Arenas Blancas

64

El tener a Santiago a su lado era lo único capaz de mantenerla un poco alejada de su malestar. El dolor en la cadera y en su brazo se sumaba a su dolor espiritual. La amenaza realizada por Verónica, además de su supuesto ataque a la vivienda de Penélope, terminaban de confirmar la relación entre la estudiante de fisioterapia y Santiago, algo de lo cual ya había sospechado, pero sin embargo alguna desconocida razón la había llevado a guardar la esperanza de estar observando tan solo el caso de una amistad. Así mismo reconfirmaba su error, al no haber tenido la comprensión suficiente con Santiago y haberlo dejado botado aquella tarde. Ahora parecía ser demasiado tarde para tratar de arreglar las cosas, aunque le llamó mucho la atención el haber sido rescatada por él, justo en el momento crucial. De no haber sido por su intervención, probablemente no estaría montada en aquel vehículo, y en su lugar podría estar recibiendo toda clase de golpes por parte de Fabio y sus amigos. ¿Por qué se había molestado en apresurarse a llegar hasta el resort para salvarla de ser atacada, cuando estaba al lado de su nueva novia atendiendo una situación comprometedora en la clínica de la ciudad, y al mismo tiempo arriesgando su integridad ante unos muchachos salidos de sus casillas y sedientos de venganza? Pero no era el momento adecuado para hacer preguntas teniendo a Fabio viajando en el asiento delantero, junto al conductor. Lo mejor sería esperar hasta la llegada de un mejor momento.

Aunque Carrie lo tomó como una sorpresa, bien sabía la clase de panorama con el cual tendría que enfrentarse en la clínica de El Rodadero. Después de haber dejado sus datos y la información acerca de sus dolencias con la enfermera encargada de la recepción, y de ser informada de pasar a sentarse en la pequeña sala de espera hasta el momento de ser llamada, se topó con la imagen de aquella hermosa muchacha, la encargada de haberle arrebatado a la única persona en Colombia con quien creyó tener una relación especial. Penélope se quedó mirándola antes de ofrecerle una linda sonrisa, gesto totalmente inesperado dadas las circunstancias del momento. Un poco más al fondo de la pequeña sala se encontraba Amanda, distraída en medio de una conversación con una mujer de uniforme blanco. Se sorprendió aún más al ver cómo Penélope se ponía de pie, y en lugar de saludar a Santiago, se le acercó mostrando una linda sonrisa.

–Carrie, ¿estás bien? –preguntó Penélope cuando estuvo a tan solo un metro de la norteamericana.

–¿Cómo sabes que yo soy Carrie? –ella mostró extrañeza.

–Entraste con Santiago y Fabio…, además tienes una carita de gringa muy bonita… –respondió Penélope sin dejar de sonreír.

Carrie no lo podía creer. ¿Acaso no se suponía que esta muchacha era su rival? ¿Cómo era posible que la tratara de una manera tan especial?

–Gracias, me duelen la cadera y el brazo, por eso es por lo que estoy aquí, y me imagino que tú eres la novia de Santiago…

–Supongo… –respondió una tímida Penélope mostrando cómo el rubor invadía sus mejillas.

–Llegué justo a tiempo, pero igual ella se desmayó y al caer se pegó en el brazo y la cadera… –intervino Santiago con una clara intención de desviar el tema.

–Mira que nosotros no le hicimos nada –dijo Fabio, sus ojos en el rostro de Penélope–, todo pasó como lo acaba de decir el viejo Santi.

–¡Carrie! ¿Pero qué haces aquí? –una sorprendida Amanda había dejado de hablar con la enfermera y se acercó rápidamente a ellos. La joven norteamericana saludó a su amiga con un fuerte abrazo, le brindó una enorme sonrisa y pasó los siguientes minutos relatando lo sucedido.

–¿Y te duele mucho? –preguntó Amanda al final del relato, mientras se mostraba realmente preocupada y no paraba de mirar el brazo y la cadera golpeada de su amiga.

–Creo que no es grave, pero ellos insistieron en que viniera –Carrie movió levemente la cabeza, señalando a los dos muchachos con los cuales se había besado.

–Es mejor prevenir, pero ven y te sientas –Amanda le señaló una de las sillas desocupadas.

Según lo contado por la subgerente del resort y por la estudiante de terapia física, a Kim le estaban practicando un lavado de estómago con el fin de liberarla de las bebidas y comidas culpables de su malestar. Amanda se vería obligada a esperar un par de horas hasta el momento en el cual su amiga fuera dada de alta. Por su parte, a la mamá de Penélope le habían cogido cinco puntos en el brazo, pero aún permanecía en observación debido a un leve ataque de nervios causado por el sorpresivo ataque a su vivienda.

–Esto es una locura –dijo Carrie, empezando a sentir el agotamiento y los efectos de la resaca.

–Bueno, solo falta esperar a ver qué nos dicen de tus dolores –comentó Amanda.

–Y averiguar quién lanzó la piedra –adhirió Santiago, paseando su mirada por los rostros de Carrie, Amanda y Penélope.

–Eche, primo, tú dijiste que fue Vero la que amenazó con hacer algo, yo creo que esa parte está clara –opinó Fabio.

–Pero tenemos que estar seguros –intervino Penélope–, mira que antes todos pensábamos que había sido Carrie…

–Es verdad, pero igual toca tener mucho cuidado, quien quiera que haya sido puede volver a atacar –dijo Santiago mientras meneaba la cabeza.

–Qué pena hablar como lo voy a hacer –intervino Amanda–, pero si el problema se debió a los celos, y si Carrie no fue, Fabio tiene razón, la culpable no puede ser otra más que Verónica.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.