Descubrí muchas cosas en el castillo,pero no quién era el rey ni el dragón.Algo en mí sabe que quieren hacerme daño, pero aún no sé quién.Mientras tanto, me mantendré alerta para evitarlo.Pasó mucho tiempo sin saber nada del castillo.Me sentía confiada. Alejar a Lucas fue la decisión correcta.Ya sabía la verdad, pero no entendía lo que significaba lo que viví en el castillo.Mientras Lucas esté lejos, estoy segura de que nada sucederá.Llegó el momento de otra reunión familiar.Como en toda fiesta familiar, debía encargarme de servir.Empecé a repartir bebidas por toda la casa, aunque todos ya estaban demasiado ebrios.Creo que no hace falta decirlo, pero mi familia siempre ha sido una bola de alcohólicos.De todas las partes oscuras de mi familia, creo que es la que más detesto.Tengo un hermano menor; su nombre es Salem. No deseo que sea como mi padre o los demás miembros de la familia.Estaba demasiado enfermo para estar en la fiesta; estos días ha estado mal de salud.He sido su cuidadora mientras mi padre y sus hermanos beben sin parar.Terminé de repartir las copas,pero quedó una sobre mis manos y rebosaba mucho.Intenté guardarla en la cocina, pero estaba cerrada.Tuve que cargarla por toda la fiesta.Miraba la copa con desprecio; como dije, detesto ese tipo de vida.Pero en la copa resplandecía un extraño reflejo.Mis ojos se posaron en ella. A través de la copa, vi algo imposible: una doncella entrando al castillo.Y a su alrededor había dos mujeres; eran los dos ángeles.Era yo.Mientras observaba, mi padre me llamó; él estaba muerto en alcohol.Me pidió la copa que tenía en mis manos.Un escalofrío recorrió mi cuerpo.Me negué y me alejé rápidamente.Seguí viendo a través de la copa.La doncella ya había entrado al castillo.La esposa del tío Esteban me llamó.Me acerqué.Me dijo que le entregara esa copa rápidamente.Nuevamente me negué.Insistió, bastante molesta,pero me alejé; sabía que algo ocultaban.
Seguí observando a través de ella.Ahora la doncella caminaba por todo el castilloy estaba a punto de cruzar la puerta.Mi madre me llamó:—Vera, dame la copa —dijo de manera amenazante.Permanecí en silencio y las lágrimas comenzaron a brotar.Intentó quitármela a la fuerza.Corrí de ella y me escondí.Seguí observando la copa: la doncella había cruzado la puerta.Luego, el tío Esteban me pidió la copa muy amablemente.Al igual que mi padre, había bebido mucho.Pero yo no podía soltarla.Me sentía tan confundida e impotente.Sentía que, si entregaba la copa, nunca descubriría la verdad.—Está bien, quédatela, Vera —susurró—.—Tú la necesitas más que yo y siempre ha sido tuya.Volví a mirar a través de la copa.La doncella huía del dragón.Corría con mucho miedo y se escondía entre las columnas,de la misma manera que yo me escondía de mi familia.Y la copa volvió a la normalidad.