De tus labios salió el sonido más hermoso que alguna vez tuve la dicha de presenciar y escuchar.
Tu risa.
Aroa, estabas riendo después de seis meses en silencio.
Y lo hacías de un modo tan sublime, despreocupadamente, parecía que la tristeza del mundo se evaporar a por completo.
Era gratificante.
Magnífico.
Mi corazón se sintió cálido, como estar en casa.
Tus ojos se achicaron al crear dicha acción
Pequeños pliegues aparecieron en los laterales de tus ojos.
Esa fue la primera vez que escuché tu risa.
Me sentí bien, sabiendo quien causaba tu risa era yo.
Estabas aprendiendo a ser feliz.
A vivir.
A volar sola.
Pronto ya no me necesitarías.
Pero recuerda algo.
Eres la estrella más brillante y hermosa de mi cielo.
Anhelo poder llegar a tu algún día, aunque aquello me cueste años luz.