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~Take your time, hurry up.
Choice is yours, don't be late~
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Febrero 03,1992
Sidney
-No puedo creer que estés haciendo esto...- Lottie me miraba con preocupación mientras yo sostenía las tijeras, temblando, a centímetros de mi cabello.
-Ni yo...- sentía un nudo en mi garganta pero tenía que hacerlo, este era el primer paso para perseguir mi sueño.
Con un par de lágrimas rodando por mis mejillas, corté la primera hebra. Desde que era adolescente, había cuidado mi cabello con esmero, asegurándome de que siempre estuviera brillante y saludable. Ahora, cada mechón que caía al suelo se sentía como un pedazo de mí misma que desaparecía.
Pero no había vuelta atrás. Para entrar en la academia de música de mis sueños, tenía que hacer un sacrificio. Tenía que convertirme en un chico.
Después de unos minutos, terminé. Bajé la mirada y vi todo el cabello esparcido por el suelo. Era un hecho: no había vuelta atrás.
-Sidney, estás loca -dijo mi hermana muy sorprendida mientras miraba el cabello en el piso-. Si nuestros papás se enteran de lo que estás haciendo, te van a castigar por el resto de tu vida... ¡y a mí también, por ayudarte! Nos encerrarán para siempre, y olvídate de salir o casarnos.
Lottie siempre ha sido así: la reina de los peores escenarios. Tal vez porque es la mayor, siente que todo recae sobre sus hombros cuando las cosas salen mal.
-Tranquila - le di una palmadita en la espalda-. Para cuando papá y mamá se den cuenta de que no estoy, ya estaré en la academia. No dejaré pistas, solo una nota diciendo que me fui con una amiga.
Me acerqué a la cama, tomé la ropa cuidadosamente doblada sobre ella y empecé a cambiarme. Era lo último que faltaba para completar mi transformación.
Hace unos meses se abrió la convocatoria para ingresar a la Academia de Artes Musicales Blackbourne, una de las más prestigiosas de todo Estados Unidos. Sin que mis padres supieran, inventé la identidad de un chico, envié mi solicitud, y tras un proceso largo y complicado... fui aceptada.
La música siempre ha sido mi escape. Desde pequeña, mis padres me pusieron un instructor de piano, y ese fue el único rincón de paz en medio del encierro. Nunca habría considerado entrar a una academia exclusivamente masculina si no hubiera sido por un chico que conocí hace un tiempo...
-Estoy lista -me miraba en el espejo, sorprendida por el reflejo- Definitivamente parezco un chico... y uno muy guapo, por cierto. Saldría con mi yo masculino sin pensarlo.
Lottie sonrió y me entregó mi maleta y los papeles. Era el momento.
-¿Estás segura de esto?
-Sí -respondí con firmeza-. Es hora de tener mi libertad.
Lottie y yo salimos juntas de la habitación, intentando no hacer ruido. Cada paso era un acto de sigilo, como si estuviéramos en una misión secreta.
-Parece que nuestros padres están en su habitación -intentaba hablar lo más bajo posible para no ser descubierta, mientras sentía fuertemente cada latido de mi corazón. Me sentía como una ladrona escapando de la policía.
Avanzábamos lento pero seguras. No podíamos permitirnos un solo error. Especialmente yo, que en ese momento iba vestida como un chico.
-Tengo muchos nervios, ¿qué voy a decirles si nos descubren? -miraba a todas partes, esperando que la puerta apareciera pronto como una salida de emergencia.
-Tú tranquila, no pasará nada -aseguró Lottie, justo cuando estábamos a unos pasos de la libertad.
Pero el destino tenía otros planes.
-Lottie, ¿quién es ese chico? -la voz de mi padre retumbó a nuestras espaldas, como un trueno. Nos congelamos al instante.
No lo veía, pero sentía su mirada atravesándome. Papá tenía reglas estrictas en casa: nada de llegar después de las 11, nada de mascotas... y la más sagrada de todas: nada de chicos en casa.
-Te estoy hablando, Lottie. ¿Quién es ese chico? -repitió con una voz tan dura que hizo temblar el ambiente.
El silencio nos envolvió. Yo sentía que el aire se volvía más denso, más pesado. Hasta que Lottie susurró:
-Corre.
Y eso hice. Corrí como si mi vida dependiera de ello, mientras detrás de mí escuchaba los gritos e insultos de mi padre. Me persiguió por varias cuadras, pero logré perderlo.
Me detuve solo cuando sentí que mis pulmones iban a estallar. Puse una mano sobre mi pecho, tratando de calmar el dolor y controlar mi respiración. Me tomó unos minutos recuperar el aliento. Suspire profundamente.
Era el momento de dejarlo todo atrás. Nada me detendría ahora.
Tomé un taxi directo a la academia. Por desgracia, llegué tarde. Se suponía que debía estar temprano para la ceremonia de bienvenida y el reglamento para los de nuevo ingreso.
No me quedó otra que correr una vez más.
Llegué al edificio donde se celebraba la ceremonia, un enorme salón adornado con banderas y carteles de bienvenida, pero yo estaba completamente perdida. No sabía a dónde ir. Entonces, un hombre se acercó a mí.
-Oye, chico, ¿cómo te llamas? -
Tenía unos 40 años. Alto, delgado, con una chaqueta de mezclilla vieja llena de parches y una camiseta de Nirvana que ya había visto mejores días. Su cabello castaño claro, ligeramente ondulado, estaba recogido en una pequeña cola, y su barba parecía resultado de alguien que nunca terminó de decidir si afeitarse o no.
-Mi nombre es Sid-... Justin. Me llamo Justin -corregí rápidamente, forzando una sonrisa para disimular lo cerca que estuve de decir mi verdadero nombre.
-¿Eres de nuevo ingreso?
-Sí.
-Tienes que ir con ellos -dijo, señalando a un grupo de chicos que subía por una escalera.
-Gracias -respondí, y corrí hacia ellos antes de quedarme aún más atrás.
Subí los escalones deprisa: uno, dos, tres... pero en mi apuro, no vi el borde del siguiente.