Armonía en Ti

Páginas del pasado

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~Time can bring you down

time can bend your knees

time can break your heart~

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Mayo 20, 2025
Sam
El llanto de mi madre llenaba la habitación. Su cuerpo temblaba y las lágrimas rodaban sin control por su rostro.

Las palabras del doctor aún resonaban en mi cabeza.

Mi tía llevaba semanas hospitalizada por su problema del corazón. Desde que era niña había convivido con esa enfermedad, pero jamás imaginé que llegaría el día en que nos dijeran que ya no había esperanza.

-Mamá... -Me acerqué a ella y la abracé con fuerza. Se aferró a mí como una niña asustada, buscando refugio.

-Sabíamos que este día llegaría... -murmuró con la voz entrecortada, apenas audible-. Pero eso no lo hace menos doloroso.

La ayudé a sentarse, esperando que al menos pudiera calmarse un poco. Desde que tengo memoria, mi tía ha sido frágil. Su piel pálida, su complexión delgada y sus ojos eternamente cansados reflejaban la batalla constante contra su propio cuerpo. Su personalidad era diferente a su físico: su sonrisa llena de vida y su mirada que reflejaba un gran amor con ella a pesar del cansancio, además de siempre ser divertida. Aunque nunca me trató mal y siempre tuvimos una relación cercana, había algo en ella que la hacía sentir distante... como si nunca estuviera del todo presente.

-Solo nos queda pedirle a Dios, hija. Quizá Él le dé fuerzas para seguir adelante -en su voz no solo había tristeza, sino también un profundo agotamiento-. ¿Podrías ir a casa por algo de ropa?

Asentí sin discutir. Sabía que mi madre llevaba semanas en el hospital y, aunque le insistía en que descansara, nunca me hacía caso. Así que simplemente me despedí y salí del hospital.

En el camino, me encontré con Franklin, mi mejor amigo desde la infancia. Se ofreció a acompañarme de regreso a casa para traer las cosas al hospital.

-Entonces... ya no hay nada que hacer -me miró con lástima. Colocó una mano en mi hombro en un intento de darme consuelo.

-Lamentablemente, no. Solo nos queda esperar un milagro... y que mi tía quiera seguir luchando. -Abrí la puerta de la casa y ambos entramos.

-Quizá lo haga. A veces, las personas encuentran fuerzas en donde menos lo esperan.

Nos sentamos en el sillón de la sala mientras dejaba unas bolsas en el suelo.

-No lo sé... Mamá ha dicho cosas extrañas sobre eso. Cree que mi tía ya no quiere luchar, que ha aguantado demasiado y que tal vez... simplemente quiera irse.

-Tal vez necesita una razón para seguir adelante.

-¿Una razón?

-Sí, algo que la motive... o incluso podríamos conseguirle un novio.

-¿Qué? No, eso es imposible. Mi tía nunca tuvo novio. Siempre huía cuando intentaba presentarle a alguien. Estoy segura de que jamás ha estado con nadie.

- Quizá hubo alguien en su vida, pero nunca lo contó. Deberíamos averiguarlo y encontrar algo que la anime.

-¿Cómo?

-Podríamos revisar su habitación. Seguro hay algo ahí que nos dé una pista.

Dudé.

-No me parece correcto. Es su privacidad...

-Lo haríamos para ayudarla. A menos que tú sepas algo que la motive a seguir luchando.

No supe qué responder. Aunque siempre había hablado mucho con mi tía, ella rara vez compartía cosas sobre sí misma. Era un enigma. Siempre me había parecido alguien con demasiados secretos.

Di un suspiro largo.

-Está bien...

Con un poco de nerviosismo, caminé hacia su habitación. Franklin intentaba tranquilizarme.

-No estamos haciendo nada malo. Solo queremos ayudar.

Giré el picaporte y abrimos la puerta con cuidado.

El cuarto estaba impecablemente ordenado, cada cosa en su lugar con una precisión casi meticulosa. Las paredes eran de un tono beige apagado, decoradas con algunas fotos familiares enmarcadas y un par de cuadros con paisajes tranquilos. Había un tocador antiguo con un espejo ovalado, y sobre él descansaban varias cajas de joyería, frascos de perfume y un pequeño reloj de bolsillo.

El armario, de madera oscura, se veía casi intacto, como si nadie lo usara con frecuencia. A un lado, había un estante con algunos libros y una vieja radio, de esas que aún tenían casetera. Sobre la mesita de noche, un vaso de agua a medio tomar y una lámpara con una luz tenue que hacía que todo el cuarto se sintiera... pausado.

-Parece la habitación de una mujer mayor normal -murmuré mientras abría un cajón con cuidado.

Revisamos sin hacer desorden, pero no encontramos nada fuera de lo común.

-Tu tía es una mujer aburrida -bromeó Franklin.

-No es aburrida. Solo tuvo una vida... normal. Trabajó como maestra de piano hasta que su salud empeoró. Tal vez su enfermedad no le permitió soñar demasiado.

Franklin suspiró.

-Eso no es normal. Eso es... triste.

Nunca lo había pensado así. Tal vez mi tía sí tuvo sueños... pero la enfermedad se los arrebató.

Cuando terminamos de guardar las cosas, Franklin se detuvo de repente.

-Encontré algo-Lo miré. Tenía una caja en sus manos -Estaba escondida detrás de los muebles.

Me acerqué con curiosidad y miré dentro. Había un oso panda de peluche, un collar con una púa, un casete y un cuaderno.

Tomé el cuaderno con cuidado. Cuando lo saqué, un papel cayó al suelo.

-¿Qué es eso? -preguntó Franklin.

Lo recogí y lo abrí.

-Es... una canción.

La letra era de amor, hablaban sobre un amor puro, incondicional y eterno. Un amor que no necesitaba de muchas palabras, tan solo un abrazo para poder calmar a un niño pequeño que tuviera el corazón lastimado.

-¿Crees que alguien se la escribió a tu tía?

Le di la vuelta a la hoja y leí en la parte inferior: "Emily "

Franklin y yo nos miramos confundidos.



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En el texto hay: romance, drama, 90s

Editado: 18.01.2026

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