Argolas, el encuentro de los enemigos.

Capitulo I: La desgracia de los chupasangres

Capítulo I

En un mundo muy lejano llamado Argolas se encontraba Suri. Ella, es la primer hija del jefe de los que todos llaman “los chupasangre” y también la deshonra de su familia por no querer matar a ningún ser vivo. Desde pequeña, solo se ha alimentado con cadáveres que los pueblos de la frontera tiraban como ofrenda y también con un poco de la sangre de su hermano, el cual para protegerla le permitía drenar algo de su sangre.

Suri a pesar de adquirir una gran belleza y ser la primera hija del jefe de la tribu no era codiciada por los hombres de la aldea, ninguno quería tomarla como mujer. La razón de esto es que la mayoría la considera rara, ya que ella no se comporta como lo hacían los demás, por esa razón todos posaban sus miradas en su hermana gemela, nacida unos minutos después de ella.

Sarah era idéntica físicamente a Suri, salvo por una pequeña cicatriz en la cara que esta tenía desde pequeña por haber sido alcanzada por un rayo. Ambas tenían el rostro más bello de la aldea, la piel blanca, los labios y los ojos rojos que irradiaban fuego y el pelo negro brillante característico de los chupasangre. Además de la cicatriz, se las podía diferenciar bien a cada una, ya que Suri tenía un aspecto más deplorable en comparación a su hermana, la cual estaba llena de vitalidad. Sarah era una gran cazadora, con una personalidad que encajaba con el resto de la tribu, por lo cual tenía una gran cantidad de pretendientes, ya que el que la poseyera sería el esposo de la próxima líder de la tribu, una vez muerto el actual líder, ya que todos contaban con que Suri al no alimentarse bien terminara muerta y sino, ellos mismos se encargarían de hacerlo, para que ésta no tomase el liderazgo.

Mientras Suri se encontraba tranquila, leyendo en el sofá, comenzó a temblar al escuchar que su padre y su hermana habían llegado de cazar.

_Aquí tienes hija, te traje esto de la caza de hoy _le hablo su padre con voz gruesa y ponente, mientras le tiraba un conejo ensangrentado a sus pies. Suri que se encontraba todavía sentada, se paró rápidamente para agarrar con mucho cuidado al pequeño y moribundo animal, luego de alzarlo, miró tristemente a su padre.

_ ¿Por qué pones esa cara de nuevo hermana?, papá ha sido amable y te trajo tú comida, ya que te crees mucha cosa como para ir a cazar ti misma _le reclamaba su hermana para provocarla, a lo cual Suri hizo caso omiso, y atinó a irse del lugar con el conejo en sus manos. Sabía que no servía de nada seguir escuchando a Sarah que lo único que quería era molestarla. Al salir de la casa, se dirigió hacia el bosque, a un lugar alejado de su aldea, allí sacó de un pequeño escondite un maletín de primeros auxilios, el cual contenía varias herramientas y vendas. Luego de preparar todo, comenzó operar al pequeño animal y curó sus heridas, a pesar de que este se encontraba sin vida. Una vez que termino, le clavó sus colmillos y después de un tiempo se podía ver como recorría la sangre del conejo por todo su pequeño cuerpecito, atreves de un aura roja la cual mostraba el flujo de su sangre. Después de una hora le quitó sus colmillos y el pequeño animal se encontraba de nuevo con vida.

Suri había heredado de sus antepasados el poder de hacer fluir la sangre, el cual para los de su tribu no servía de nada, pero como Suri se interesó por las artes curativas y estudió lo suficiente como para poder revivir pequeños animales y curar a los de su tribu, logró adquirir cierto respeto con los suyos. Pocos eran los que la querían y muchos los que la repudiaban, pero todos sabían que la necesitaban.

Después de pasar dos semanas cuidando del pequeño, era momento de dejarlo ir, se habían encariñado mucho. Suri había estado en la cueva cuidándolo todo ese tiempo sin separarse de él, todos esos días le dio de comer, le cambio las vendas y jugó con él. Luego de que el pequeño animal terminó de comer, lo tomó entre sus brazos lo acarició por media hora y después de darle un beso lo dejo ir.

Luego de verle partir, comenzó a caminar por el bosque, el cual era uno de sus pasatiempos favoritos, ella podía pasar horas, días, semanas, vagando por el bosque, viendo las estrellas y durmiendo en alguna cueva, sin aburrirse.

Al adentrarse al bosque, decidió pasarse por el límite fronterizo más cercano, para ver si habían arrojado algún cadáver del cual alimentarse. Los aldeanos del pueblo de Afternon, tiraban a los muertos desde la montaña para que los chupasangre se alimentarán de ellos y no de la gente que vivía ahí. Suri agradecía sus ofrendas con mucho dolor, por no poder salvarles a causa de las rivalidades que tenían los dos reinos. Esta vez el cuerpo que encontró pertenecía a un pequeño que no parecía tener más de 8 años.

Al verlo, Suri comenzó a tener arcadas y a descomponerse. Luego de recuperarse, se quedó unos minutos arrodillada frente al cuerpo, temblando, ya que hacía meses que no comía nada; no le quedó otra opción que comenzar a drenar la sangre del pequeño cadáver mientras lloraba. Una vez que recuperó fuerzas, enterró los restos del pequeño y volvió a su aldea, la cual parecía estar de fiesta.

_ ¡Adivina, ¿quién se va a casar?! _comentaba con voz burlona Sarah mientras se le acercaba_ si yo, como a ti no te quiere desposar nadie, papá ha decidido que tú te ibas a quedar soltera para dar paso a mi casamiento, ya que si esperamos a que alguien se quiera casar contigo, estaríamos en la misma _le explicaba felizmente, a lo que por sorpresa Sarah, Suri reaccionó con mucha alegría, brindándole una sonrisa a su hermana, la cual quedó desconcertada. La verdad es que Suri estaba aliviada de no tener que casarse obligadamente con alguien, ya que la mayoría de los de la aldea eran unos patanes para ella.




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