Armonía en Ti

Una academia y demasiados chicos

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'Cause everybody hurts
Take comfort in your friends

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Febrero 10 de 1992
Sidney

Entre tardes practicando con Nate, silencios eternos con mi compañero de habitación y algunas miradas tensas provenientes de Brandon. La primera semana de clases había pasado.

Lo cual era un logro, ya que a pesar de los pequeños errores cometidos en los primeros dos días, mi secreto permanecí oculto a todo mundo.

Aunque no debía bajar la guardia, ya que después de escuchar todos los escenarios trágicos de mi hermana, descubrí que existen muchas maneras para ser descubierta, como un simple oso de peluche, no porque a un hombre no le pueda gustar , sino que en la mente paranoica de Lottie, el peluche podría guardar olores y si en algún momento me llegó a vestir de mujer y usar un perfume, el oso guardará ese olor y así podría ser descubierta. ¿Cómo se llega a esa conclusión?, no sé, mi mente no es tan creativa.

—Si, tranquila, tendré mucho cuidado— la voz de Lottie comenzaba a sonar rasposa, parecía que su garganta comenzaba a cerrarse, una respuesta natural de su cuerpo, luego de estar 2 horas hablando sobre situaciones problemáticas.

—No puedes descuidarte, Sidney, no debes.

—Si ya entendí.

—Y algo muy importante, nunca confíes en un hombre, me oíste, NUNCA— ese énfasis hizo que me incomodara un poco, ya que ese ser tan malo que comentaba, estaba por todos lados, las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Incluso en este momento me encontraba cercana a algunos que jugaban Scrabble de una manera poco común, con el tablero inclinado sobre la mesa y palabras inventadas que solo sobrevivían porque nadie tenía ganas de buscar el diccionario.¿Realmente eran malos?

—¿Desde cuando sabes tanto de los hombres?

—Desde hace algún tiempo— el cambio fue repentino, de alguien paranoica y temerosa, a alguien misteriosa y con conocimiento en hombres, mi hermana me asustaba a veces.

—Ya tengo que irme, mi tiempo de llamada ha terminado.

—Está bien, recuerda todo lo que dije—me despedí de Lottie mientras pensaba un poco en lo que hablamos, nunca me ha gustado dejarme llevar por el miedo pero… hablar con ella me dejaba un poco paranoica.

Antes de irme a mi habitación me quedé mirando a esos “seres de maldad” de los que Lottie hablaba. Si eran peligrosos, lo disimulaban bastante bien discutiendo por un tablero de Scrabble como si se les fuera la vida en ello.

—Eso no es una palabra —dijo uno, golpeando el tablero con una ficha.

—Claro que sí —respondió otro—. La dijo mi abuelo. Eso la vuelve oficial.

—Tu abuelo no es la Real Academia.

—Pero sabe más que tú.

—Si no está en el diccionario, no cuenta.

—¿Y el diccionario dónde está?

Silencio.

—Exacto —concluyó, colocando la ficha con una sonrisa victoriosa—. Turno terminado.

Los miré un momento más. Nadie había ido a buscar un diccionario, nadie había ganado realmente y, aun así, parecían satisfechos.
Supuse que, después de todo, el miedo ya no era el problema.

Así que continué mi camino, hacia mi dormitorio, los hombres que encontraba en camino no eran muy diferentes a los que estaban en la sala principal; en un momento salió uno corriendo por todo los pasillos seguido de otro que tenía la cara azul y vestido como papá pitufo, más adelante se encontraban otros haciendo algún tipo de juego para demostrar quién era el más fuerte de todos. Aunque esta Academia tuviera muchas reglas, en los dormitorios los chicos solían hacer lo que ellos quisieran, era como la zona segura, el punto de reunión para todos y un lugar tan cómodo que la cordura dejaba de ser obligatoria y todos empezaban a comportarse como adolescentes sin supervisión… lo cual, en retrospectiva, explicaba muchas cosas.

Después de esquivar una pelota de fútbol americano y escuchar unas leves risas burlonas, logré llegar a mi dormitorio sin ningún rasguño. Abrí la puerta de la habitación sin mirar, como siempre.

Y entonces grité.

Un grito breve, agudo y completamente innecesario, que salió antes de que mi cerebro pudiera intervenir. Me giré de inmediato, dándole la espalda a la escena del crimen.

—¿¡Puedes avisar!? —solté.

Silencio.

—¿Avisar de qué? —preguntó él, tranquilo—. ¿De mi existencia?

—Estás sin camisa.

—Gracias por notarlo —respondió—. Me preocupaba volverme invisible.

Me quedé mirando la pared, rígida.

—No era algo que necesitara ver..

—Entiendo, haré una nota.

Su comentario era claramente sarcástico, él no solía hablar mucho pero las pocas veces que hablaba era para hacer alguna broma, lo cual me resultaba algo molesto.

Escuché el sonido de una camiseta siendo levantada.

—Listo —añadió—. Crisis resuelta.

Me miró, serio, como si estuviera considerando algo muy profundo.

—Eres raro.

Su comentario fue soltado tan a la ligera, que me dio la impresión de que no percibió mi molestia ante él y si lo noto, creo que no le tomó importancia.

—Yo no soy raro, tu eres el extraño aquí.

Nuevamente volvimos al silencio, sin ninguna respuesta; lo único que hacía era acomodarse su camisa. Esto comenzaba a frustrarse, más de lo que podía soportar.

—Ahora te quedas callado.

Nada.

—¿Te parece bien hacer esa clase de comentarios y después simplemente mudo?

En ese momento sentía que la habitación estaba decidiendo ignorarme en conjunto.

—PODRÍAS RESPONDER

Mi calma se había agotado, mi molestia era poca en un principio, pero en el momento en el que el silencio invadió la habitación sentía el calor subir por mi cuello, detestaba que me ignorará. Parecía un muñeco con pilas baratas, de esos que se apagaban antes de terminar la frase.

—No tienes que alterarte tanto.

—Y tú no tienes que ignorarme. —su mirada se dirigió directamente a mis ojos, nos quedamos unos segundos así, sus ojos verdes son de un tono más bien apagado que cambia con la luz, enmarcados por pestañas oscuras que hacen que la mirada parezca más intensa de lo que realmente es.



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En el texto hay: romance, drama, 90s

Editado: 31.01.2026

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