Armonía en Ti

Ecos de un corazón silencioso

──── ♫ ────

I know someday you'll have a beautiful life

I know you'll be a star

──── ♫ ────

Febrero 04, 1992.

Sidney

Nate se quedó un rato conmigo para ayudar a calmarme. No dejó de repetir que todo estaba bajo control hasta que por fin notó que mi respiración volvía a un ritmo normal. Una vez que se aseguró de que estaba bien, caminamos juntos hacia la cafetería. El pasillo estaba lleno del ruido típico de las mañanas: casilleros cerrándose de golpe, conversaciones rápidas y el eco de pasos acelerados. Era un día frío de febrero del '92 y la calefacción del edificio apenas lograba pelear contra el viento helado que se colaba cada vez que se abrían las puertas principales.

-Todo eso fue muy caótico -comentó mientras entrábamos a la cafetería, donde el olor a café barato y pan dulce recién puesto en las bandejas impregnaba el aire-. Parece que estás teniendo un comienzo bastante impresionante para tus primeros días de clases.

Intentó bromear, pero su tono suave dejaba claro que solo quería relajarme, que mis manos aún temblaban un poco.

-Sí... quería pasar desapercibido -dije mientras tomaba una bandeja-. Pero está siendo más difícil de lo que pensé.

Mi plan de ser invisible se estaba desmoronando rápido. El primer día había llamado la atención por culpa de mis manos; hoy, aunque no fue algo que pudiera controlar, otra vez había terminado en el centro del problema. Y me pregunté, por un instante, si de verdad debí haber intervenido... ¿O se suponía que debía quedarme quieta, ignorar el maltrato solo por mantener mi seguridad intacta?

-Esta vez fue por un buen motivo -respondió Nate, apoyando su mano sobre mi cabeza y despeinándome suavemente-. Eres un pequeño héroe.

-No sé qué tan heroico fue... -bufé-. Terminé acorralado.

Quizá debería haber pensado mejor mi acción. Podría haber buscado a un profesor o pedir ayuda a algún otro estudiante. Pero en ese momento no pensé nada; solo vi la situación y actué movida más por la rabia que por la lógica. Y sí, quise usar mi fuerza para detener al agresor... olvidando por completo que mi cuerpo no es precisamente fuerte. No por ser mujer, sino porque siempre he sido frágil, como si un viento demasiado fuerte pudiera derribarme.

-Intentaste ayudar, y eso ya dice bastante de ti -insistió Nate-. Estoy seguro de que el chico al que defendiste lo recordará siempre.

Tal vez tenía razón. Aunque el resultado no fue el ideal, Finn al menos no estuvo completamente solo. En ese momento, lejos de sus amigos -su protección habitual- hubo alguien que se acercó, alguien que intentó sacarlo de esa situación. A veces no se trata de resolverlo todo... a veces solo basta con no dejar que alguien enfrente algo así en soledad.

-Supongo que sí... a veces solo basta con estar acompañado -murmuré.

Miré a Nate. Recordé el día en que lo conocí, aunque él no tuviera idea de lo que significó para mí. Sin darse cuenta, solo con estar ahí, cambió mi entorno cuando más lo necesitaba.

16 de noviembre de 1990

Sidney

El dolor se extendía por todo mi pecho como un latido equivocado, uno que siempre me acompañaba. Los doctores nunca parecían traer buenas noticias y ese día, en particular, estaba agotada. Solo quería escapar de todo, huir de una vida que se me hacía demasiado pequeña.

No había villanos con máscaras ni monstruos escondidos en callejones; en mi mundo, mi enemigo era mi propio cuerpo. Desde que nací, mi cardiopatía congénita había marcado cada aspecto de mi vida. Cada consulta médica parecía repetirse como un mal guión: restricciones, advertencias, límites. No puedes hacer ejercicio intenso. No puedes correr. No puedes emocionarte demasiado. No puedes vivir como los demás niños.

No. No. No.

Cada "no" era una puerta cerrada en mi cara. Una jaula más estrecha.

-¿¡NO SE SABEN OTRA PALABRA!? -grité.

El sonido salió desde lo más profundo de mi pecho, como si todas las lágrimas acumuladas durante años se comprimieran en ese instante. Tantas esperanzas rotas, tantas veces obligada a aceptar que mi cuerpo era frágil, que mis límites eran permanentes. Mis padres, aunque intentaban protegerme, reforzaban esa prisión sin quererlo: decisiones tomadas por miedo, vidas organizadas alrededor de lo que yo no podía hacer.

Las opciones médicas para condiciones como la mía eran limitadas. La cirugía era riesgosa, los tratamientos no aseguraban una vida normal. Y cada diagnóstico parecía recordarme que, por más que quisiera correr, bailar o simplemente sentirme libre... mi corazón seguía dictando un ritmo que yo no podía cambiar.

Mis sueños y mis anhelos solo existían en mi imaginación. Los miedos de mis padres y las constantes restricciones de los médicos habían terminado por encerrarme en una torre cada vez más estrecha, una donde sentía que me quedaba sin aire. Ese día, después de escuchar una nueva lista de prohibiciones -una más larga, una más limitante que la anterior- simplemente... huí. Por una sola tarde quería bajar de esa torre, respirar sin miedo, llorar sin contención, gritar aunque fuera en silencio. Quería sentir algo que no fuera ansiedad, fragilidad o resignación.

Necesitaba respuestas, o al menos una.
Y había una pregunta que llevaba años quemándome por dentro, una que nunca me atreví a decir en voz alta: ¿Existirá algún día un lugar donde pueda vivir sin sentir que mi corazón es también mi cárcel?

Había estado encerrada tanto tiempo en cuidados, advertencias y pronósticos, que ya no encontraba propósito en nada. No había emoción dentro de mí. Solo un profundo deseo de que algo, lo que fuera, cambiara.

Caminé por la calle sin rumbo, buscando cualquier sensación que me recordara que seguía viva. El aire frío de noviembre cortaba mis mejillas, los coches pasaban con prisa, y mis pasos resonaban entre el ruido de la ciudad. De pronto, en medio de ese caos, el mundo pareció detenerse: una melodía suave flotó desde una esquina cercana, rompiendo el silencio interno que llevaba días sintiendo.



#5254 en Novela romántica
#398 en Joven Adulto

En el texto hay: romance, drama, 90s

Editado: 18.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.