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~Don't let yourself go
'Cause everybody cries~
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Febrero 03,1992.
Sidney
No sabía cuanto tiempo nos habíamos mantenido en silencio, quizá por la incomodidad del momento mi cerebro lo sintió eterno, como si el reloj se hubiera detenido. No fue hasta que él habló, que el tiempo volvió a su ritmo.
—Si sigues mirándome así, me harás un hoyo en la cara— sus palabras fueron como un balde de agua fría.
¿Cómo puede decir eso después de haberme mirado como si quiera matarme?
—¿No quieres asesinarme?— parpadee varias, ese cambio de ambiente tan repentino es extraño.
Pude notar una sonrisa muy pequeña, tan leve que me hacía dudar si realmente la ví o solamente me la imaginé.
—No te preocupes, no tengo la costumbre de pelear con cachorros confundidos— dijo mientras colocaba sus cosas en la cama donde claramente se podían ver las mías, después movió mi maleta y sudadera hacia la otra cama, procediendo a acostarse tranquilamente y sin ningúna preocupación.
Intentaba procesar lo que estaba pasando, mis emociones no se ponían de acuerdo, estaban entre discutir porque me dijo cachorro y quitó mis cosas o sentirme aliviada de que no siguiera enojado conmigo; aunque creo que el sentimiento es más bien desconcertada. Ese chico durante todo el recorrido y el almuerzo, me miraba como si quisiera atravesarme con sus ojos. ¿Cómo era que en este momento estuviera tan tranquilo como si su mejor amigo Batman no hubiera sido expuesto ante todos.
Calmé todo el remolino que tenía en mi mente y decidí aprovechar la situación para empezar desde cero, así que me acerqué a él con una sonrisa de oreja a oreja.
—Bueno, empecemos desde cero, mi nombre es Justin, un placer conocerte, ¿cómo te llamas?
Un segundo. Luego dos. Y solamente obtuve el silencio como respuesta. Tenía que mantenerme calmada y seguir tratando de ser amistosa, aunque él no ayudara.
—Creo que no escuchaste— aclaré mi garganta — pregunté por tu nombre.
Nuevamente el silencio se hizo presente. Era claro, me estaba ignorando.
—Mira Caballero Oscuro, estoy tratando de ser amable contigo, pero tú no colaboras, tan difícil es decir tu nombre y olvidar el pasado.
Después de un difícil intento por hablar con una pared. Por fin pude obtener una mirada.
—Ni se te ocurra volver a decirme así.
Sus ojos eran de un color verde brillante que se podría confundir con un azul o gris si lo miras con algo de luz. A pesar del brillo en su color podías notar un vacío en ellos; ningún tipo de emoción, solamente una mirada intensa ocasionada por su genética. Era difícil saber si sentía tristeza o enojo, aunque en este momento creo que siente enojo.
—Bueno, no te enojes, yo te pregunté tu nombre y tu simplemente me ignoraste ¿Cómo esperas que te llame?
Apartó su mirada y cerró los ojos con ningún tipo de interés en la conversación.
—Felix
Fue lo último que dijo para después darme la espalda, dando a entender que no tenía ninguna intención de entablar alguna conversación conmigo.
Era un chico bastante reservado, mi plan era tener a mi compañero de habitación como un gran amigo,pero parece que iba a ser difícil o mejor dicho imposible.
Febrero 04, 1992.
La noche fue incómoda. Ningúna
palabra más salió, solamente era el sonido de un reloj, que obtenía la respuesta del silencio. En mi mente comenzaron miles de escenarios sobre ser descubierta y se me ocurrían todas las maneras posibles para que eso no pasara. Después de la solución 124 me quedé profundamente dormida.
Mi primera noche fue pasada con éxito, pensé que iba a ser mi primer reto difícil pero en este momento me encontraba con una complicación más grande.
Mis ojos estaban clavados en aquel panel de madera arañado por los años, con un picaporte metálico. Arriba, un letrero claro y directo me recordaba el peligro, como si gritara "¡aquí no perteneces!". Abajo, el borde hinchado por la humedad parecía burlarse de mi suerte, como diciendo: "tú también terminarás desbordada si no entras ya".
Mis piernas temblaban con ritmo de tamborileo, mi fuerza de voluntad se fugaba. No había escapatoria, tarde o temprano debía enfrentar el destino que me esperaba detrás de esa puerta. Tragué saliva, respiré hondo y me armé de valor: había llegado la hora de entrar... al baño de hombres.
Entré rápidamente sin mirar a mi alrededor y aunque ví un par de sombras intenté ignorarlas. Podía ver mi objetivo a unos metros de mí, no podía desviarme de el, tenía que entrar a ese baño a como diera lugar ya que era el único que se encontraba desocupado. Mientras me apresuraba pude sentir una presencia que caminaba a mi lado. Giré mi cabeza y pude ver a un pequeño compañero caminando en la misma dirección, nuestras miradas se cruzaron, pudimos ver la desesperación, la ansiedad estaba apoderada de nosotros. Nuestros ojos regresaron hacia aquella puerta gris que se encontraba entreabierta. Y
cuando intenté observar nuevamente a mi contrincante, se había esfumado... había tomado la delantera.
—Tramposo!!!
Corrí lo que el cuerpo me permitió, por suerte era buena en ello y antes de que él pudiera tocar la puerta, lo agarré del hombro y lo empujé hacia atrás. Debido a la velocidad pude ver cómo se tambaleó y cayó al suelo, me detuve por un momento, giré hacía atrás y volvimos a cruzar miradas. ¿Por qué se veía tan triste?,no estaba perdiendo una batalla... estaba firmando la rendición de su intestino.. ¿Tenía que ser tan injusta con él?
Antes de hundirme en la autocompasión, mi cuerpo lanzó la advertencia final: el tiempo se había acabado. No podía esperar más; tenía que luchar por mí, por mi cordura... y por la paz intestinal.