Armonía en Ti

Más que una nota correcta

Febrero 17, 1992.

Sidney.

Una nueva semana había comenzado. Levantarse temprano y prepararse para las clases nunca había sido algo que me gustara especialmente, pero era una obligación imposible de evitar.

El aire de la mañana era seco y frío, así que me puse un abrigo largo y me envolví una bufando alrededor del cuello antes de salir.

Los pasillo de la academia estaban más ruidosos de lo habitual. Estudiantes caminaban de un lado a otro con partituras en las manos, repasando notas en voz baja o tarareando fragmentos de sus piezas. Todos se preparaban para la clase de teoría musical.

Hoy no era un día cualquiera.

Cada uno debía interpretar una pieza frente a todo el salón, bajo la mirada del profesor Callahan Richard y de su invitado.

La pesadilla de media academia.

El profesor Harris Gregory.

El hombre más exigente y temido de este lugar. Nunca parecía estar satisfecho con nada ni con nadie.

Bueno... con nadie excepto con Nate.

Su alumno favorito.

Intentaba mantenerme tranquila. Los nervios podían convertirse fácilmente en mi peor enemigo si no lograba controlarlos.

A lo lejos, al final del pasillo, distinguí a Félix. Estaba recargado contra la pared, con los ojos cerrados, Finm hablaba sin parar, gesticulando mientras decía algo que parecía importante.

Felix parecía ignorarlo por completo... Aunque no estaba del todo segura de que realmente lo estuviera haciendo.

Desde algún punto del pasillo, la voz del profesor Harris emergió con firmeza.

—Muchachos, necesito ayuda con unas cajas. Tengo que subirlas al salón de teoría. ¿Quién podría ayudarme?

Durante un segundo nadie respondió. Algunos estudiantes desviaron la mirada, otros fingieron estar demasiado ocupados revisando partituras.

Entonces su mirada recorrió el pasillo... Hasta detenerse en alguien.

—Usted. Venga aquí.

Señalaba a Felix.

Felix no protestó. Simplemente se separó de la pared y caminó hacia el profesor con calma, mientras detrás de él sus amigos soltaron una risa burlona.

—Y usted —añadio el profesor de pronto.

Sentí su dedo apuntándome.

Por un momento deseé que estuviera señalando a alguien más, pero no era así.

—¿Cuál es su nombre?

—Justin— respondí.

—Bien, Justin —dijo con tono seco—. Usted y Felix me ayudarán a subir las cajas.

Las cajas estaban junto a la puerta del almacén. No parecían enormes, pero al tomar una me di cuenta de que pesaba mucho más de lo que esperaba.

—Cuidado con esas partituras —dijo el profesor con tono impaciente —No quiero que nada se dañe.

Asentí en silencio y acomodé la caja entre mis brazos.

El cartón presionaba mi pecho mientras comenzábamls a subir las escaleras. Félix iba delante de mi con su propia caja, subiendo los escalones son demasiado esfuerzo.

Intenté seguir su ritmo.

Primer escalón.

Segundo escalón.

El peso empezó a hacerse notar en mis brazos, pero lo ignoré. Solo eran unas escaleras.

Subí otro escalón.

El aire empezó a sentirse más frío en mis pulmones.

Respiré más profundo, tratando de mantener el paso.

Un escalón más.

Luego otro.

Mi corazón comenzó a latir con más fuerza de lo normal.

Intenté ajustar la caja contra mi pecho pero el cartón se hundía ligeramente bajo mis dedos.

Respira.

Todo está bien.

Aunque el aire no parecía llegar lo suficientemente rápido.

Para cuándo alcanzamos la mitad de las escaleras, mis brazos temblaban ligeramente. Intenté disimularlo, manteniendo la mirada fija en el siguiente escalón.

No podía detenerme ahora.

No frente al profesor.

No frente a Felix.

Subía otro escalón y por un segundo el mundo pareció inclinarse ligeramente.

Apoye el hombro contra la pared, intentando recuperar el aire sin llamar la atención.

Solo necesitaba un momento.

Solo uno.

Estaba intentando mantener la respiración estable.

Inhala.

Exhala.

Pero mi pecho seguía apretado y el aire parecía quedarse a medio camino. Mis dedos se pensaron alrededor del cartón mientras subía otro escalón, obligandome a continuar como si nada estuviera pasando.

No podía detenerme.

No ahora.

Entonces escuché pasos detenerse frente a mí.

Levanté la mirada.

Félix había dejado de subir.

Durante un segundo solo me observó. Sus ojos se movieron de mi rostro a la caja que sostenía, luego a mis manos.

No dijo nada.

Simplemente bajó un par de escalones.

Antes de que pudiera reaccionar, una de sus manos sujetó la caja. Con un movimiento firme la retiró de mis brazos, como si fuera lo más natural del mundo.

El peso desapareció de golpe.

—Sigue—dijo, si mirarme realmente.

Ya estaba acomodando ambas cajas contra su pecho.

Intenté protestar, pero las palabras no salieron.

Félix ya estaba subiendo de nuevo, como si nada hubiera ocurrido.

En pocos segundos desapareció.

Me quedé quieta en el mismo lugar.

Apoye una mano contra la barandilla fría mientras intentaba recuperar el control de mi respiración.

Mi corazón seguí golpeando con fuerza contra mis costillas, rápido, desordenado.

Cerré los ojos por un momento.

Solo necesitaba un minuto.

Solo uno...antes de que alguien más lo notará

La evaluación comenzó puntual.

Uno a uno, los estudiantes fueron pasando al frente para tocar. El profesor Callahan escuchaba con atención, inclinándose ligeramente hacia adela te mientras seguía cada interpretación con la partitura abierta frente a él.

Muchos estaban nerviosos. Algunos se adelantaban medio compás, otros confundían una nota o perdían momentáneamente el ritmo. Aún así, Callahan respondía con paciencia, señalando errores con suavidad y ofreciendo comentarios que parecían más una guía que una crítica.

A su lado, el profesor Harris era completamente distinto.



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En el texto hay: romance, drama, 90s

Editado: 15.03.2026

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