventanas empañadas como ojos cansados.
Siento, como siempre, que algo falta. O que algo se acerca.
Paso frente a la tienda de antigüedades. Las ventanas están tan cubiertas de polvo que parecen tapiadas. Nada se mueve dentro. Nada cambia. Es como si el tiempo hubiera decidido detenerse justamente allí. Blackwater Hollow siempre ha tenido rincones que parecen esperar. Algo. A alguien.
El camino me conduce inevitablemente hacia la playa. El final del pueblo. El borde del mundo.
La arena negra, fría incluso en verano, se mezcla con la niebla espesa que devora el horizonte. El mar ruge, oscuro y agitado, como si peleara contra una presencia invisible que tratara de someterlo. La espuma se desvanece antes de tocar del todo la orilla, como si la bruma la devorara en silencio.
Cada dieciocho años, alguien desaparece aquí. Es el ciclo del pueblo. Una verdad que nadie dice en voz alta, pero que todos conocen. Las familias callan. Los padres evitan mirar a sus hijos. Y las miradas… las miradas siempre siguen a quienes son distintos.
A mí.
La brisa agita mi cabello y me obliga a entrecerrar los ojos. El aire está helado, pero no retrocedo. Hay algo en esta frontera entre mar y niebla que me llama. Algo que quizá siempre lo ha hecho.
Es entonces cuando lo veo.
Una figura se recorta entre la bruma, inmóvil, como si hubiera estado allí desde antes de que yo naciera. Alta, firme, completamente ajena al paisaje. La niebla parece rodearlo sin tocarlo, como si no se atreviera.
Mi respiración se detiene. Él gira la cabeza con lentitud. Y nuestros ojos se encuentran.
Un estremecimiento me recorre de pies a cabeza, tan rápido que casi no puedo sostenerme. Sus ojos no deberían existir juntos en un mismo rostro: uno azul, vibrante, casi luminoso; el otro gris, tan pálido que parece hecho de niebla solidificada.
Siento que algo se tensa dentro de mí, como si un hilo invisible uniera ese ojo gris a mi pecho.
No me mira como se mira a una desconocida. Me mira como si me reconociera. Como si hubiese estado esperándome.
El mar lanza una ola más fuerte de lo normal, y la espuma salpica mis tobillos, helada. Aun así, no aparto la vista.
Mi voz sale antes de que pueda detenerla:
—¿Quién eres?
Él no responde. No de inmediato.
Una leve sonrisa (o la sombra de una) se forma en sus labios. No es amable. No es hostil. Es… como si probara mi pregunta en silencio.
Cuando habla, su voz parece surgir desde el interior de la niebla misma:
—¿Sabes lo que ocurre en Blackwater Hollow?
Mi corazón golpea con violencia. ¿Él lo sabe también? ¿El ciclo? ¿Las desapariciones?
Abro la boca para responder, pero un grito desgarrador corta el aire como una cuchilla. Un grito humano. Cercano.
Giro la cabeza apenas un instante.
Cuando vuelvo a mirar, la figura ya no está. La niebla lo ha devorado, sin huellas, sin rastros, sin lógica.
Solo queda el eco de su voz repitiéndose dentro de mí, como una advertencia que aún no sé cómo comprender.
Como si acabara de abrirse una puerta que no debí tocar.
#1016 en Thriller
#438 en Misterio
#2038 en Fantasía
#930 en Personajes sobrenaturales
Editado: 05.06.2026