Se pintaba las uñas de pies y manos cuando escuchó el citófono. La encargada de la recepción le informó acerca de un muchacho llamado Fabio, quien preguntaba por ella. La tristeza y desilusión, sentimientos cada vez más fuertes en su corazón, le dieron el impulso y las ganas de charlar con alguien más, ¿y quién mejor para eso si no aquel amigo con quien se había besado el día anterior? Minutos después, al sentir el toque en la puerta, no vaciló en abrirla y hacerlo seguir. El pico en la mejilla no se hizo esperar, mientras sus ojos admiraban la llamativa camiseta de rayas horizontales, vestida por el muchacho de los ojos verdes, la cual lo hacía lucir supremamente atractivo.
–Me encanta este olor, re bacano –dijo Fabio sentándose a un costado del sofá, su mano llevando el pequeño frasco de esmalte abierto hasta su nariz.
–Me estaba pintando las uñas… –Carrie extendió lo dedos de las manos hacia él.
–Me gusta el rojo en las mujeres –Fabio miró sin disimulo los pies y las manos de su amiga.
–Tienes suerte, la mayoría usamos el rojo…
–Yo sé, se ven más bacancitas así.
–¿Quieres tomar algo?
Cinco minutos después se encontraron saboreando sus respectivas cervezas. La conversación era amena, Carrie no paraba de reír mientras Fabio se divertía relatando graciosas anécdotas de su reciente pasado. Un poco más de media hora después, al pararse ella a servir una segunda ronda de cervezas, él le preguntó por Santiago.
–Yo creo que él es algo del pasado… –respondió ella con la mirada perdida.
–´errrdaaa, ¿estás segura de eso?
–Lo traté de contactar y no ha respondido mi llamada… y mira la hora que es –el reloj marcaba las ocho de la noche.
–Bueno, puede que esté bastante ocupado… Ya tú sabes, debe andar en cosas con los papás o con la hermana…
–¡Ya, Fabio! –Dijo Carrie subiendo el tono de voz–, deja de defenderlo… Está en vacaciones, no está estudiando, tampoco trabajando… Imposible que no pudiera sacar cinco minutos de su tiempo para llamarme.
–Bueno, Carrie, no lo sé, hoy no he hablado con él, pero cálmate…
–Mira, lo llamé cuando salí de trabajar, ha tenido toda la tarde para llamarme… y nada.
–No quiero discutir contigo… –a pesar de la ofuscación de Carrie, Fabio no perdía su sonrisa.
–Perdona –dijo ella agarrándole la mano mientras se volvía a sentar–, es que me da rabia que la gente no se comprometa.
–Bueno, no lo sé, eso es cosa entre ustedes… –Fabio le soltó la mano.
–Ya no hablemos más de él, más bien deberías acompañarme a la playa.
–¿Quieres darte un baño nocturno? –la sonrisa socarrona de Fabio se hizo evidente.
–Nada de baños, hay una fiesta de un grupo de turistas de mi país, también va a estar Amanda, y ellos quieren que yo vaya.
–Mira que yo no hablo inglés, además… ese no es mi ambiente.
–Ven, te prometo que voy a pasar todo el tiempo contigo –se sentía atraída por Fabio; el atractivo muchacho parecía reunir un sinnúmero de cualidades, además de tener la más importante de todas: hacerla olvidar de Santiago.
–Carrie –dijo él mirándola directo a los ojos–, tú sabes que tú me gustas full, y también sabes que yo respeto lo que tienes con el viejo Santi…
–Ya te dije que no tengo nada con él –lo interrumpió ella volviendo a subir el tono de voz.
–Bueno, pero…
–No hay peros, si te gusto, ¿por qué no aprovechas tu oportunidad?
–Carrie, ¿tú en serio te meterías conmigo?
–¿Por qué no? Eres bonito, buena persona, me haces reír… y creo que no tienes novia…
–No, no tengo novia, y sería feliz si tu fueras mi hembrita, pero es que yo quiero una vaina seria, ¿si me entiendes?
La confusión en el cerebro de Carrie empezaba a dar paso al sentido pragmático manejado por ella y la mayoría de sus compatriotas. El sentimiento hacia Santiago era grande y especial, pero todo apuntaba en la dirección de las dificultades. El problema se había originado por su culpa, por los efectos ocasionados debido a su injusto encierro, por las secuelas dejadas en su carácter, pero pasar más de dos días sin poder arreglar las cosas no era una buena señal; lo último en el conjunto de sus deseos era tener un novio con el cual se viese obligada a pasar demasiado tiempo en medio de la incertidumbre y el desasosiego.
–Fabio, yo creo que soy una persona seria.
–´erda, Carrie, ¿es que tú me estás diciendo que aceptarías cuadrarte conmigo?
Era la hora de la verdad; no quería jugar con Fabio, tampoco con ella misma, pero tampoco quería perder la oportunidad de andar con un muchacho capaz de hacerla reír y gozar como él lo había logrado hasta el momento.
–Tú eres… genial, sería una tonta si no me diera cuenta…
–No lo sé, Carrie… Mira, yo creo que tú debes aclarar tu cuento con el viejo Santi… primero…
–Y dale otra vez con eso… –Carrie meneó la cabeza rápidamente mientras torcía los labios.