Arenas Blancas

48

Correr riesgos, no dejar de pensar en él, violar la ley al introducirse sin permiso en el bungaló de unos desconocidos, ¿solo para venir a botarlo todo a la basura? No, Carrie estaba muy segura de no querer hacer eso, aún más habiendo escuchado los consejos de Amanda la noche anterior. Verdaderamente se sentía arrepentida. Salió rumbo a clase con la idea de llamarlo durante el receso del almuerzo, le pediría excusas por las palabras pronunciadas, por su reprochable comportamiento, por lo incomprensiva que había sido. Sintió ganas de estar al lado de él, de abrazarlo y de besarlo, de tomar una caminata por la playa, de observar el atardecer a su lado, y por qué no, de llegar a amanecer entre sus brazos. Disfrutó la clase, su pensamiento repartido entre su trabajo y lo que habría de hacer en unas pocas horas. Le daba ánimo saber que antes de terminar el día estaría nuevamente sonriéndole a su Santiago, a aquel que nunca debió dejar tirado en aquel restaurante. El paso del tiempo le pareció algo menos demorado de lo que había esperado; el corto receso de las diez de la mañana solo le dio el chance de tomarse una limonada fría y cruzar algunas palabras con un par de sus alumnos. La hora de clase antes del almuerzo fue divertida, gracias a un juego de preguntas y respuestas que se inventó y que todos gozaron mientras aprendían. Al poner sus pies por fuera del aula, siendo las doce y cinco del medio día, tuvo la sorpresa de encontrarse con Verónica, quien luciendo una minifalda de tono crema y una blusa strapless verde claro, parecía estar esperándola.

–¡Hola, esto es una sorpresa!

–Carrie, te estaba esperando, quiero hablar contigo –Verónica mostró una leve sonrisa.

–Debe ser algo importante…

–¿Tienes tiempo?

–Dos horas antes de tener que regresar.

Las dos amigas se encaminaron rumbo a la cafetería situada junto a una de las piscinas, con la idea de almorzar y conversar acerca del tema que Verónica tenía entre pecho y espalda. Una vez ordenaron lo que deseaban comer, y después de conversar sobre temas sin ninguna importancia, a Carrie le pereció que Verónica quería tocar el tema por el cual la había estado esperando a la salida del salón de clases.

–Carrie, yo te quería preguntar algo…

–Pregunta lo que quieras –la norteamericana mostró una sonrisa.

–¿Es verdad que estás saliendo con Santiago?

Carrie nunca le había dicho a Verónica que conocía a Santiago, aunque supuso que de alguna manera, durante las últimas horas, ella se habría visto con él y se habría enterado de todo.

–¿Él te lo dijo?

–Sí, chica, pero es que tú nuca me dijiste que lo conocías, y menos de que fueras su novia, y me hiciste quedar como toda una imbécil… –el tono de Verónica estaba lejos de ser calmado.

–¿Te hice quedar mal? –Carrie frunció el ceño.

–Pues claro, tú sabías que él me gustaba, yo confié en ti y te lo conté todo, y tú no fuiste capaz de decir nada.

Lo que siguió fue un corto silencio mientras el mesero servía los platos ordenados.

–Tienes razón, perdóname, pero es que no quería que nadie se enterara de lo que me pasó… –Carrie se mordió el labio inferior.

–¿Cómo así? –Verónica se ocupó en su lasaña mientras esperaba la respuesta de su amiga.

–Porque tú sabes lo que me pasó a mí, Santiago te lo dijo, y yo no quería que ni tú ni nadie supieran que yo era aquella persona que estuvo presa.

–Entonces dejaste que yo hablara, que te contara todo… que estúpida debí haber quedado contigo…, hablándote del que me gustaba mientras tú por dentro te estarías riendo, pensando que ya era tuyo… ¿Qué te costaba decírmelo?

–Ya te lo dije, para mí fue muy duro lo que me pasó, y estoy tratando de dejar eso atrás, de olvidarlo…, y lo último que quería era que mis nuevos amigos se enteraran… –Carrie sintió un nudo en la garganta.

–Bueno, pues ya todo el mundo lo sabe… Después de la fiesta de anoche… lo tuyo ya no es un secreto.

–¿Cómo así? –preguntó una sorprendida Carrie, sus ganas de probar su mojarra frita totalmente desaparecidas.

–Claro, si tú me lo hubieras contado desde el principio yo habría guardado el secreto, pero como no me tuviste confianza…

–¿Y anoche se lo contaste a todo el mundo? –Carrie no podía creer lo que estaba escuchando.

–Digamos que entre tu noviecito y yo lo hicimos, o por lo menos hablamos al respecto.

–¿Santiago también lo hizo?

–Pues no se podía quedar callado después de que yo le pedí que aclarara las cosas, y solo te digo que ahí estaban Fabio, Alan y otra gente que tú no conoces.

¿Por qué su novio había tenido que hablar de ella, y sobre todo de aquel tema que ella consideraba tan personal? Pero sabía que parte de la culpa la tenía ella al no haber confiado en Verónica. Eran evidentes la envidia y los celos que su amiga estaba sintiendo, mezclados con la furia que le provocaba el haberse sentido haciendo el ridículo, lo que muy seguramente la habría llevado a ventilar el tema la noche anterior delante de todos sus amigos.

–Supongo que tengo que hablar con él… –Carrie tenía la mirada perdida.




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