Armonía en Ti

Mejores amigos para siempre.

──── ♫ ────

By with a little help from my friends

Said I'm gonna make it with my friends, I will
──── ♫ ────

Febrero 11, 1992

Felix

El ruido estaba en todas partes. No era exactamente insoportable, pero sí lo suficiente como para acabar con mi paciencia. Sin embargo, había algo —o más bien alguien— que interrumpía mi tranquilidad con mucha más fuerza: Un Finn insistente.

—Vamos, Felix… el chico se ve agradable. No tienes por qué mentirme, sé que te agrada.

Llevaba días con la misma idea absurda de que nos volviéramos amigos de Justin. Desde que nos vio salir juntos de las duchas, su plan de mejores amigos por siempre no había hecho más que fortalecerse.

—Ya te dije que tú hagas lo que quieras —intenté sonar civilizado—. Solo no me incluyas en tus planes sociales.

—¿¡Por qué!? Yo sé que no te desagrada tanto como dices… Vamos, hasta duermen juntos…

No entendía por qué se aferraba tanto a que todos fuéramos amigos de ese estadounidense. Sí, lo había ayudado cuando estaba en peligro. Sí, técnicamente eso cuenta como “gesto noble”. Pero no es un contrato vitalicio de amistad.

—Mira… —me incorporé—. No tenemos mucho aquí y, en los pocos días que llevamos, me he dado cuenta de que ese chico tiene un cartel pegado en la frente que dice: “PROBLEMAS”. En mayúsculas. Y con luces.

—Sí, no lo quieres por lo de los pantalones —dijo Finn, cruzándose de brazos—. Él ya se ha disculpado. Además, dijo que también le gustaba Batman. Tienen algo en común.

Cerré los ojos un segundo. Respirar. Inhalar. Exhalar. No estrangular a Finn.

Lo miré.

Su tono, desde cualquier otra perspectiva, podría parecer burlón. Pero por quizá mala suerte, conocía perfectamente a Finn y sabía que hablaba con absoluta inocencia.

El recuerdo de los pantalones seguía siendo un tema sensible. Muy sensible.

—Ya te dije que ¡NO! Y no molestes.

—Eres un gruñón. Aguafiestas.

—Y tú eres un niño mimado.

—Británico creído.

—Ese insulto ni deberías usarlo, tú también eres británico.

—Detalles irrelevantes.

—¡YA PAREN! —la voz de Ben cortó la discusión.

Ben no hablaba mucho, pero cuando lo hacía, era por una de dos razones: tenía algo extremadamente importante que decir… o estaba a dos segundos de arrojarnos por la ventana.

Lo miramos al mismo tiempo.

—Si van a seguir discutiendo, háganlo más bajo —añadió con calma mortal—. O al menos discutan algo interesante.

Finn me miró.

Yo miré a Finn.

—Estoy seguro que Ben está de acuerdo conmigo —dijo Finn rodeando los hombros de Ben con su brazo izquierdo — ¿Verdad?
Ben nuevamente se mantenía callado y lo cual me hizo que mis dedos se tensaran alrededor del vaso que tenía en manos. Conocía ese silencio y sabía perfectamente lo que significaba.

—¿Te quedas callado? ¿En serio estás de acuerdo?

Ben me miró por unos segundos. No logró sostenerme la mirada; la desvió hacia cualquier punto menos hacia mí.

—Ben.... te estoy hablando....

Suspiró.

—No es que este totalmente de acuerdo con Finn, simplemente creo que sería buena idea que pudieramos hacer más amigos.

—Exacto— Finn intervino victorioso —Es bueno conocer gente nueva y hasta ahora el único estadounidense que se comportado amable con nosotros es él.

Dos contra 1.

Ni siquiera quería pelear y ya había perdido.

Tal vez el verdadero cartel de “PROBLEMAS” no lo llevaba Justin.

Tal vez lo tenía sentado justo frente a mí.

—Hagan lo que ustedes quieran—murmuré finalmente— solo no me incluyan en sus planes.

—Hola…

Y como si hablar de él hubiera sido algún tipo de invocación accidental, el pelirrubio apareció frente a nosotros con una sonrisa amplia.

Cachorro problemático.

—Justin, ¡qué coincidencia! —dijo Finn con un entusiasmo peligrosamente evidente.

—¿Coincidencia? ¿Por qué? —preguntó Justin, ladeando la cabeza.

Silencio.

Finn no es precisamente un prodigio del disimulo. Sus cejas prácticamente anunciaban: “Estábamos hablando de ti.” Y, por supuesto, me miró en busca de ayuda.

Lo observé durante un par de segundos.

No iba a rescatarlo.

Él había abierto la boca sin consultar a su cerebro. ¿Qué se suponía que era yo? ¿Un chaleco salvavidas humano? ¿La Cruz Roja británica?

Finn seguía mirándome, con esos ojos de “haz algo antes de que me hunda”. ¿Tan difícil era inventar una excusa? Bastaba con algo simple. El clima. La comida. El extraño concepto estadounidense de llamar “fútbol” a algo que claramente no se juega con el pie.

Suspiré.

—¿Se te ofrece algo?

—¿Disculpa? —su expresión reflejaba una inocencia desconcertante, parecida a la de Finn, pero más contenida. Sus rasgos eran más finos, casi delicados: mandíbula suave, pómulos marcados sin dureza y unos ojos claros que parecían demasiado expresivos para alguien que supuestamente era “duro”. Si no fuera porque llevaba esa gorra hacia atrás y una chaqueta demasiado grande, cualquiera diría que tenía cara de no haber peleado jamás en su vida.

—Tú te acercaste a nosotros… —añadí—. Supongo que necesitas algo.

Justin se quedó pensando unos segundos. Bajó la mirada hacia el batido que sostenía entre las manos, como si las respuestas pudieran flotar en la espuma. Movió apenas los labios, balbuceando algo ininteligible.

—Y bien… ¿qué pasa?

Sus ojos se dirigieron directamente a mí.

Por favor, que no sea otro desastre.

—Vine a agradecerte…

Eso no lo esperaba.

—¿Agradecerme?

—Sí —colocó el vaso frente a mí—. Quería darte las gracias por todas las veces que me has ayudado. Supongo que soy un poco problemático… pero aun así siempre me ayudas. De verdad… gracias.

Y entonces sonrió.



#6196 en Novela romántica
#690 en Joven Adulto

En el texto hay: romance, drama, 90s

Editado: 27.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.