Ariel y Uriel - Almas hermanas

Capítulo 4- Un enamoramiento inusual

—Bien señor… —pasea su mirada por los estudiantes—Santiago —<<apuesto a que bufará mentalmente>>

<<Carajo>> y justo lo escucho, sonrío ante ello

—Dígame —el profesor lo observa— ¿qué ve aquí? —señala con un ademan elegante la pequeña planta que acaba de reposar en su escritorio

— ¿Una planta? —el profesor se le queda mirando y asiente levemente

— ¿Es lo mejor que puede hacerlo? —Santiago mira un par de veces a sus lados como solicitando ayuda

—Pues sí eso creo —dice un tanto desconfiado—a menos que no sea una planta —saca varias risitas a flote, pero entre ellas no la del profesor, este se muestra serio

—Le falta visión señor Santiago —le dice con una mueca de pena—ya se la han cegado o es que quizás nunca la usó y esta murió —abre las palmas de sus manos como un acto de pena. —Las mujeres suelen ser mejores en esto —añade rápido—señorita Alondra —la nombra rápido

—No lo sé, ¿naturaleza? —responde ya más nerviosa e indecisa que Santiago— ¿un tallo hundido en la tierra? —el profesor alza las cejas

—Bueno su respuesta fue más profunda que la de su compañero, pero siguen tirando fuera del hoyo —pasea su mirada de nuevo. De repente recae en mí

—Señor Uriel —me señala—dígame ¿usted qué ve? —observo la planta por un segundo antes de responder

—Vida —le contesto a los ojos, apacible—veo vida —el profesor sonríe

—Ahí está —dice al grupo con esa sonrisa— ¿era tan difícil contestar eso? —les cuestiona a todos—está claro que esto es una planta —la señala de nuevo, pero ahora con ambas manos—está claro que se compone de un tallo sobre la tierra, pero tienen que aprender a ver más allá de las cosas —aguarda un segundo—si pueden observar, sus hojas están frescas, verdes, radiantes —dice con énfasis—es solo significa una cosa —su vista se detiene en un punto en específico—sigue habiendo vida, predomina la vida, ¿qué pasa si yo dejo de cuidar esta planta?

—Va a morir —le responde Liz, segura de sus palabras  

—Correcto señorita Liz, va a morir —tuerce sus labios de lado. —La tecnología los ha envuelto tanto que se han olvidado de mirar y admirar la verdadera belleza —comienza a caminar por el aula

—Es esa tecnología la que promete en gran escala una gran mejora en la calidad de vida de las personas —argumenta Marco

—Ay hijo te has comido sin preguntar o analizar la basura de promesas que les venden —responde el profesor asintiendo de nuevo—voy a hacer un paréntesis aquí —dice enseguida—sé que algunas veces sonaré un tanto grosero para con ustedes, pero les diré algo —nos observa—no soy el tipo de maestro que va a venir a retocarles la luna rosa y el perfecto y hermoso cielo azul —gesticula una mueca más—no lo soy —niega—yo les hablo con la verdad, así sea cruda, miren a su alrededor —hace un ademán con su mano—no estamos como para seguir escribiendo un cuento con final feliz sobre la triste y abrumadora historia —mueve sus hombros—estamos al borde del colapso —añade con rigidez—el cielo ya no es azul, o al menos ya no pueden verlo todo el tiempo, el aire está extremadamente contaminado y una masa gris pesada descansa debajo de él todo el tiempo —ríe irónicamente— ¿y acaso se han preguntado lo que es esa masa gris? —no hay respuesta—no son nubes vírgenes cargadas de agua limpia y cristalina —niega de nuevo—es el resultado de una y mil vidas de completo descuido y maltrato a su medio ambiente, y esa masa gris —señala con su dedo índice hacia arriba—va a ejecutar su parte dentro de este juego, supongo que todos han escuchado esa frase que dice que todo lo que sube tiene que bajar —la mayoría asiente lentamente—bueno pues esa masa baja a diario, entra por su boca, por sus orificios nasales —señala los rostros de varios—y acaba con sus vidas, lenta y dolorosamente —siento los cuerpos de varios temblar—esa es la triste realidad jóvenes, no se traguen esa basura de promesas tontas, los grandes científicos hablan de que los robots tomarán el lugar de las enfermeras en los hospitales en poco tiempo, ¿por qué no pueden entender que lo único que van a lograr con ello es que los eliminen de la cadena alimenticia y muy probablemente del mapa por completo?, y bueno siendo muy sincero quizás es lo que le hace falta a este mundo —abre sus brazos un poco—el ser humano es una plaga que cada día se expande más sembrando tan solo odio y destrucción  a su paso —espera un par de segundos—hablan de que en alrededor de setenta años el ser humano podrá alcanzar la edad de los ciento cincuenta años —sonríe sarcástico—pero ahora yo les pregunto esto —junta sus manos—a este ritmo, con todo este desastre ambiental que se vive ¿de verdad creen que su mundo soporte llegar hasta esas fechas? —enarca sus cejas—yo no lo creo, y lo siento jóvenes, pero no hay tiempo para evadir la realidad, y no hay un después, esa palabra debe eliminarse de su mente a partir de ahora —añade con firmeza—no hay tiempo ni seguridad para decir que mañana harás esto o aquello —formula ademanes con sus manos—no la hay jóvenes, y como un consejo les digo que ejecuten lo que quieren ejecutar cuanto antes sea posible, no se lo guarden, no hay tiempo —vuelve a negar con su cabeza—y por favor despierten ya, ustedes son la población joven, aunque suene como un total cliché, ustedes son la esperanza y no de este país, sino del mundo entero, y sé que no lo pidieron, pero les toca aminorar el daño de generaciones pasadas, o al menos no alimentarlo más —camina al otro extremo—ojalá de verdad piensen en esto —termina de decir con voz apacible. —Y bien luego de este largo paréntesis —junta sus manos de nuevo— ¿a qué iba yo con el ejemplo de la planta? —la señala de nueva cuenta—mi disparo va directo a las emociones, me explico —se mueve al centro del aula—nada es lo que parece jóvenes, esa planta puede parecer muy hermosa por fuera, pero por dentro puede estar desecha, a eso me refiero, nadie mejor que tú mismo sabe lo que siente, por lo que está pasando, lo que vive justo en estos momentos, y estoy de acuerdo en que debes solucionarlo tú y solo tú, pero nadie dijo ni ha dicho que la ayuda esté de más —da un paso—volviendo a la planta —la observa—como verán la tierra la mantiene fija, de pie, y si lo movemos a la vida mundana, ¿qué personajes creen que optaría esta planta?, por ejemplo, ¿qué forma tomaría la tierra en esta maceta? —Noelia levanta su mano—sí señorita Noelia  




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