Arenas Blancas

52

Nunca se había divertido como lo estaba haciendo ahora. Las ocurrencias de Fabio habían logrado que no parara de reír, desde el momento en que alquilaron un cuatriciclo de pedales para recorrer las calles del turístico sector, pasando por el momento en que cenaron arepas rellenas sentados en un andén, y por el baile del que ahora disfrutaba en una discoteca carente de formalidades. En medio de los buenos momentos, la música y la cerveza fría, su mente permanecía lo suficientemente ocupada como para acordarse de lo que había sucedido con Santiago. Solo sabía que la excesiva acumulación de sufrimiento de los últimos meses le daba derecho a olvidarse de todo lo malo y disfrutar de las cosas que la hicieran sentir joven, con vida, con ilusiones y con ganas de vivir. No quería más problemas, más ratos amargos, solo quería aprovechar las cosas buenas que ofrecían Santa Marta, su nuevo trabajo y sus nuevas amistades. Si el destino se encargaba de permitirle arreglar las cosas con Santiago, no dudaría en tomar la oportunidad, pero por ahora solo quería olvidar y divertirse en nombre de sus amigas que continuaban encerradas, y en nombre de los largos días en que sus ojos solo habían tenido gruesos ladrillos blancos para observar.

–Pero estás bailando mejor que la hembrita esa a la que le gustan las hembras –le comentó Fabio apenas volvieron a la mesa, después de haber bailado un par de canciones.

–Si estás hablando de Kim, estás loco –Carrie refrescó su garganta con un par de sorbos de su bebida–. Ella es experta…

–Pero mira que tú estás aprendiendo rapidito.

–Me imagino que tengo un buen profesor… –la mirada de Carrie estuvo cargada de aquella coquetería a la que no estaba acostumbrada.

–Ven acá, lo que pasa es que, si este ambiente no te suelta, entonces no te suelta nada.

No tardaron en regresar a la pista de baile, cautivados por los ritmos de la música caribeña, de la cual Carrie se empezaba a enamorar. El ambiente no podría ser mejor, a pesar de no tratarse de un fin de semana, gracias a la presencia de varios grupos de turistas y a la personalidad descomplicada y alegre de los locales que colmaban el lugar.

–Todos los manes no han parado de mirarte en toda la noche –le susurró Fabio al oído antes de llevarla a dar una vuelta en medio de una rápida canción de merengue.

–Será porque estoy haciendo el ridículo con mi manera de bailar –dijo ella entre risas.

–Carrie, tú ya sabes que no es por eso…

–Entonces será por lo que estoy descalza y las demás llevan zapatos…

–Y mucho menos por eso, mira esa pelada que también se quitó los zapatos –Fabio le señaló una muchacha bailando descalza a pocos metros–, y a ella no la está mirando nadie.

–Pero es que ella se los quitó hace poco, en cambio mi naturaleza es andar descalza.

–Linda naturaleza, porque tú eres bella de pies a cabeza… No jodaaa, eso me salió en verso, pero es la verdad… Eso no se discute –las palabras de Fabio provocaron la risa de ella.

Para Carrie, la razón de las miradas nacía en las diferencias raciales y no en la supuesta belleza que su amigo sugería. Pensaba que Verónica, Amanda y la maldita Penélope eran más lindas que ella, y que solo era la diferencia entre suramericanas y norteamericanas lo que llamaba la atención de los hombres y de algunas de las mujeres que la miraban. Sabía que no era fea, pero pensaba erróneamente que estaba lejos de igualar a aquellas bellas muchachas colombianas.

–Solo porque yo te guste no significa que sea bella de pies a cabeza, como dices tú.

–Y que también le gustes a tu novio y que todos los demás opinen que eres la más linda que ha llegado a estas tierras en los últimos doscientos años…

Carrie volvió a reír antes de hablar nuevamente.

–¿Y quiénes son los demás?

–El viejo Alan… y Vero también me dijo que eras muy linda, además que esa hembrita, Kim, la que andaba con tu jefa, no hacía más que mirarte la otra noche… Pueda que se haya cuadrado con la otra, pero yo creo que tú le gustas.

–Pero conmigo perdería su tiempo…

–Menos mal… No me imagino un bizcochito como tú con gustos raros.

–¿Bizcochito?

–Sí… –Fabio sonrió antes de continuar–, es la palabra que usamos para referirnos a una hembrita linda… Pero viene de bizcocho que es como un pastel… y como los pasteles son ricos…

–¿Eso significa que yo soy rica? –preguntó ella, la sonrisa traviesa en su rostro.

–Muy rica, pues no sé si de billete, pero en físico eres millonaria.

Fabio demostraba estar totalmente convencido de los atractivos de Carrie, mientras que Santiago había preferido coquetear con otra muchacha después del primer altercado que se había presentado en la corta relación, algo que no parecía dar seguridad alguna a la joven instructora de inglés.

–¿Hay algo que no te guste de mí? –preguntó ella cuando regresaron a la mesa, la pícara sonrisa en sus labios.

–No creo, hasta tu novio me cae muy bien…

–Yo no sé si eso vaya a funcionar, solo esperó a que tuviéramos la primera pelea para irse detrás de otra –Carrie apretó los labios.




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