Ariel y Uriel - Almas hermanas

Capítulo 20 - Hola mamá

Mis nervios están a flor de piel, me siento tan nervioso que no logro descifrar si lo estoy o en realidad es que estoy emocionado; por dios, mi abuela va a ver a mi papá como Jacob después de más de veinte años. Verá a su hijo tal y como lo recordaba… una última vez. Volverá en el tiempo, en aquel momento en el que abrazaba a su hijo adolescente. Será un momento lleno de sentimientos encontrados. Yo sé que no es así, pero si en algún momento alguien llegó a dudar de si en verdad era Jacob hoy les va a quedar más que claro.

Nos habíamos preparado, tomando todas las precauciones posibles, ya que, estábamos conscientes de que existía un porcentaje alto de probabilidad de que tuviéramos visitas sorpresas. Eric, mamá, Ariel y yo entraríamos primero, para tratar de explicar un poco, que mi tía abrazara a su hijo que había desaparecido de manera extraña y preparar mentalmente a la abuela para ver a papá en ese aspecto. Nerea y Dylan también entrarían con nosotros. El profesor y Dariel se mantendrían afuera, custodiando, junto con otro grupo de arcángeles y baisirianas; entre ellos el arcángel Ariel, Adzoel, Moana y Meredith.

Los arcángeles hicieron caso omiso de una de sus reglas para de cierta forma, sembrarles a nuestros familiares, esa sensación de acudir todos a casa de la abuela. Como lo hicieron aquella vez, prefirieron que los más pequeños no estuvieran presentes; será una escena fuerte que no muy fácil podrán procesar.

—De acuerdo ya están todos adentro. —nos dice mamá. —Escucho una discusión perfectamente

—Será mejor que entremos cuanto antes —sugiere Eric

—No vamos a tener mucho tiempo —argumenta el profesor

—Arol los cubrirá —añade Alex.

En ello, sus ojos se vuelven de un azul eléctrico al instante. Se gira de espaldas a nosotros. Despacio, con ambos brazos simula dibujar un arcoíris en el aire, y a la par, y aunque muy leve, y duró solo una milésima de segundo, percibí que se levantó una especie de escudo que ahora envuelve a toda la casa y la protege de cualquier cosa que quiera entrar.

Una vez hace lo suyo, regresa su cuerpo y su vista de frente a nosotros.

—Gracias Alex —agradece papá

—Todos tenemos una misión Nabthael. —responde. A los ojos. —Hacemos nuestra parte

—Igual se agradece. —añade mamá. Alex solo se limita a asentir esta vez.

Ariel y Adzoel se mantenían sobre el techo de la casa, montando guardia. Moana y Meredith vigilaban los jardines. El profesor y los demás vigilarían las entradas.

—Como lo acordamos, vamos nosotros primero cariño —le dice mamá

—De acuerdo cariño. —responde. —Traten de que mamá esté calmada

—Lo haremos cariño. —asegura. —Bien niños. —nos mira. —Andando

—Y traten de guardar la compostura —añade la reina

—Sobre todo eso. —aprueba mamá. —No queremos ningún paro cardiaco en nadie. ¿Entendido?

—Sí —respondo

—Respondes primero. No sé si me da miedo u orgullo —bromea y nos hace reír

—Solo entremos por favor —tuerzo los ojos de buena gana

—Bien. —contesta. —Te avisaré amor

—Claro cariño. Gracias

—Entremos entonces. —indica mi querida suegra y todos obedecemos su orden.

Nos encontrábamos a la mitad del jardín; solo había que caminar un poco más y entonces entrar. Y eso hacemos, en un santiamén ya estábamos dentro de la casa, dejamos que Eric vaya al frente, y a la mitad del camino, las voces de todos ya son perceptibles sin problema alguno.

— ¡¿Cuánto tiempo más vamos a esperar?! —grita mi tía Magaly. — ¡No tenemos ni una sola pista de qué pudo haberles pasado! ¡Ellos nunca quisieron decirnos nada!

— ¡Sus razones habrán tenido para guardarse eso! —defiende la tía Minerva. — ¡Hay cosas que están lejos de nuestro entendimiento!

—Tenemos que pensar en cómo dar con ellos y no estarlos atacando mientras ellos no están —añade el tío Luis

—Piensen que podrían estar pasando por una tortura ya y nosotros su familia no podemos ponernos en esa situación también —dice la tía Louisa

—Lo que vimos en televisión es totalmente desconcertante. —escupe Erick. —Corriendo como si fueran unos delincuentes. Y quiénes son esos demás sujetos, por cierto

—Cuidado con las expresiones que utilizas para dirigirte a nuestros hijos —espeta el abuelo Fernando

— ¿Y qué hay de nuestro hijo perdido? —ataca Erick. —No tenemos ni la más mínima idea de cuál sea su paradero

— ¿Qué tal este, padre? —entra Eric a la sala en ese momento.

Nosotros aguardamos un momento, pegados a la pared. Mamá quiere dejar que se aseguren de que su hijo se encuentra en perfectas condiciones.

— ¡¿Eric?! —escupe su madre. — ¡Eric! —vuelva a gritar y sin perder más el tiempo podemos sentir que corre a abrazarlo.

Eric le ayuda y corre también.

— ¡Dios mío! —exclama. —Bendito sea dios

—Hijo. —su papá abraza a ambos.

Luego siento correr a su hermano Santiago a abrazarlo también. Y a sus abuelos Carmen y Marcos. Todos los demás festejan internamente, pero al verlo a él se preguntan si es posible si nosotros estemos de regreso también.




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