Arenas Blancas

69

Santiago despertó sintiéndose desubicado. El peculiar sonido de una alarma, el cual nunca en su vida había escuchado, con tonos parecidos a los producidos por una bandada de gaviotas pasando a escasos centímetros de su cabeza, lo obligó a abrir los ojos y encontrarse con una pared de tonos cremosos, totalmente diferentes al azul de su habitación en su casa de Bogotá o al blanco del apartamento de El Rodadero. Tardó un par de segundos en recordar el lugar en el cual se hallaba. La habitación de Penélope estaba decorada de manera sobria y sencilla. Un par de cuadros con atractivos paisajes de la campiña suiza, un poster en donde se veía la figura de un oso panda, un escritorio de tonos grises sobre el cual descansaba una lámpara de color azul con un par de repisas encima repletas de libros, una repisa más sobre la cabecera de la cama mostrando varios muñecos de peluche y unas cortinas de tono azul marino, las cuales ya se encontraban corridas y dejaban ver un cielo totalmente despejado. Le molestó la fuerte luz en los ojos, viéndose obligado a voltearse y encontrarse con el sonriente rostro de Penélope.

–Hola nene, ¿cómo te fue durmiendo? –la pregunta de ella venía acompañada de buen humor y un tono cercano a la broma. Parecía haber pasado por la ducha, se veía fresca, con el cabello mojado y vistiendo ropa totalmente diferente a la del día anterior.

–Buenos días, nena, creo que me fue bien… Pero tú ya te bañaste y todo eso…

–Claro, solo te estaba esperando para que bajáramos a desayunar –una amplia sonrisa acompañó sus palabras–. Perdóname por lo de la alarma, se me olvidó quitarla anoche.

–Tranquila, me imagino que en todo caso ya era hora de levantarse. ¿Y tu mamá?

–Ya llamé a la clínica, que por ahí a las once la va a ver el médico y que si la ve bien le dan de alta.

–¿Y qué hora es? –preguntó Santiago volteando a mirar el reloj despertador.

–Falta un cuarto para las nueve, pero ven y te bañas y después bajas a desayunar.

Quince minutos más tarde, a Santiago le pareció estar viviendo la experiencia de un hombre casado o por lo menos la de alguno de aquellos que decidían irse a vivir con sus novias. Sentado en la mesa del pequeño comedor auxiliar de la amplia cocina, su atención se centró en los movimientos de su linda y tierna novia mientras le servía jugo de naranja, huevos revueltos y chocolate con tostadas.

–Espero que te guste, porque creo que en Bogotá toman mucho café, pero por esta casa no hay –dijo Penélope mientras se sentaba frente a su novio.

–Chocolate es perfecto, inclusive más rico que cualquier café –dijo Santiago antes de darle un bocado a los huevos revueltos.

–Me alegra, nene –la linda sonrisa de Penélope parecía no querer ausentarse de su rostro.

–Te veo mucho más tranquila que anoche…

–Bueno, sí, ya estoy más calmada, pero es que no creas; tú estás toda tranquila, sentada en la sala hablando con tu mamá y de pronto severa piedra te rompe la ventana… Tremendo susto el que te llevas.

–Sí, no es para menos –dijo Santiago arrugando los labios.

–Mira que ya llamé a la vidriería y no demora el señor en venir a cambiar ese vidrio.

–¡Pero que niña tan pila! Ya hablaste con los de la clínica, con el del vidrio… en cambio yo allá arriba durmiendo.

–Bueno, mi nene lindo, es que a ti te tocó duro anoche, yo sé que estabas cansadito.

Y aquel cansancio había llevado a Santiago a caer profundamente dormido después de escuchar las palabras de Penélope, una vez la vio salir del baño vistiendo únicamente una pijama blanca, la cual dejaba al descubierto sus esculturales piernas además de sus lindos, bronceados y bien formados hombros y brazos. <<Nene, me voy a dormir a tu lado, pero no quiero que pase nada… Mira, estoy mintiendo… quisiera que pasara de todo contigo esta noche, pero es que quiero que tú estés bien seguro de lo nuestro antes de cualquier cosa>>, su tono no habría podido ser más dulce y convincente. En seguida se acostó a su lado, lo besó tiernamente por poco más de veinte segundos para después escuchar su reacción: <<Estoy seguro de que me gustas demasiado, de que eres la niña más dulce y tierna de este planeta y que quiero todo contigo>>. Ella se había puesto de rodillas sobre la cama, su mirada recorriéndole el cuerpo, el cual se encontraba únicamente cubierto por los boxers. << Pero ¿qué sentiste esta noche cuando la viste?>>, fue la pregunta de ella antes de que Santiago sintiera la caricia de sus manos sobre su pecho. Fue cuando se hizo totalmente consciente de la imposibilidad de mentirle. Penélope era demasiado tierna, dulce, noble y sincera para llegar a ser víctima de una mentira. Pero al mismo tiempo solo la estaría hiriendo, además de botar todo a la basura, si llegaba a contarle lo sucedido en el taxi. De haber estado dispuesto a regresar con Carrie, seguramente lo habría confesado todo, pero en realidad se sentía demasiado confundido. Solo parecía estar seguro de no querer perder a esta hermosa niña. <<Muy poco comparado con lo que siento al estar al lado tuyo… Pero no te puedo negar que sentí algo, tú sabes que las cosas con ella terminaron hace poco… Pero con el paso de las horas, cada vez me convenzo más de que tú eres la que yo quiero para tener algo bien lindo>>. Sus intenciones, al decir estas palabras, no eran las de sonar como todo un galán y terminar convenciéndola para así lograr acostarse con ella. Solo quería estar bien con ella, hacerla sentir especial, no hacerla sufrir. <<Nene, yo cada vez siento que me gustas más, que te quiero más y te prometo que apenas estés bien seguro de todo, no voy a dudar un solo segundo en hacer el amor contigo>>. No había podido detener aquel pensamiento en el cual las comparaba a las dos: Carrie, dispuesta a entregarse sin poner condición alguna y por el otro lado Penélope, expresando su amor, pero tratando de estar más segura de las cosas mientras realizaba promesas. Llegó a suponer cómo todo enmarcaba dentro de la manera de ser de gringas y colombianas, siendo para su concepto las gringas algo más decididas y las colombianas un poco más conservadoras. Pero la cultura, la sociología, la antropología o cualquier ciencia encargada de analizar ese tipo de cosas no le ayudaría para nada. Solo pensaba en la felicidad que empezaba a metérsele por todo el cuerpo, pero con aquel bache llamado Carrie, su primer amor.




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