Armonía en Ti

Melodías para el corazón

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'Cause I love your smile

(Hey) said I love your smile

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14 de febrero, 1992.

Sidney.

Los días continuaron cn normalidad después de aquel pequeño incidente. Intenté mantener cierta distancia de los demás chicos; no quería causar más problemas, especialmente a mi compañero de cuarto.

Hoy era el día de San Valentín , 14 de febrero. El día del amor y la amistad. Un día que se llenaba de corazones, flores y gestos románticos; un día en el que el amor parecía sentirse en el aire y donde todos buscaban la forma más creativa de expresarlo.

Al menos, eso era lo que yo creía.

Porque en ese momento, a mi alrededor, un grupo de chicos estaba jugando a demostrar quién era el más fuerte. El que perdiera recibiría su castigo: todos le darían golpes en la espalda.

¿Dolía? Sí.
¿Era divertido?

Para ellos, claramente lo era.

—¿Quieres jugar? —Nate me sacó de mis pensamientos, y mi atención regresó hacia él.

—No, la verdad es que no. Se ve… —miré cómo todos comenzaban a golpear al perdedor mientras él se quejaba entre risas y protestas— doloroso.

—Sí, pero es divertido.

Su comentario me sorprendió. Nunca imaginé que a Nate le gustaran ese tipo de juegos; siempre lo había visto como alguien más tranquilo.

—¿Lo has jugado antes?

—Un par de veces, pero nunca he perdido— en su tono se notaba un ligero orgullo.

—Sí, bueno… yo creo que perdería, así que prefiero mirar.

No quería ser golpeada por una docena de chicos que, aunque no fueran especialmente musculosos, parecían encontrar una fuerza inesperada cuando se trataba de golpear a sus amigos. Cuanta más confianza tenían con alguien, más fuerte le pegaban… supongo que así era como demostraban cariño.

—Supongo que no es el tipo de juego que te gusta —dijo Nate—, pero seguro podrás unirte a otros después. Aquí todos terminan siendo incluidos al menos una vez; la energía suele ser contagiosa.

Esperaba no dejarme contagiar. Los castigos siempre eran horribles y, en mi caso, podían ser incluso peligrosos… hasta el punto de quedar expuesta, algo que definitivamente no quería que ocurriera.

—¿Qué tipo de juegos te gusta hacer con tus amigos?

Me quedé pensando un momento.
Amistades… sí tenía. Me llevaba bien con las chicas de las clases de piano, aunque en realidad nunca fui muy cercana a ellas. Cada vez que me invitaban a salir tenía que rechazarlo; la mayoría de las veces mis padres lo consideraban “riesgoso” para mi salud.

Siempre tuve la ilusión de ir a sus pijamadas, ver películas juntas o incluso salir de compras. Cosas simples que cualquier chica podía hacer… pero que mis padres, con su constante sobreprotección, siempre me habían negado.

Tú no eres cualquier chica”, repetían una y otra vez.

Tal vez era cierto. No todas las chicas tenían la enfermedad que yo tenía, pero… eso no debería quitarme la libertad ni la diversión.

No sabía qué responderle a Nate.
Decir la verdad claramente no era una opción.

—Casi no jugamos —dije al final—. Nos gusta más hablar de música y escucharla. Somos algo aburridos… y raros.

—Suena divertido —respondió él—. Si ustedes lo disfrutan, entonces lo es. No todo se trata de golpes o juegos de fuerza; la diversión es diferente para cada persona.

Sus palabras fueron sorprendentemente amables. Cada cosa que decía sonaba tan madura y sincera. Todo se reflejaba en esos ojos tranquilos y en su sonrisa.

¿Podía ser más perfecto?

—Eso es cierto. Tienes toda la razón.

—No es que yo tenga la razón —corrigió con una pequeña sonrisa—. Es simplemente la verdad. Ahora que sé que eso te gusta, deberíamos escuchar música juntos.

Se inclinó un poco hacia mí y bajó la voz.

—Tengo algunos discos muy bien escondidos. Podemos escucharlos cuando quieras.

Sin darme cuenta, me acerqué un poco más.

—Me parece perfecto.

Ambos sonreímos. Nate se había vuelto alguien importante para mí desde el momento en que lo conocí, pero ahora… ahora era mi amigo. Y mientras más lo conocía, más parecía superar cualquier expectativa que hubiera tenido.

—¿Quieres ir ahora? —preguntó.

—Claro —respondí—. Vamos.

Fuimos a su habitación y saco una pequeña radio , mientras el saca sus discos yo prendí la radio buscando alguna canción que me gustara. En ese momento comenzó a sonar I Love Your Smile de Shanice.

—¿Qué tipo de juegos te gusta hacer con tus amigos?

Me quedé pensando un momento.
Amistades… sí tenía. Me llevaba bien con las chicas de las clases de piano, aunque en realidad nunca fui muy cercana a ellas. Cada vez que me invitaban a salir tenía que rechazarlo; la mayoría de las veces mis padres lo consideraban “riesgoso” para mi salud.

Siempre tuve la ilusión de ir a sus pijamadas, ver películas románticas juntas o incluso salir de compras. Cosas simples que cualquier chica podía hacer… pero que mis padres, con su constante sobreprotección, siempre me habían negado.

Tú no eres cualquier chica”, repetían una y otra vez.

Tal vez era cierto. No todas las chicas tenían la enfermedad que yo tenía, pero… eso no debería quitarme la libertad ni la diversión.

No sabía qué responderle a Nate.
Decir la verdad claramente no era una opción.

—Casi no jugamos —dije al final—. Nos gusta más hablar de música y escucharla. Somos algo aburridos… y raros.

—Suena divertido —respondió él—. Si ustedes lo disfrutan, entonces lo es. No todo se trata de golpes o juegos de fuerza; la diversión es diferente para cada persona.

Sus palabras fueron sorprendentemente amables. Cada cosa que decía sonaba tan madura y sincera. Todo se reflejaba en esos ojos tranquilos y en su sonrisa.

¿Podía ser más perfecto?



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En el texto hay: romance, drama, 90s

Editado: 15.03.2026

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