Arlequín

PROLOGO

El sueño siempre empezaba igual.

Primero un murmullo lejano, como un tambor latiendo bajo tierra. Después venían las luces: antorchas alzándose en la oscuridad, girando en círculos imposibles mientras sombras danzaban alrededor de una plaza sonrisas se dibujaban en la oscuridad que Lukas no reconocía… pero que sentía haber estado mucho antes allí.

El aire olía a humo y a algo dulce, casi embriagante.

Risas.

Demasiadas risas.

No eran alegres.
Eran agudas. Frenéticas. Desbordadas.

Un festival sin orden.
Un carnaval sin reglas.

Figuras con máscaras giraban a su alrededor, empujándolo hacia el centro de las llamas. Sus movimientos eran rápidos, desarticulados, como si celebraran algo que él no comprendía.

El fuego crecía.

El sonido también.

La música perdía sintonía, perdía ritmo y se tornaba oscura casi tétrica.

Y cuando el calor comenzaba a quemarle la piel y la cordura se le escapaba como arena entre los dedos, gritaba y reía a la vez en un esfuerzo de encontrar la razón… razón que se desvanecía en cada intento.

Entre el bullicio de personas, rostros cubiertos por máscaras, rostros cubiertos por maquillajes exagerados, trajes de colores llamativos, coronas con cascabeles bailaban entre la locura del momento, se alzaba una mirada casi tierna, tan irreal que era imposible no notarlo.

Allí estaba ella.

Siempre en el mismo instante.

Ella no llevaba disfraz.
No llevaba rombos ni cascabeles.

Solo el maquillaje.

Una línea blanca marcando su sonrisa.
Un sombreado oscuro en los párpados.
Diamantes dibujados bajo los ojos.

Caminaba entre el caos sin inmutarse. Sin temblar.

El ruido desaparecía cuando ella se acercaba.

Las llamas bajaban.

Las risas se volvían eco.

Y entonces, justo cuando Lukas sentía que iba a perderse dentro de esa locura ardiente, ella sostenía su rostro entre sus manos.

Sus manos estaban frías, su mirada atrapante.

Tan real.

—Todo estará bien —susurraba.

Y el fuego se apagaba.

Lukas despertó sobresaltado en su habitación de Bridgwater, con el corazón desbocado y la sensación persistente de que esa vez… el sueño había durado más de lo habitual.

Y de que ella lo había mirado distinto.

Como si estuviera más cerca.

Mucho más cerca.




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