–¡No puedo creer que Santiago esté aquí! –le dijo Carrie a su mejor amiga, con una inminente expresión de preocupación en su rostro –¿y ahora qué le voy a decir?
–La verdad, lo que me contaste a mí y lo que acabas de decidir.
–No pensé que esto fuera a ser así… –Carrie se levantó, caminó hasta el balcón, se fijó en las luces de los botes fondeados en la bahía y regresó al interior del apartamento al escuchar el timbre de la puerta.
–¡Bienvenido! ¡Esto es una sorpresa! –Amanda, vistiendo un atractivo vestido con estampados de flores, el cual dejaba sus atractivas piernas al descubierto, saludó a Santiago con un fuerte abrazo.
–Qué pena caer sin ser invitado, pero es que necesito hablar con Carrie y en la portería del resort me dijeron que podría estar acá –Santiago devolvió el abrazo y se acercó a su primer amor antes de saludarla con un pico en la mejilla.
Carrie hubiera querido abrazarlo fuertemente y darle un beso en los labios, pero eso tendría que esperar, y si es que alguna vez llegaba.
–Sigue y te sientas, ¿quieres algo de tomar? –preguntó Amanda.
–Bueno, agua está bien –respondió Santiago mientras se sentaba en una de las poltronas.
–¿Solo agua? –Preguntó una extrañada Amanda–. Mira que hoy es sábado.
–Bueno, entonces lo que me quieras dar –respondió Santiago, mientras Carrie se sentaba al otro extremo de la pequeña sala.
–Te queda muy linda esa pinta –Carrie se sintió tímida al notar como Santiago la miraba de pies a cabeza.
–Gracias, la compré en un mercado típico del centro.
Amanda le entregó una lata de cerveza a Santiago antes de disculparse.
–Bueno, voy a mi habitación a hacer unas llamadas…, y como ustedes tienen que hablar de sus cosas, es mejor dejarlos solos, cualquier cosa me llaman.
Carrie y Santiago se quedaron mirando como la subgerente desaparecía detrás de una de las puertas al final del pasillo.
–Te quería invitar a comer… A ver si podíamos hablar… –el tono en la voz de Santiago estaba repleto de inseguridad.
–Yo también quería hablar contigo, inclusive iba a ir hasta El Rodadero a buscarte, pero antes de salir recibí una llamada y entonces preferí venirme para acá.
–¿Una llamada? –Santiago frunció el ceño.
–Sí, de mi mamá…
–¡¿En serio?! ¡No lo puedo creer! ¿Y qué te dijo? –preguntó Santiago llevando su cuerpo hasta la parte delantera de la poltrona.
–Quieren que regrese a New Jersey.
–¡¿Que regreses?! –Santiago mostró su sorpresa.
–Me pidieron perdón por lo mal que se portaron conmigo, por todo lo que hicieron y dejaron de hacer…
–Bueno, al menos… –la interrumpió Santiago.
–Sí, al menos… Se los notaba bastante arrepentidos… Pero también me dijeron que… que me consiguieron un cupo para estudiar psicología en Princeton.
–¡Wow! –Exclamó Santiago poniéndose de pie para después dar un par de pasos y sentarse en el puesto del sofá más cercano a la poltrona donde ella se encontraba sentada–. Me imagino que eso es una gran noticia para ti, es lo que me dijiste que siempre habías querido.
Santiago parecía estar tomándolo bien. Seguramente era una gran noticia para él. Ya no tendría la necesidad de preocuparse por ella y tendría el camino completamente libre para arreglar sus asuntos con Penélope e inclusive con Verónica.
–Sí… Supongo que es lo que quería –dijo Carrie arrugando el cachete.
–Pero no pareces muy convencida…, ni tampoco muy contenta.
–Mira, Santi, yo quería arreglar las cosas contigo, ahora que me enteré que ya no estás con Penélope…, y ahora que yo sé exactamente quién es el que me gusta… Mejor dicho, siempre lo he sabido, y esa persona eres tú.
–Pero ¿qué pasó con Michael? –Santiago mostró una pequeña sonrisa.
–¿Michael? Eso no fue nada, él ya se fue y nunca lo volveré a ver… Creo que le dejé en claro que la persona a la que yo quiero eres tú.
–¿Y el cuento que tuviste con Fabio? ¿Qué hay con eso?
–Tampoco significa nada. Solo estaba triste y despechada y tratando de olvidarme de ti.
Carrie era consciente de la manera como había jugado con Fabio e inclusive con Michael, pero ahora solo quería ser lo más sincera posible. Ya no se trataba de cualquier muchacho atractivo, se trataba de su primer amor.
–¿Pero entonces tú querías arreglar las cosas o las quieres arreglar?
–Ya no sé si valdrá la pena… –dijo ella mordiéndose el labio.
–¿Cómo así…? Mira, yo estoy aquí porque también las quiero arreglar. Lo de Penélope se acabó y con Verónica nunca he tenido nada, tú lo sabes, entonces quiero que hablemos y que podamos volver a estar juntos.
Había dicho lo que ella más quería: aquellas palabras esperadas durante días, las cuales la habrían hecho supremamente feliz si no fuera por la llamada recibida unas horas antes.
–Santiago, yo quiero ser tu novia, quiero ser toda tuya, solo para ti y que tú seas solo para mí, pero eso ya no nos sirve de nada…