Armonía en Ti

La primera grieta

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And I don't want the world to see me

'Cause I don't think that they'd understand
When everything's made to be broken

I just want you to know who I am

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Octubre 4, 2013

Un piano se escucha -el sonido se asemeja a un conjunto de notas tocadas con torpeza- en una de las habitaciones de la gran casa. El sonido era producido por una pequeña de ocho años junto a su tía. Sidney contemplaba alegremente a la pequeña Sam, que jugaba con las teclas de aquel piano. La niña, con una gran sonrisa en el rostro, interpretaba una melodía que, en la mente de una niña de ocho años, era la mejor composición que pudiera crear.

-¿Qué tal se escuchó? -la pequeña esperaba con entusiasmo la respuesta de su mentora.

-Muy bien. Tienes una forma muy peculiar de tocar y estoy segura de que en un futuro serás toda una artista.

La pequeña, emocionada, movió sus pies. Era una niña que comenzaba a construir un sueño, y el hecho de recibir un halago de una persona que para ella era admirable la hacía emocionarse y ruborizarse un poco.

-Vamos, no te pongas tímida -dijo mientras ponía uno de sus brazos sobre el hombro de la niña-. Si eres perseverante en tus metas, lograrás ganar la carrera.

La clase se vió interrumpida por un timbre proveniente de la puerta de entrada.

-Espera un minuto, voy a abrir la puerta.

Sidney se levantó y, detrás de ella, unos pequeños pasitos. Juntas llegaron a la puerta y la abrieron. La pequeña observó a un hombre muy atractivo y elegante, de grandes ojos verdes. Su mirada era serena, y al posarse sobre Sidney mostraba una mezcla de alegría contenida y una leve nostalgia, como si verla le despertara algún tipo de recuerdo.

Después, sus ojos se dirigieron hacia Sidney. Fue entonces cuando Sam presenció por primera vez una mirada apagada por parte de su tía: los ojos de su tía se volvieron frágiles, comenzaban a temblar. Era como si su alma hubiera retrocedido un paso, pero aun así su vista no estaba apartada.

-Sidney, ha pasado algo de tiempo.

Ella permaneció en silencio; era evidente que no estaba cómoda con la visita y que, por un momento, su cuerpo se había quedado inmóvil. Al ver su reacción, el hombre desvió la mirada hacia la pequeña.

-¿Es tu hija? Es muy bonita, se parece a ti.

-Es mi sobrina. -Después de haberse mantenido en silencio, aquellas palabras la hicieron reaccionar.

-Perdona, pensé que era tu hija. Se parece a ti: la mirada, el cabello, la expresión.

-Sí, me han dicho que se parece a mí.

El ambiente era extraño. Aunque el hombre parecía un poco feliz de ver a Sidney, ella estaba completamente seria. No había ni rastro de una sonrisa en su boca; solo mantenía la mirada fija en aquellos ojos verdes, como si eso fuese lo único que le importaba, aunque al mismo tiempo pareciera dolerle.

-Solo quería saber cómo estabas.

-Me encuentro bien.

La plática no tenía continuidad; Sidney parecía completamente bloqueada.

-Debe de ser difícil para ti verme.

El silencio volvió a apoderarse del lugar. Sam mantenía la mirada fija en su tía; para ella era confuso ver aquella expresión en el rostro de Sidney, esa forma tan distinta de comportarse. Era como si la persona que conocía y la que estaba viendo en ese momento fueran dos personas completamente distintas.

-Lamento mucho haber venido a incomodarte. Lo que pasa es que estaba en la ciudad y... Tengo noticias, me gustaría que nos viéramos en algún lugar para platicar.

Sidney permaneció en silencio no muy convencida de la propuesta que estaba recibiendo.

-Él apareció nuevamente, se entregó...

Aunque pareciera que la conversación no tenía ningún tipo de sentido, la expresión de Sidney cambió drásticamente fue entonces que solo dijo.

-Te veré mañana a medio día en la cafetería que está en la esquina, al lado de la librería.

Después de eso se despidieron de una forma extraña: sin pronunciar ninguna palabra más. Solo se miraron y se tomaron de las manos antes de que él desapareciera por la calle.

Febrero 04, 1992.

Sidney

No entendí cuánto tiempo llevaba Félix en el baño, ni tampoco en qué momento salió. Solo reaccioné cuando lo vi tomar al chico que estaba a punto de golpearme. Lo sujetó con fuerza por la camisa, arrancándome de su agarre y estampándolo contra la pared.

-¡¿Qué haces?! ¡Suéltame! -gritó el tipo, forcejeando con desesperación.

Intentó zafarse y lanzar un puñetazo directo al rostro de Félix, pero este se movió con una rapidez sorprendente: inclinó ligeramente la cabeza, esquivando el golpe por apenas unos centímetros, y aprovechó el impulso del contrario para doblarle el brazo y devolverle el puñetazo con precisión, directo en la mandíbula. El impacto resonó seco y contundente.

Me quedé congelada, observando la escena durante unos segundos. Félix... me había defendido. Había evitado que me golpearan en la cara.

El chico que habían estado intimidando también estaba a salvo ahora, pues otro muchacho -de cabello castaño con tonos rojizos y ojos color avellana- se encargaba de los otros dos matones, manteniéndolos alejados con sorprendente destreza.

Unos minutos tardé en darme cuenta que los otros 2 chicos eran los que habían estado con Félix durante el recorrido, ahora algunas cosas tenían sentido, pudiera ser que Félix no me estuviera defendiendo a mi del todo, sino más bien estaba defendiendo a su amigo.

—Si tanto quieres estar molestando porque no empiezas conmigo —sus ojos no mostraban ningún tipo de emoción a pesar de estar en una situación complicada, era como si él estuviera apagado.

—Parece que este año ingresaron chicos héroes —escupió con sarcasmo. Aunque había recibido un buen golpe, seguía intentando lanzarse contra Félix, moviéndose de un lado a otro como un animal acorralado. Sin embargo, era evidente que no iba a soltarse: el británico lo sujetaba con una fuerza firme, casi inamovible.



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En el texto hay: romance, drama, 90s

Editado: 18.01.2026

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